29/08/2026
La enfermedad mental necesita tratamiento; la muerte de tres niños reclama justicia
El caso de Lindsay Clancy exige hablar con cuidado, con compasión y sin simplificaciones. La psicosis posparto existe. Es una enfermedad grave que puede alterar profundamente la percepción, el pensamiento y la conducta de una persona. Por eso necesita ser reconocida a tiempo, tratada por profesionales y acompañada de cerca por la familia y la comunidad. Tomarse en serio la salud mental no significa ser ingenuos frente al delito; significa evitar juicios basados en el desconocimiento o el estigma.
Pero también es importante decir algo con claridad: tener una enfermedad mental no significa automáticamente perder toda responsabilidad por lo que uno hace. La pregunta central no es únicamente si Lindsay estaba enferma, sino si entendía sus actos, si sabía que estaban mal y si podía controlar su conducta. Esa es, precisamente, la base de la postura de la fiscalía. Según los hechos presentados, habría habido preparación, elección del momento, uso de un método concreto y aprovechamiento de la ausencia del padre. No se estaría hablando simplemente de una reacción repentina e incontrolable, sino de una conducta que, de acuerdo con la acusación, mostró planificación y deliberación. (apnews.com reuters.com reuters.com)
Desde la fe cristiana, toda persona conserva una dignidad que no desaparece por estar enferma. Cada ser humano fue creado a imagen de Dios (Génesis 1:27; Santiago 3:9). Eso incluye a quien sufre una enfermedad psiquiátrica, pero también incluye, y de manera especialmente urgente, a las víctimas. Cora, Dawson y Callan no pueden quedar relegados a un segundo plano mientras toda la atención se concentra en el dolor de su madre. Ellos también llevaban la imagen de Dios. Eran niños indefensos, confiados al cuidado de un adulto, y sus vidas fueron arrebatadas.
La teología bíblica reconoce que vivimos en un mundo marcado por la fragilidad y el pecado. La caída afecta nuestra mente, nuestros deseos y nuestra voluntad. Sin embargo, eso no significa que toda persona quede completamente incapacitada para distinguir entre el bien y el mal o para responder por sus decisiones. La doctrina de la depravación total no enseña que el ser humano sea incapaz de pensar o elegir, sino que ninguna parte de su vida permanece al margen de los efectos del pecado. Comprender las circunstancias que rodean una acción puede ayudarnos a juzgarla con mayor justicia, pero comprender no es lo mismo que justificar.
La Biblia también distingue entre un daño accidental y un acto cometido de manera deliberada. En Éxodo 21:12-14 y Deuteronomio 19:4-13, la intención y las circunstancias tienen un peso importante al determinar la responsabilidad. Del mismo modo, Romanos 13:1-4 recuerda que las autoridades tienen la responsabilidad de proteger a los inocentes, frenar el mal y administrar justicia. La gracia cristiana no elimina esa responsabilidad ni nos obliga a declarar inocente a alguien que, después de un proceso justo, sea considerado culpable.
También debemos evitar dos errores muy comunes. El primero es mirar con sospecha a todas las madres que atraviesan depresión, ansiedad o psicosis posparto, como si fueran una amenaza. La gran mayoría necesita apoyo, atención médica y comprensión, no miedo ni condena. El segundo error es convertir la enfermedad mental en una explicación que lo abarque todo, hasta el punto de borrar la responsabilidad personal, ignorar la evidencia y olvidar por completo a las víctimas.
Es posible sentir compasión por el sufrimiento psiquiátrico de Lindsay y, al mismo tiempo, sostener que debe responder por sus actos si conservaba la capacidad de comprender lo que estaba haciendo y de actuar de acuerdo con esa comprensión. La compasión debe influir en la manera en que tratamos a una acusada, pero no puede impedirnos reconocer la gravedad de lo ocurrido ni pedir justicia por tres niños inocentes.
El evangelio anuncia que el perdón de Cristo está abierto para quien se arrepiente y cree. Pero ese perdón no significa que desaparezcan automáticamente todas las consecuencias terrenales ni que deje de existir la responsabilidad ante la justicia. David fue perdonado por Dios, pero aun así tuvo que enfrentar consecuencias dolorosas por sus decisiones. En la cruz vemos las dos cosas al mismo tiempo: el amor de Dios por el pecador y la seriedad con la que Dios toma el pecado.
Defender la postura de la fiscalía no significa negar la realidad de la enfermedad mental. Significa pedir que sea evaluada con rigor y honestidad, sin convertirla automáticamente en una excusa o una exoneración. Una sociedad compasiva debe cuidar a quienes sufren. Una sociedad justa también debe escuchar el dolor de quienes ya no pueden hablar.
Misericordia para quien sufre. Tratamiento para quien está enfermo. Justicia para Cora, Dawson y Callan.