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27/09/2026
27/09/2026

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El Señor es mi pastor; nada me faltará.”— Salmo 23:1Este domingo queremos recordar que no caminamos solos. Tenemos un Di...
13/09/2026

El Señor es mi pastor; nada me faltará.”
— Salmo 23:1

Este domingo queremos recordar que no caminamos solos. Tenemos un Dios que nos guía, nos cuida y siempre está con nosotros.

Ven a compartir un tiempo de adoración, palabra y comunión.
Deja tus cargas a un lado y ven con el corazón dispuesto a encontrarte con Él.

🕚 Domingo | 11:00 AM
📍 CVT

¡Ven con tu familia y amigos! Te esperamos. ❤️

10/09/2026

"El primer diezmo: un corazón totalmente rendido"

📖 Hebreos 7:1-2, 6 (NVI)
"Este Melquisedec era rey de Salén y sacerdote del Dios Altísimo. Cuando Abraham regresaba de derrotar a los reyes, Melquisedec salió a su encuentro y lo bendijo, y Abraham le dio la décima parte de todo. El primer nombre que se le da a Melquisedec significa 'rey de justicia'; y como también es rey de Salén, su nombre significa 'rey de paz'... En cambio, Melquisedec, que no era descendiente de Leví, recibió los diezmos de Abraham y bendijo al que tenía las promesas."

En Génesis encontramos un encuentro breve pero cargado de significado: Abraham regresa de una batalla y se t**a con Melquisedec, rey de Salén, más tarde Jerusalén, y sacerdote del Dios Altísimo. Rey de justicia. Rey de paz. Una figura misteriosa que las Escrituras presentan como sombra, como tipo de Cristo. Y frente a él, Abraham hace algo que no tenía que hacer: le entrega la décima parte de todo. Este es el primer diezmo registrado en toda la Biblia, mucho antes de que la ley lo estableciera, mucho antes de que existiera un mandamiento al respecto.

Abraham fue el hombre que Dios escogió para hacer pacto, con ningún otro. Y en su vida, ese pacto se tradujo en un hábito: honrar a Dios con lo primero. No con lo que sobraba. No después de resolver todo lo demás. Con la primera parte. Y esa entrega no era solo sobre dinero, era la expresión visible de un corazón completamente rendido. Abraham es el padre de la fe, el que nos representa: confiamos en Dios y eso se nos cuenta por justicia. Pero esa fe no se quedó en una idea, se hizo visible en lo que hizo con sus bienes.

Jesús mismo lo dijo: donde está tu tesoro, ahí está tu corazón. Las prioridades de mi presupuesto son un reflejo de las prioridades de mi vida. Gasto más en lo que más me importa, así de simple. Y por eso hay que decirlo con claridad: Dios no puede ser tu Señor si no es Señor de tus finanzas. No es que el dinero compre la bendición de Dios; es que rendir el dinero es una prueba de que le hemos rendido todo lo demás. Abraham vivió en abundancia, no solo material, sino en la plenitud de ver cumplidos los propósitos de Dios en su vida, porque empezó con un corazón totalmente rendido.

Para reflexionar:
- ¿Qué dice tu presupuesto sobre las verdaderas prioridades de tu vida?
- ¿Le estás dando a Dios lo primero, o lo que sobra?
- ¿En qué área todavía te cuesta decir "Señor, esto también es tuyo"?

Oración

Señor, tú eres el dueño de todo lo que tenemos y lo que somos. Queremos, así como Abraham, rendirte todo lo que somos y todo lo que tenemos. Perdónanos por las veces que te hemos dado lo que sobra en lugar de lo primero. Pedimos que venga tu bendición sobre nuestra vida. Bendice cada área y aspecto de nuestra vida, conforme a tu perfecta voluntad. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

(Extraído del Devocional del Diario Pan del pastor Marcos Richards)

08/09/2026

Un ancla que no falla

📖 Hebreos 6:18-20 (NVI)
"Lo hizo así para que, mediante dos realidades inmutables, en las que es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos buscado refugio en él, aferrándonos a la esperanza puesta delante de nosotros. Tenemos esta esperanza como ancla del alma, firme y segura, la cual penetra hasta detrás de la cortina, hasta donde Jesús, el precursor, entró por nosotros, llegando a ser sumo sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec."

Dios no solo nos hizo una promesa. La respaldó con un juramento. Dos realidades inmutables, dice el texto, en las que es imposible que Dios mienta. Lo hizo así para que tuviéramos un estímulo poderoso, algo a lo cual aferrarnos cuando todo lo demás se mueve. Y a eso lo llama un ancla del alma: firme, segura, que no se suelta ni cede ante la tormenta.

Esa esperanza penetra hasta detrás de la cortina, hasta el lugar santísimo. En el tabernáculo, y después en el templo, esa cortina marcaba el límite entre Dios y el hombre. Nadie entraba ahí sin pagar un precio altísimo. Pero Jesús entró. Como precursor, como sumo sacerdote para siempre, Él fue hasta allá por nosotros. Y ahora esa cortina ya no existe. No hay barrera entre Dios y nosotros, porque Jesucristo abrió el camino.

