03/11/2025
Estudiar, trabajar, servir a Dios y tener novia no era fácil. El desgaste me pasó factura.
Durante esos 5 años en la universidad hubo un momento en que no pude más!
Conté con lágrimas al sacerdote que ya no podía más! Que tenía que dejar algo del servicio a Dios. Era servidor en mi grupo de oración, miembro del Ministerio de Música de la RCC de la Arquidiócesis de Lima y dirigía junto a dos hermanos más un grupo de adolescentes de mi parroquia.
Mi desgaste era físico y mental. Debía pagarme la universidad privada donde estudiaba ingeniería civil, comprar mis libros, cuadernos, ropa, movilidad, etc, fue muy duro. Como consecuencia de esto enfermé y bajé mucho de peso.
El padre luego de escucharme me miró seriamente, parecía enojado! Y con voz firme me dijo: “Ándate de aquí! No dejes nada! Organízate y hazlo todo bien!”
Pensé que se iba a compadecer de mi, pensé que me diría lo que muchos me decían a los 21 años que tenía en ese entonces: “Dios es un Dios de orden, tienes que dejar algo”.
Pero no, me dijo “órganízate!”. Yo ya era organizado, muy organizado, y pensé que había llegado a mi límite.
Pero esas palabras desafiantes me hicieron creer que aún podía más. Eso hice. Me sequé las lágrimas; empecé a creer que yo no era víctima de nada, que no era ningún pobrecito, y que podía no solo optimizar mi tiempo más aún, sino también mejorar mi estrategia.
Fue muy sacrificado pero logré con la ayuda de Dios ser un buen estudiante, pagar la universidad, tener tiempo para mi novia, trabajar, continuar con todo el servicio que tenía, tener momentos para descansar, entrenarme en la música y predicar los fines de semana. Mi cuerpo se sanó, vivía con gozo, en paz!
Por qué hice todo eso? Porque quería responder con un poquito al inmenso amor de Dios. Sabía que el sufría por las personas que no lo conocían y yo quería ayudarlo en algo, sabía que le alegraría llevarle almas, que las personas se convirtieran y lo siguieran, quería retribuir con un poquito de amor, el tanto amor que recibo de él.
El sacrificio valió la pena. Cuando me frustraba porque no eran muchos los que se convertían me consolaba pensando: “debe haber fiesta en el cielo por uno solo de estos que se deciden a seguir a Jesús”.
Es mi labor como siervo inútil.
Fue el Espíritu Santo!!!
El ejemplo de lucha de mis padres fue una inspiración para mi.
A Diós la Gloria!
Y te ibas a rendir? No lo hagas! El Señor cree en ti, cree que puedes dar aún más! Que eres mejor de lo que piensas.
Un fuerte abrazo
Pepe Enciso