15/07/2026
¡Samir vive!
Donde la tierra aprendió a pronunciar su nombre
Hay hombres que mueren una sola vez. Y hay otros a quienes la muerte no consigue callar porque aprendieron a hablar con la voz de la tierra.
Samir no cayó únicamente frente a la puerta de su casa. Cayó en un tiempo donde el progreso exigía silencio, donde las máquinas prometían futuro mientras los pueblos preguntaban quién pagaría el costo de esa promesa. Entre consultas, discursos y la prisa del poder, una bala intentó responder lo que jamás pudo responder la razón.
Pero la tierra tiene memoria.
Recuerda las huellas de quienes la sembraron antes que los mapas, antes que los decretos, antes que las cifras que reducen la vida a una inversión. Y cuando uno de sus hijos cae por defenderla, el viento aprende su nombre, los volcanes lo guardan en su eco y los surcos lo repiten cada temporada de lluvia.
Quizá por eso la muerte de Samir no pertenece solamente a una familia ni a un pueblo. Pertenece a la larga historia de quienes entendieron que un territorio no es un objeto para poseer, sino una herencia que se recibe con gratitud y se entrega con dignidad.
Los años han pasado, pero permanece la pregunta más incómoda: ¿qué clase de desarrollo necesita apagar una voz para abrirse camino?
Mientras esa pregunta siga sin una respuesta capaz de reconciliar la justicia con el porvenir, Samir seguirá caminando entre los maizales, no como un recuerdo, sino como una conciencia. Porque hay semillas que sólo germinan después de la tormenta, y hay nombres que la muerte, por más que lo intente, jamás consigue enterrar.
(Samir Flores Soberanes fue asesinado el 20 de febrero de 2019, un día antes de la consulta sobre el Proyecto Integral)