Asociación Mujeres Constructoras de Condega - AMCC, integra de manera central en su quehacer la promoción de oficios técnicos no tradicionales de mujeres, incluyendo su enseñanza-aprendizaje y se ha caracterizado a lo largo de su historia por ser una organización beligerante en la promoción y defensa de los derechos, especialmente de los derechos de las mujeres y de las-os jóvenes, así como por su liderazgo en propulsar acciones concretas de incidencia política, contando con una imagen de credibilidad y capacidad de los diferentes sectores de la sociedad civil e incluso de instituciones de gobierno y organismos de cooperación internacional.
Misión: AMCC es una organización autónoma de mujeres, con 33 años de experiencia en la formación técnica y la defensa de los derechos de las mujeres. Brinda una educación integral en un ambiente seguro, propio y abierto para experimentar, con condiciones para el desarrollo de las capacidades de jóvenes y adulta/os y la promoción de prácticas amigables con el medio ambiente.
Visión: AMCC es un espacio de mujeres formadas en derechos, tecnologías limpias y apropiadas que fomenta una cultura inclusiva, diversa, crítica y democrática. Las jóvenes viven su poderío en un ambiente sano y natural, contribuyendo a la construcción de una sociedad, justa, igualitaria y sostenible.
AMCC Inicios (1987 – 2004): Estas sintetizan la experiencia y existencia como organización, la cual fue en gran parte posible, por su raíz en la revolución popular de los años 80. Época en el mundo que reclamaba y cosechaba frutos de la larga historia de lucha de las mujeres, la cual se expresó con su involucramiento masivo antes, durante y después del proceso revolucionario, formándose como movimiento que abona a esa cultura ancestral. “Se constituyeron en la base socioeconómica que hizo posible la supervivencia de los grupos humanos y, de paso, fueron el motor de importantes cambios evolutivos que nos llevaron hasta la civilización que hoy conocemos.” (Pepe Rodríguez, 1999).
Y es en ese después, en 1987, que mujeres de otras latitudes con sus propios acumulados, y en un encuentro con ocho mujeres del municipio, se construyó una escuela de primaria en Condega. Las brigadistas estaban interesadas y sedientas de solidarizarse con las mujeres nicaragüenses, de realizar sus utopías en un terreno propicio y las anfitrionas, abiertas a lo novedoso, a los cambios, convencidas de descubrir sus poderes para autoafirmarse, para crecer, para desplegarlos. De esa primera experiencia de construcción que deliberadamente prendió en el poder de la voluntad de sus fundadoras se pasó paralelamente, a la búsqueda de experiencias - las que fueron breves e insuficientes - y la consecución de fondos para la construcción de un local propio, llegándose a construir en diferentes etapas (desde 1992 a 1997) más de 370 metros cuadros de obras, espacio que tempranamente llegó a ser insuficiente para lo que la organización se proponía en un futuro. Sin embargo, se “aprendió haciendo”: el local propio, las verjas para el local, la instalación eléctrica para edificio y la maquinaria de carpintería, entre otras. Funcionó como una pequeña Escuela Taller, principalmente para mujeres con un enfoque en la capacitación y producción en madera, integrando a nuevas mujeres en la medida que se acercaban y se formaban. Los talleres y reflexión de género acompañaban todos los procesos.
En 1998, el huracán Mitch con su furia las puso a prueba y dio la oportunidad de sacar lo mejor de las mujeres: primero, incorporándose a la etapa de emergencia, luego a la reconstrucción. Habían condiciones para involucrar a más de 25 mujeres en los distintos oficios y a más personas en las diferentes etapas tanto albañiles como voluntarias internacionales entre otras. Desde 1999 hasta 2001 se construyeron 32 viviendas y dirigieron otras obras dentro y fuera del municipio. Situaciones como estas mostraron la capacidad de transformar un desastre en oportunidad.
Durante estos años, se han venido sumando mujeres de todas las edades, y con diferentes expectativas e intereses: unas necesitadas de obtener ingresos para su sustento y el de sus hijo/as; otras de tener un oficio con que ganarse la vida; hay quienes su interés fue la curiosidad de hacer algo diferente a lo que le han enseñado; las hay quienes tenían necesidad de una experiencia excitante. Otras probando y buscando la manera en que las mujeres encontraran su propio poder para autoafirmarse, para disponer de recursos, bienes tangibles e intangibles que les permitan ejercerlo para su crecimiento y desarrollo personal y colectivo, hacerlo visible en el espacio público, el cual ha sido monopolizado por los hombres. Más que desarrollar habilidades técnicas, es el auto reconocimiento de sus potencialidades en un campo tradicionalmente “masculino” y altamente valorizado por la sociedad.
Potenciar las capacidades de las mujeres jóvenes (2005 – 2011)
En 2005 se fundó la Escuela de Formación Técnica de Mujeres, acreditado por el Tecnológico Nacional – INATEC (ente oficial de certificación en formación técnica), dirigiéndose a mujeres jóvenes con la oferta de cursos técnicos básicos (carpintería básica, soldadura eléctrica, electricidad domiciliar) con duración de un año. En 2007 se amplió el currículo incluyendo cursos cortos de especialización, tecnologías renovables y artesanales (soldadura blanda, sistemas de energía fotovoltaica, tallado en madera). A la vez, se empezaba a experimentar y conocer el adobe mejorado como sistema constructivo sostenible y apropiado, siendo el adobe una tradición local.
En 2009, se ampliaron los talleres de género realizándolos con jóvenes en temas de derechos sexuales y reproductivos, y se conformó el grupo de mujeres jóvenes, Nací para Volar, que actualmente son las que promueven actividades con sus pares. Se ha formado un equipo coordinador para organizar las jornadas, procesos de formación (talleres, conversatorios) donde las jóvenes se expresan con libertad; a partir de los aportes e intervención de las participantes, reflexionen sobre su realidad familiar, comunitaria, social, las políticas que el estado implementa y van elaborando sus propias propuestas.
En 2011 se decidió por el lema de “potenciar capacidades de las mujeres jóvenes”, pues la vida misma enseñó que lo que faltan son las condiciones materiales, políticas y culturales para descubrir y ejercer una nueva forma de poder: inclusivo, liberador, creativo, propio, que impulse y fomente la experimentación y el pensamiento crítico.