Unos amigos nos vinieron a visitar pidiéndonos apoyo para trabajar en una zona marginal del Callao, el puerto de Lima, donde ellos hacían labor social desde hacía años, en la cual el nivel de delincuencia, el consumo y venta de co***na es alto. Al acompañarlas lo que más nos impresionó fue el estado de abandono, de postración social y sicológica de las personas, trayendo como consecuencia la viole
ncia familiar, golpeando a los más débiles: los niños y niñas, sea en su integridad sexual, sicológica, física, moral o espiritual. Con esa impotencia, seguimos trabajando intentando atenuar las consecuencias de la violencia sin mayores logros por la excesiva desconfianza que hay entre los vecinos, su escasa organizacion y a la vez, la falta de recursos para la generación de empleos en pequeños proyectos autosostenidos. Con esta inquietud, en 1997 constituimos la Asociación Civil sin fines de lucro “Hermana Tierra”, con el fin de buscar y canalizar recursos, con personería jurídica propia, para el bien de los más débiles, los que poco o nada pueden hacer para defenderse por sí mismos. Inspirándonos en el hermano universal San Francisco de Asis, nos propusimos ir a los necesitados con nuevas fuerzas. Con el transcurrir de los meses se nos unieron más personas con las cuales definimos un objetivo concreto y urgente: Tener un hogar de acogida para niños víctimas de la violencia familiar. Fue una decisión basada en una convicción llena de ilusiones, sin ningún asidero material pues carecíamos del dinero y del inmueble requerido y nos urgían los casos de maltrato. Muchas horas nos dedicamos a buscar casas en alquiler pero resultaban muy pequeñas o caras, e inclusive recurrimos a la Beneficencia Pública del Callao, exponiéndoles nuestro Proyecto y solicitándoles nos cedieran en uso un inmueble, trámite de varios meses que terminó sin ningún resultado favorable pues todas las propiedades desocupadas estaban ruinosas. Paralelamente a estas gestiones, organizamos el desayuno escolar para cien niños con el apoyo de los PP Maristas en la zona sur del Callao (Barracones) y se trabajó tanto en talleres para la capacitación de promotoras sociales del lugar, como en visitas domiciliarias previniendo la violencia familiar. Posteriormente acudimos a la Municipalidad Provincial del Callao para solicitarle por medio del regidor Renato Pastor, algún terreno o inmueble pero no se llegó a concretar a pesar del interés puesto en ello, debido a la inexistencia de ambos recursos. Es bueno mencionar que los trámites seguidos en la Beneficencia Pública del Callao fueron lentos porque en ese lapso la Directiva fue cambiada hasta en tres oportunidades quedando lo avanzado en fojas cero dado que los funcionarios al ser removidos desconocían lo logrado con la anterior gestión. A fines del año 2001, después de la mucha espera e insistencia por el cambio de gobierno en nuestro país, logramos el reconocimiento del Ministerio de la Mujer y Desarrollo Humano por nuestra labor y aceptación oficial de nuestro Proyecto Casa de Acogida para niños maltratados “Posada de Belén”. Así mismo, la inscripción ante la Secretaría de Cooperación Técnica Internacional del Consejo de Ministros. El dos de Agosto de ese mismo año, un familiar de la propietaria, nos ofreció un inmueble para el fin que tanto perseguíamos, nos invitó a visitarlo y al hacerlo notamos el abandono de varios años que la había convertido en un palomar y fumadero de gente de mal vivir, los mismos que habían arrancado el sistema de cableado eléctrico externo, habían depredado todas las puertas, ventanas, sanitarios, etc. El sistema de agua y desague estaba colapsado, tanto así que en uno de los salones el piso de locetas estaba hundido por filtraciones del alcantarillado. Nos enteramos que la casa la habían ofrecido a la Policía Nacional para convertirlo en Albergue de menores pero después de varios meses no habían logrado iniciar ninguna reparación. Conversando luego con la propietaria convenimos que nos la daba en préstamo, evidentemente no nos conocía y su prudencia era natural. La verdad es que la casa no necesitaba refacción sino una eficaz reconstrucción pero nos encontrábamos con la dificultad que donde tocábamos puertas nadie se atrevía a invertir en el inmueble por cuanto no era nuestro sino que lo teníamos en calidad de cesión en uso. Si el Altísimo nos había ofrecido esta casa sin tocar la puerta de la oferente debíamos poner toda nuestra esperanza y constancia para que el Hogar fuera una realidad. Empezamos a recaudar pequeños fondos con actividades económicas como festivales deportivos, parrilladas, etc. Con la ayuda de un Ingeniero Civil logramos confeccionar un expediente técnico para presentarlo al Programa de generación de empleo “A Trabajar Urbano” del Gobierno Central, con el cual ganamos el concurso al ser seleccionados entre varios proyectos y paralelamente, a fin de ese año, logramos el generoso apoyo de la Municipalidad Provincial del Callao, por intermedio de la decidida acción de FINVER, en pintura, metal mecánica, etc. Un aporte significativo llegó en Enero del 2002 de la Fundación ALCOA al ser elegido como beneficiarios, nos destinaron $26,000 dólares americanos lo cual nos permitió avanzar grandemente las obras de reconstrucción. En plenas obras iniciales, la propietaria del inmueble decidió de acuerdo con sus hijos, convencidos de la seriedad del Proyecto, donar el inmueble por medio de Escritura Pública inscrita en Registros Públicos a favor de la Asociación con el fin específico que se convierta en Hogar para niños. La obra de reconstrucción estuvo llena de sorpresas, sin contar con ningún plano de los sistemas de agua, desague y electricidad dada la antigüedad de la casa. Se tuvo que optar por la sustitución total de los mismos por lo que se procedió al picado de paredes, cosa que se había hecho para intercomunicar la casa con nuevas puertas y ampliar ventanas pues los dueños anteriores la habían dividido en tres inmuebles independientes para alquiler. Providencialmente, sin sabernos explicar la casa contaba con ocho baños, a los que renovamos totalmente con sanitarios, mayólicas, piso, puertas, alumbrado y ducha eléctrica nuevos, así mismo logramos construir uno más para darles facilidades a los niños. Después de un año de tratativas con la Beneficencia Pública del Callao, se decidieron a darnos una subvención social apenas acogiéramos a los niños, consistente en el pago de las facturas de consumo de agua y corriente eléctrica mensual. En abril, luego de 5 meses de tediosos y sinuosos trámites logramos la deseada exoneración del pago de los impuestos municipales y los predios con el fin de bajar los costos ordinarios. Por aquel tiempo, la propietaria generosamente pagó toda la deuda anterior e incluso hasta diciembre del 2002 cuando sólo le correspondía hasta agosto, fecha efectiva de la donación del inmueble.