09/08/2023
¿Cuál es la idea central de tu misión cristiana en la universidad?
¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!
Romanos 10:15.
En una ocasión tuve el agrado de platicar con un estudiante al finalizar un tiempo de evangelismo en la universidad, en donde expreso sentirse conmovido por nuestra labor cristiana; ya que recordó con mucha nostalgia los primeros años en la que vivió feliz en su primer amor [tiempo en el que conoció a Jesús como su salvador]. Aquella nostalgia que empapaba su rostro era desalentadora. Quería hablar [predicar] sobre Jesús a todas las personas con las que me cruzaba en el camino en aquellos años, y lo hice, pero cuando empecé la vida universitaria mi deseo por hablar a otros sobre Jesús se apagó, ahora que me encuentro por culminar la carrera observo que para mis compañeros solo soy un estudiante más [responsable, dedicado y distante socialmente], y que hasta la fecha aquel deseo o valor de hablar de Jesús a las personas, y en especial a mis compañeros se encuentra sin retorno, pues no quisiera terminar la universidad sin antes hablar sobre el amor de Cristo. Manifestó aquel estudiante. De forma inmediata recordé lo leído en un libro sobre la vida cristiana, lo cual en el preciso momento se lo compartí [parafraseando – con esfuerzo] para animarlo, en donde aprendemos lo siguiente:
«El punto de partida de la vida cristiana ocurre en el momento de la conversión [fe y arrepentimiento] es precisamente donde nos damos cuenta de la distancia que existe entre la santidad de Dios y el de nuestra naturaleza pecaminosa. Cuando nos convertimos, nosotros confiamos y esperamos en Jesús, quien ha hecho lo que nosotros jamás podríamos hacer: ser el puente entre nuestra naturaleza caída y la santidad de Dios. Sin embargo, en el momento de nuestra conversión tenemos una perspectiva limitada de la santidad de Dios y el de nuestro pecado. Cuanto más crezcamos en la vida cristiana, más creceremos en nuestra conciencia de la santidad de Dios y el de nuestra carne [pecado]. Conforme leamos [estudiar y meditar] la Biblia y experimentemos la convicción del Espíritu Santo, y mientras vivamos en comunidad [universidad, trabajo, etc.] con otros creyentes, el alcance de la grandeza de Dios y el alcance de nuestro pecado llegaran a ser mucho más claros y vivos. No es que Dios sea cada vez más santo o que yo sea más pecador, sino que mi conciencia sobre los dos puntos va creciendo. Yo estoy creciendo en mi visión sobre Dios y lo veo como realmente es [Isaías 55:8-9] y me veo como realmente soy [Jeremías 17:9-10]. Y conforme crezcamos en estos dos puntos, algo más también va en aumento: nuestra apreciación y amor por Jesús. Pero, desafortunadamente, la santificación [el crecimiento en santidad] no surte efecto tan ordenadamente como nosotros quisiéramos. Debido al pecado que vive en nosotros, contamos con una tendencia continua de minimizar el Evangelio o de reducir la Cruz. Esto sucede cuando minimizamos la perfecta santidad de Dios pensando en Él como algo menos de lo que la Biblia declara que es, o cuando enaltecemos nuestra propia justicia pensando de uno mismo como alguien mejor de lo que en realidad somos. Por lo tanto, la Cruz va reduciéndose y la importancia de Cristo en la vida de los creyentes disminuye su centralidad».
Mientras alentaba el desconsolado corazón de aquel estudiante como si fuese el canto de un gallo anunciando el alba en el corral, la intención y el anhelo de mis entrañas fue despertarlo de aquel mal estado en la que se encontraba. Un estado espiritualmente parapléjico [en donde el pecado endurece y nos quitado la sensibilidad de nuestro amor por Cristo]. Pero al mismo tiempo fue un golpe directo a mi conciencia al igual que el mensaje escrito [golpe - mensaje directo] al ángel de la iglesia en Éfeso en el libro de Apocalipsis 2: 2-5. Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; … y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado… Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor… Recuerda, por tanto, de donde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; … Después de un corto tiempo; desde aquella platica. Me pregunte, ¿Recuerdas de donde has caído? ¿Crees que tu amor por Cristo puede ser restaurado? ¿Piensas que Dios te ha perdido de vista? ¿Anhelas realizas las primeras obras? ¿El arduo trabajo por Jesús son los latidos de tu corazón? ¿Puede el hombre escapar de la justicia de Dios? Creo que el estado espiritual de aquel estudiante con el que platique en cierta oportunidad no sea el único caso dentro del campus universitario, recuerdo escribir en otro artículo, titulado: Una teología viva como ancla de nuestra misión cristiana en la universidad. Logre asomarme en cierta medida al factor común de este problema, describiendo lo siguiente:
«Es inevitable no ser parte de una cultura [universidad, trabajo, escuela, iglesia, etc.]. Fuimos creados como seres sociables. Debemos cuidarnos de un cristianismo solitario, este cristianismo carece de una robusta eclesiología y doxología, y, por ende, corre el riesgo de caminar bajo un entendimiento errado de lo que es servir a Dios dentro de la iglesia local y a su vez fuera de las cuatro paredes de la congregación por medio de los ministerios estudiantiles. El individualismo o proselitismo denominacional de este cristianismo solitario [un cristianismo que no es bíblico] son errores extremos que hunden al cristiano en la depresión espiritual. Ya que desconoce que el servir a Dios dentro de la iglesia local y como fuera de ella, es privilegiado en poder vivir Coram Deo en la vida diaria: en la presencia de Dios».
Por lo tanto, estimado estudiante cristiano ¿Cuál es la idea central de tu misión cristiana en la universidad?, espero lograr mi hazaña en este recordatorio - artículo [moverte al arrepentimiento, al amor, a la transformación y al servicio a Dios], recuerda esta frase del libro titulado: La Vida Centrada en el Evangelio, en donde se cita lo siguiente:«Cuando la gracia de Dios está obrando sobre nosotros y en nosotros, también obrará a través de nosotros. La renovación de nuestras mentes y corazones crea una propulsión externa que nos impulsa hacia afuera en amor y servicio hacia los demás». Y a su vez preguntarte ¿Quién hablara sobre Jesús a tus compañeros y docentes durante el corto tiempo en la universidad? ¿Cómo, pues, invocaran a aquel en el cual no han creído? ¿Y como creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? Romanos 10:14-15.
Por: S. A. Sánchez/Presidente del Mec.
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