03/04/2026
No murió simplemente en la cruz. Nuestro Creador eligió el vientre de María para realizar Su obra más perfecta. Ella lo llevó en su seno, pero también en el alma y en el corazón. María lo vio sufrir, lo vio morir clavado en ese madero y, más tarde, tuvo la gracia de verlo ascender al cielo.
Su amor fue tan inmenso que se hizo carne y espíritu por nosotros; esta es, sin duda, la historia de amor más grande jamás contada. Reflexionar no es solo recordar hoy el sufrimiento de nuestro Señor Jesús, sino también el de su Madre, quien caminó a su lado hasta el final.
Acompañémonos los unos a los otros en el dolor y, sobre todo, cumplamos con el mandato sagrado que nuestro Señor nos heredó: "Amémonos los unos a los otros".
Autora: Aracely Medina Aguirre