09/08/2025
No olvidar en este Día de los Pueblos Indígenas
Por: Jorge Tacuri Aragón
La noche del 8 de agosto de 2020, Bretaña no durmió. En la penumbra de la ribera, decenas de indígenas kukamas se acercaban a las instalaciones de la empresa petrolera PetroTal, en el corazón del Lote 95, para exigir lo que el Estado les había negado durante décadas: salud, medicinas contra la pandemia, agua limpia y compensaciones por vivir sobre tierras que producen millones en petróleo y miseria en sus comunidades.
No llevaban fusiles ni pistolas. Portaban lanzas, arcos y la rabia de ver morir a sus ancianos y niños por enfermedades curables. Querían diálogo. Encontraron balas.
Minutos después de iniciada la protesta, la Policía Nacional respondió con disparos que atravesaron la noche y los cuerpos. William López, Chemilton Flores y Elix Ruiz cayeron sobre la tierra que defendían. Una decena más quedó herida, así como varios policías. La versión oficial habló de “enfrentamiento”, de “ataque armado indígena”. Sin embargo, ocho meses después, las cámaras de seguridad de la propia PetroTal mostrarían la verdad: los kukamas murieron por impactos de bala, sin que se vea en las imágenes a los manifestantes portando armas de fuego.
PetroTal, la operadora que extrae petróleo en la zona, se limitó a lamentar los hechos y deslindar responsabilidades, como si las muertes hubieran ocurrido en otro territorio y no en el que enriquece sus balances financieros. Ni una gota de petróleo dejó de fluir. La vida indígena, en cambio, se detuvo para siempre en tres hogares.
Organizaciones como la ORPIO denunciaron penalmente al Estado y a quienes resulten responsables por homicidio calificado, lesiones graves, abuso de autoridad y encubrimiento. También recordaron que, en 2019, el gobierno prometió un fondo social con parte del canon petrolero para las comunidades. Hasta hoy, esa promesa sigue en el limbo burocrático, como si la deuda histórica con los pueblos amazónicos pudiera archivarse.
Cinco años después, el silencio de las autoridades y de PetroTal pesa tanto como las balas que mataron a William, Chemilton y Elix. En Bretaña, el petróleo sigue corriendo, pero la herida kukama no cierra. Porque allí donde el Estado y las empresas ven “lotes”, los pueblos ven territorio, vida y dignidad. Y eso, para ellos, no se negocia.