19/02/2026
Esta mañana despertaste dentro de un milagro que no creaste.
“Este es el día que hizo el Señor.” No ayer. No mañana. Este.
Si Dios es el autor del tiempo, entonces hoy no es al azar. Fue emitido. Asignado. Encomendado. Eso cambia todo. La pregunta no es simplemente qué estamos haciendo hoy, sino qué estamos haciendo con un día que fue hecho por Él.
Oramos por propósito, pero ¿lo reconocemos cuando llega disfrazado de un martes común? Pedimos oportunidades, pero pasamos por alto las conversaciones, las interrupciones, las pequeñas obediencias que realmente definen la eternidad. Decimos que cada día cuenta, pero ¿vivimos como si contara delante de Dios?
Si Él hizo este día, entonces lleva intención. Si sostuvo tu aliento esta mañana, entonces hay significado en ello. El amanecer no fue un accidente. Tu existencia en él tampoco lo es.
Entonces, ¿qué honra más a Dios: la ambición o la obediencia? ¿El ruido o la fidelidad? ¿La visibilidad o la integridad silenciosa?
Tal vez honrar a Dios hoy no se trata de hacer algo espectacular. Tal vez se trata de alinearnos con lo que Él ya está haciendo. Tal vez se trata de preguntar: “Señor, ¿para qué hiciste este día?” antes de decidir lo que nosotros queremos que sea.
Si cada día depende de Él, entonces cada momento es prestado. Y el tiempo prestado exige mayordomía.
Hoy fue hecho.
La pregunta más profunda es: ¿qué estamos haciendo con él?