02/08/2026
¿ESTAMOS GESTIONANDO EMERGENCIAS O SOLO PREPARÁNDONOS PARA REACCIONAR?
El documental 1985. Héroes entre ruinas permite volver sobre una de las mayores catástrofes ocurridas en América Latina y, al mismo tiempo, reflexionar sobre una cuestión que conserva plena vigencia, la diferencia entre responder ante una emergencia y haber construido previamente la capacidad para gestionarla.
El terremoto que afectó México el 19 de septiembre de 1985 produjo una extraordinaria movilización social. Ciudadanos, instituciones y equipos de rescate actuaron frente a un escenario que superó las capacidades ordinarias disponibles, donde la solidaridad y el valor humano resultaron fundamentales, pero aquella experiencia también dejó expuestas las limitaciones que aparecen cuando la magnitud de un evento supera aquello para lo cual una sociedad se encontraba preparada.
En ese contexto surgieron los Topos. Su importancia histórica no reside únicamente en los rescates realizados entre los escombros, sino también en lo que ocurrió después, cuando una participación inicialmente espontánea comenzó a transformarse en organización, entrenamiento, experiencia y capacidades especializadas de búsqueda y rescate.
Aquella evolución permite establecer una diferencia fundamental, la voluntad de ayudar es indispensable, pero no equivale por sí misma a capacidad de respuesta, porque la capacidad se construye con preparación, organización, competencias, equipamiento y coordinación, dentro de una estructura que permita utilizar esos recursos de manera segura y efectiva.
EL VOLUNTARIADO NO ES EL PROBLEMA
El carácter voluntario de una persona no determina su competencia, como tampoco la pertenencia a una organización garantiza por sí sola una capacidad operacional.
Por eso, el debate no debería reducirse a voluntarios frente a profesionales, comunidad frente a especialistas o instituciones frente a ciudadanos. La cuestión relevante consiste en determinar qué capacidad se necesita, quién la posee realmente, cuáles son sus límites y cómo se integra dentro del sistema de respuesta.
El voluntariado no es la debilidad de un sistema, la debilidad aparece cuando sustituye al sistema en lugar de formar parte de él; pero existe también el riesgo contrario, subestimar a la comunidad por no constituir una respuesta especializada.
Cuando ocurre una gran emergencia, especialmente donde existen distancias importantes o tiempos prolongados de movilización, quienes estarán presentes durante los primeros momentos probablemente no serán los equipos especializados. Serán ciudadanos, trabajadores, autoridades locales, organizaciones comunitarias y voluntarios.
No tener capacidad especializada no significa no tener ninguna capacidad.
Una comunidad preparada puede reconocer peligros, alertar, evacuar, proporcionar información, ejecutar acciones iniciales dentro de límites previamente establecidos y facilitar la llegada de los respondedores. Incluso puede desarrollar capacidades progresivamente mayores cuando existen formación, evaluación, equipamiento y organización adecuados.
El error consiste en trasladarle responsabilidades para las cuales no está preparada, pero también en construir un sistema suponiendo que nada debe ocurrir hasta que llegue la respuesta especializada.
¿DÓNDE ESTÁ ENTONCES EL LÍMITE?
El límite no debería establecerse simplemente entre comunidad y especialistas, sino entre aquello que una persona u organización está preparada y autorizada para hacer y lo que excede su capacidad demostrada.
Una equivalencia administrativa, una constancia, una capacitación breve o la sola experiencia declarada no deberían convertir artificialmente una capacidad básica en una capacidad especializada; cuando aumenta el riesgo, también deben aumentar las exigencias de competencia, entrenamiento, equipamiento, mando y responsabilidad, sin que ello signifique excluir a quienes poseen capacidades menores, sino integrarlos correctamente dentro del sistema.
Una respuesta puede comenzar con capacidades comunitarias, escalar hacia recursos locales y posteriormente requerir equipos especializados, apoyo regional, nacional o incluso internacional; cada nivel debe conocer sus funciones, sus límites y la forma en que se integra con el siguiente, porque es precisamente esa articulación la que convierte recursos dispersos en un sistema.
MÉXICO TAMBIÉN DEJÓ UNA LECCIÓN AL MUNDO
Lo ocurrido en 1985 trascendió las fronteras mexicanas. La experiencia de los equipos internacionales de búsqueda y rescate movilizados después del terremoto, sumada posteriormente a lo ocurrido en Armenia en 1988, evidenció otra realidad, disponer de buenos equipos tampoco garantizaba una buena respuesta si esas capacidades no podían organizarse y coordinarse entre sí.
Las experiencias acumuladas en ambos terremotos fueron antecedentes fundamentales para el establecimiento de INSARAG en 1991, dentro del marco de las Naciones Unidas; México y Armenia evidenciaron la necesidad de mejorar la coordinación de los equipos internacionales de búsqueda y rescate, mientras que INSARAG representó la evolución hacia metodologías y mecanismos comunes de coordinación.
Primero comprendimos que necesitábamos capacidades; después comprendimos que las capacidades aisladas tampoco construyen un sistema.
TENER RECURSOS NO SIGNIFICA TENER CAPACIDAD
Esta distinción continúa siendo relevante al evaluar cualquier sistema de emergencias, porque contabilizar organizaciones, compañías, voluntarios, profesionales, vehículos, equipos o estaciones permite conocer los recursos existentes, pero no demuestra por sí mismo la capacidad operacional real del sistema.
Para hablar realmente de capacidad necesitamos conocer los riesgos y la demanda que enfrentamos, determinar quién está efectivamente disponible, qué competencias posee, dónde se encuentran los recursos, cuánto demoran en movilizarse y cómo serán coordinados cuando una emergencia supere la capacidad ordinaria; por ello, gestionar emergencias no comienza cuando suena una alarma ni cuando salen los vehículos, sino mucho antes.
Comienza con el conocimiento del riesgo, la anticipación de escenarios, la reducción de vulnerabilidades, el planeamiento, la preparación y la construcción de capacidades, integrando instituciones, respondedores y comunidad dentro de una organización que pueda escalar cuando la situación lo requiera.
La respuesta constituye solamente la manifestación visible de todo ese proceso; el heroísmo salva vidas, pero la gestión evita que dependamos del heroísmo, y México 1985 dejó una extraordinaria historia de solidaridad y valor humano cuya enseñanza no debería reducirse únicamente a la reacción frente a la tragedia, porque una parte esencial de su legado está precisamente en todo lo que obligó a aprender, organizar y construir después.
Las tragedias pueden producir héroes, pero las sociedades que aprenden de ellas construyen sistemas; por eso, la pregunta no debería limitarse a saber si estamos preparados para reaccionar cuando ocurra la próxima gran emergencia.
¿ESTAMOS REALMENTE GESTIONANDO NUESTRAS EMERGENCIAS?
Porque, finalmente, una emergencia revela la capacidad que una sociedad construyó antes de necesitarla.
Documental recomendado 1985 Héroes entre ruinas. (SMT)
"1985: Héroes entre ruinas" es una reflexión sobre el desastre. Es ...