25/05/2025
El futbol es un deporte que requiere de mucha concentración. Errores de concentración o cálculo pueden costar un gol, un partido e incluso una final de Champions League. Era la final de la Champions del año 2018 y el Liverpool iba ganando 1-0 al Real Madrid. El partido iba favorable para el Liverpool con bastante tranquilidad y control sobre el manejo de las acciones.
Sin embargo, hubo una jugada que cambió el destino de ese partido. Un error del arquero del Liverpool, Loris Karius, generó un gol del Real Madrid que cambió la historia del partido y le dio al Real Madrid la posibilidad de empatar y luego remontar el marcador, para finalmente ganar la Champions League.
Karius, en un momento, perdió su concentración, no fijo su mirada donde debía y pagó caro.
Hagamos un paralelo con Mateo 14:22-33, donde en medio de una tormenta los discípulos temían por sus vidas en el medio del mar de Galilea. Es allí donde aparece Jesús caminando sobre el agua. Los discípulos temerosos no podían creerlo y es ese el momento donde Pedro, en un acto de fe, y ante un Jesús que le pide que vaya donde Él, empieza a caminar sobre el agua.
Mientras Pedro tenía su mirada en el Señor, estaba caminando en fe sobre el agua. Sin embargo, Pedro, ante el asedio de la tormenta, quitó su mirada de Jesús y se empezó a hundir en el agua. Jesús lo salva y le dice: “¡que poca Fe tienes! ¿Por qué dudaste?”.
En el instante en que Pedro quito su mirada de Jesús, por fijarse en la tormenta, es que empieza a hundirse. La tormenta puede ocurrir en cualquier momento de nuestras vidas en un mundo que está lleno de situaciones que nos intentarán desviar nuestra atención de lo más importante, que nos querrán hacer dudar de nuestro propósito y querer alejarnos de nuestro Señor y Salvador.
El momento en que empiezas a quitar tu enfoque, tu norte, es el momento en que empiezas a hundirte y alejarte de Jesús. Eso puede costarte mucho, y por ello, debemos ser intencionales en lo que queremos y hacia donde miramos, para no perdernos.
Por ello recuerda siempre, fija tu mirada en Jesús, y nunca te hundirás.
R.G.