La historia del CMPV. En 2012, se propuso al gobierno de Tijuana la creación de un modelo de trabajo que integrara a la sociedad civil, y a los sectores académico y empresarial, en el desarrollo de una estrategia conjunta para disminuir la violencia y la delincuencia a través de la prevención. Este primer esfuerzo fue impulsado por el Programa para la Convivencia Ciudadana de USAID. El primer cont
acto institucional fue a través del coordinador de gabinete del XX Ayuntamiento, quien proporcionó un listado de las áreas del municipio relacionadas directa o indirectamente con el tema; además realizó la primera convocatoria a sus representantes. De manera simultánea, se visitó a quienes estaban al frente de la Cámara Nacional de Comercio (CANACO), al presidente de la Confederación Patronal Mexicana (COPARMEX) Tijuana, y al presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Asimismo, al presidente de El Colegio de la Frontera Norte (El Colef) y directores de las facultades de Economía, Artes y Derecho de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC); el rector de la Universidad Iberoamericana y la directora de Cetys Universidad –
las dos instituciones privadas de mayor importancia en la ciudad. En ese momento se contaba con un grupo de organizaciones que trabajan en una estrategia de prevención conjunta (apoyada por el programa de USAID), con algunos meses trabajando de manera coordinada. Se contaba con cerca de 15 organismos civiles activos. Se solicitó a la Secretaría de Desarrollo Social Municipal un listado de las organizaciones registradas en el padrón municipal (con enfoque social). Se encontró aproximadamente a 30 que contaban con el perfil cercano. Se realizaron sesiones de trabajo, por separado, entre los distintos sectores. En ellas, con el apoyo técnico de la Asociación Internacional de Administración de Ciudades y Condados (ICMA -por sus siglas en Inglés). No sólo se hablaba del modelo a seguir, también se desarrollaban temas formativos, que permitirían a los participantes comenzar a manejar un lenguaje común, homologar conceptos de prevención, en congruencia con lo establecido por el Programa Nacional de Prevención del Delito y organismos internacionales, como la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se buscaba generar conciencia de la importancia de contar con una mesa de diálogo, donde cada instancia presentara lo que hacía, se compartieran experiencias, se detectaran puntos de congruencia, posibles duplicidades, y áreas descubiertas para prevenir la violencia en zonas vulnerables de la ciudad. Una vez que maduraron las conversaciones y los grupos de trabajo, se presentó al Presidente Municipal la propuesta de contar con un Comité Municipal para la Prevención de la Violencia (CMPV). Fue entonces cuando se convocó a la primera sesión oficial, en el Salón Presidentes del Palacio Municipal. El papel activo de la directora de Prevención del Delito y Participación Ciudadana del XX Ayuntamiento de Tijuana, como Secretaria Técnica del CMPV fue fundamental. Desde un principio comprendió que ésta sería una herramienta que le permitiría la articulación de los distintos actores a su alrededor; que sus propias actividades y programas, como Policía Juvenil, Jóvenes Cambiando sus Vidas, Pláticas de Prevención en las escuelas, etc., se fortalecerían y cobrarían mayor visibilidad con la suma de otros esfuerzos. Las OSC´s, por su parte, encontraron en el CMPV un espacio que acercaba a las autoridades con las que tenían que relacionarse para complementar o asegurar el impacto de su trabajo en campo. El asistir a las sesiones les permitía conocer de primera mano los objetivos y programas de las instituciones de gobierno, con sus fortalezas y áreas de oportunidad. Aunque algunas organizaciones mostraron cierto escepticismo no dejaron de participar. Las sesiones de trabajo se llevaban a cabo quincenalmente de manera rotativa, en las instalaciones de una organización, institución u organismo empresarial. Esto generó un acercamiento personal, que en cierta forma trascendía al sector que representaban, y con ello, sin duda, aumentó la empatía entre muchos de los integrantes. El sector empresarial fue representado por el titular de la CANACO y un miembro activo del Consejo Coordinador Empresarial. Ambos con trayectoria de participación en mesas y comités de seguridad, su experiencia y aportaciones directas en las sesiones de trabajo enriquecía la discusión, y funcionaban a manera de eje entre las OSC´s y el gobierno. El Colef asignó a dos representantes, uno de ellos del Departamento de Administración Pública, quien incluso tomó como línea de investigación el comportamiento del CMPV. Sus insumos y retroalimentación en cada una de sus etapas aportaron gran valor. La facultad más interesada en participar fue la UABC, la coordinadora de Posgrado de la Facultad de Derecho, con sus alumnos, se convertirían en el equipo a cargo de las relatorías y presentaciones en los foros que se llevaron a cabo. Se acercaba la transición de un gobierno Municipal al otro. El mismo partido continuaría en la administración del XXI Ayuntamiento, y eso en cierta forma generaba certidumbre entre los actores de gobierno. No obstante, en las últimas semanas, varios integrantes del CMPV mostraron una solidaridad adicional, ante la posibilidad de que el cambio de gobierno no reconociera los avances en coordinación. Se planeó la manera de blindar el esfuerzo. Se estableció una agenda de las futuras sesiones para asegurar la sostenibilidad. La Secretaria Técnica permaneció en su cargo tres meses más. Eso facilitó la continuidad del ejercicio. La primera sesión con los nuevos titulares de las áreas de gobierno participantes sirvió para que entre ellos se conocieran. Fue una de las sesiones con mayor participación, celebrada en el Palacio Municipal, con un carácter aun más institucional que las previas. Los titulares del gobierno municipal fueron cambiando; en algunos casos continuó la participación, en otros disminuyó o aumentó el interés. Cabe destacar que en el XXI Ayuntamiento dos Regidoras, la de Seguridad y equidad de género, y la de Familia, jugaron un papel fundamental. Ellas impulsaron la institucionalización del CMPV, al someter la aprobación de su reglamento en Cabildo. Gracias a eso cobró vida jurídica. El CMPV maduró con este nuevo logro. Aunado a ello, entró una nueva Secretaria Técnica con un perfil jurídico, más que social. Las reuniones se formalizaron. Dejaron de ser rotativas y se empezaron a realizar de forma permanente en el Salón Presidentes del Palacio Municipal. Los integrantes se dividieron en Ejes de Trabajo, de manera que las reuniones quincenales comenzaron a cobrar un perfil más especializado. Los equipos, conformados por sociedad civil, gobierno, sector académico y empresarial debían estar encabezados por una instancia municipal para asegurar que los compromisos fueran adquiridos por el gobierno, y no quedaran como esfuerzos aislados. La cercanía entre actores y las tareas por destacar como equipo generaron en algunos casos un clima de mayor confianza y empatía. También hubo casos en los que la falta de persistencia o de enfoque desalentó a algunos participantes. Hubo ejes de trabajo que destacaron. La reunión mensual del pleno del Comité continuó como un espacio al que asistía la mayoría de los actores involucrados. Los foros y capacitaciones que se han realizado, han servido no solo para homologar conceptos, también como espacios de socialización, donde se han generado alianzas importantes. El CMPV se mantiene como una plataforma abierta. Gran parte de sus integrantes ha invertido incontables horas de trabajo para que funcione. En mayo de 2021, se renovó con el XXIII Ayuntamiento de Tijuana. Y de esa fecha hasta septiembre se realizaron 10 sesiones, y se concretaron varios logros, entre los que destaca la actualización e institucionalización de su reglamento.