05/04/2026
En medio del ruido y la prisa de estos días, detengámonos un instante. La Pascua de Resurrección no es solo un eco lejano de un domingo cualquiera. Es el silencio que sigue al temblor de la tierra, la piedra removida, el lienzo vacío.
Algo se parte en lo profundo cuando reconocemos que la muerte no tuvo la última palabra. La oscuridad del Viernes Santo aún pesa sobre nuestras propias vidas: fracasos, pérdidas, preguntas sin respuesta. Pero la Pascua llega como una brisa que no pide permiso, para decirnos que todo puede ser nuevo.
No se trata de olvidar el dolor, sino de atravesarlo. Cristo resucitado no borra las heridas: las muestra. Porque en sus manos traspasadas aprendemos que el amor es más fuerte que el abismo.
Hoy, Él te invita a dejar las vendas de lo que ya murió. Rencores, miedos, apatías, etc pero principalmente te invita a salir al encuentro de la luz. No una luz ingenua, sino la que nace después de haber estado en el sepulcro.
La Pascua te mira a los ojos y te susurra: “Vive. No para sobrevivir, sino para resucitar cada mañana en esperanza”.
Que esta solemnidad no pase de largo. Que el eco de la piedra removida remueva también tu corazón.
¡Felices Pascuas de Resurrección!