04/10/2026
Domingo 4 de octubre.
Domingo 27º ordinario
Is 5,1-7 La viña del Señor es la casa de Israel
Salmo 79: La viña del Señor es la casa de Israel
Flp 4,6-9: El Dios de la paz estará con ustedes
Mt 21,33-43: Arrendará la viña a otros
La parábola de los “viñadores homicidas” es un relato en el que Jesús va descubriendo de manera simbólica la historia de Dios con su pueblo elegido. Es una historia triste. Dios lo había cuidado desde el comienzo con todo cariño. Era su “viña preferida”. Esperaba hacer de ellos un pueblo ejemplar por su justicia y su fidelidad. Serían una “gran luz” para todos los pueblos.
Sin embargo, aquel pueblo fue rechazando y matando uno tras otro a los profetas que Dios les iba enviando para recoger los frutos de una vida más justa. Por último, en un gesto increíble de amor, les envío a su propio Hijo. Pero los dirigentes de aquel pueblo terminaron con él. ¿Qué puede hacer Dios con un pueblo que defrauda de manera tan ciega y obstinada sus expectativas?
Para el hoy de nuestra historia, podemos decir que sigue aferrado a unas celebraciones más aptas para las generaciones pasadas que para la sociedad actual……..Nos preguntamos cómo lograr que nuestro «servicio de la palabra» se inspire y se haga carne en compromisos concretos por la Vida, la Justicia y la Solidaridad concretas, tal como se viven en el día a día......Para Jesús, el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos «de buena voluntad», o sea, todas las personas que tengan como valor primero de su vida el Amor y la Justicia. Por eso es por lo que no eran importantes para Jesús las diferencias raciales, de género, o de cualquier otro tipo accidental: todas las personas «de buena voluntad», todas las que estén dispuestas a vivir la solidaridad fraterna, están invitadas. Y Jesús no sólo propuso esto, sino que lo realizó con su práctica…… El Reino no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo en particular. Nadie lo tiene asegurado a título de una raza o religión concreta……..Toda la vida y ministerio de Jesús es compromiso con la vida. Sus acciones y palabras convocan a todos a compartir su vida en la nueva realidad humana y mundana que la construcción del Reino va provocando: sus obras poderosas, su acogida hacia los excluidos, el anuncio de la utopía de Dios que abre nuevos horizontes de esperanza en el corazón de los pobres.
Hoy se habla de “crisis religiosa”, “descristianización”, “abandono de la práctica religiosa”... ¿No estará Dios preparando el camino que haga posible el nacimiento de una Iglesia más fiel al proyecto del reino de Dios? ¿No es necesaria esta crisis para que nazca una Iglesia menos poderosa pero más evangélica, menos numerosa pero más entregada a hacer un mundo más humano? ¿No vendrán nuevas generaciones más fieles a Dios?
Oración comunitaria.
Dios, Padre nuestro, que desde el comienzo de los tiempos nos has manifestado tu amor y que día a día cuidas de todos y cada uno de nosotros como un viñador amoroso; guía nuestros pasos para que sepamos serte agradecidos, y haz que nuestra gratitud no sea sólo de palabra, sino con obras de «derecho y justicia», en favor de todos, y especialmente de los privados de sus derechos. Por Jesucristo.