22/02/2026
La ley no es un mero límite al ejercicio del poder, sino el espacio donde la libertad se hace posible. La Constitución representa tanto el diseño institucional de nuestra convivencia como los valores sustantivos que custodian la dignidad de la persona humana.
Al rechazar cualquier forma de caudillismo, Grau nos recuerda que la democracia es, ante todo, el imperio de la ley frente a la arbitrariedad de los hombres, sus intereses y sus pasiones. Su escaño en el hemiciclo del Congreso no es una reliquia histórica, es un juicio permanente a la calidad de nuestra representación política.
Mientras la actual dirigencia negocia intereses ajenos al bien común, esa curul vacía reclama el retorno al sentido del deber y a la integridad cívica. La institucionalidad exige líderes con visión de Estado y con ese heroísmo moral que demanda, en esencia, el servicio parlamentario.
El país necesita recuperar su norte y su ancla. No habrá estabilidad ni previsibilidad sin un ejercicio real de virtud por parte de quienes ocupan el poder. Hoy, ante la incertidumbre y la vorágine del caos, honramos a Miguel Grau: héroe naval, pero sobre todo, político ejemplar.
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