El Señor conoce nuestra debilidad, y por eso nos da su Palabra: promesas repetidas, una y otra vez, para afianzarnos a la esperanza. Su Palabra es un alivio en medio de las dificultades, en medio de las tormentas, cuando el alma necesita algo firme de dónde sostenerse.

Por eso hoy la invitación es a acercarnos. Acerquémonos a su trono de gracia, a ese lugar santísimo, a su presencia, no para pedir solamente, sino para adorar, para contemplar su belleza, para recordar sus promesas estando ahí, frente a Él. Eso es lo que impulsa y anima a seguir en medio de tiempos difíciles: no la ausencia de tormenta, sino un ancla que no falla.

Para reflexionar:
- ¿A qué te estás aferrando hoy en medio de tu tormenta: a tus fuerzas o al ancla de Dios?
- ¿Qué promesa de Dios necesitas recordar hoy, estando en su presencia?
- ¿Qué significa para ti tener acceso libre al trono de gracia?

Oración

Señor, gracias porque tu Palabra es inmutable y tu promesa no falla. Gracias porque Jesús abrió el camino y ya no hay cortina, ya no hay barrera entre tú y nosotros. Ayúdame a aferrarme a esa esperanza como ancla de mi alma en medio de esta tormenta. Acércame a tu trono de gracia, no solo a pedir, sino a contemplar tu belleza y recordar tus promesas en tu presencia. Impúlsame a seguir adelante en tiempos difíciles, sostenido por ti. En el nombre de Jesús, amén.

¡Hoy nos vemos! 💙El Salmo 122 dice: “Me alegré cuando me dijeron: vayamos a la casa del Señor.” El salmista no hablaba d...
06/09/2026

¡Hoy nos vemos! 💙

El Salmo 122 dice: “Me alegré cuando me dijeron: vayamos a la casa del Señor.” El salmista no hablaba de una obligación, sino de una alegría genuina por reunirse con el pueblo de Dios.

Hoy a las 11am tenemos esa misma oportunidad: juntarnos, adorar, y recibir de Su Palabra.

“No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos” — Hebreos 10:25

Ven, aquí hay lugar para ti. ¡Nos vemos a las 11am!

04/09/2026

El peligro sutil de la incredulidad

📖 Hebreos 3:16-19 (NVI)

"Ahora bien, ¿quiénes fueron los que oyeron y se rebelaron? ¿No fueron acaso todos los que salieron de Egipto guiados por Moisés? ¿Y con quiénes se enojó Dios durante cuarenta años? ¿No fue acaso con los que pecaron, los cuales cayeron mu***os en el desierto? ¿Y a quiénes juró Dios que jamás entrarían en su reposo, sino a los que desobedecieron? Como podemos ver, no pudieron entrar por causa de su incredulidad."

El pueblo de Israel iba en camino hacia la tierra prometida. Habían visto a Dios abrir el mar. Habían comido maná del cielo. Habían visto columna de fuego y de nube. Y aun así, cuando llegó el momento de creer, no creyeron. Ese pecado de incredulidad fue lo que los dejó vagando cuarenta años sin dirección en el desierto, no la distancia, no el terreno, sino la falta de fe para avanzar.

Nosotros, de la misma manera, fuimos sacados de nuestro Egipto espiritual. Y es importante cuidarnos de no caer en incredulidad, en ningún contexto, porque muchas veces no se ve como una rebelión abierta contra Dios. Se ve mucho más sutil que eso.

Puede ser tan sutil como creer que puedo resolver mis problemas con mis propios recursos, y no creer que Dios puede resolverlos mejor de lo que yo jamás podría. Puede ser tan sutil como estar atravesando una temporada difícil y abandonarme a lo que mis sentidos me dicen, al miedo, a la ansiedad, a lo que parece lógico, en lugar de confiar y descansar en que Dios tiene el control de mi vida y de mis procesos.

La incredulidad no siempre grita. A veces simplemente nos hace tomar el control nosotros mismos. Y ese es el desierto: no un lugar geométrico, sino una temporada sin dirección, producto de no creer que Dios puede llevarnos a donde prometió.

Para reflexionar:
- ¿En qué área de tu vida estás confiando más en tus propios recursos que en Dios?
- ¿Qué te está diciendo tu incredulidad hoy que Dios no ha dicho?
- ¿Qué significaría para ti descansar, en lugar de resolver por tu cuenta?

Oración

Señor, gracias porque nos sacaste de nuestro Egipto. Perdóname por las veces en que la incredulidad se ha infiltrado sutilmente en mi vida, cuando he confiado más en mis propios recursos que en ti, cuando me he abandonado a mis sentidos en lugar de descansar en que tú tienes el control. Ayúdame a creer, no solo con palabras, sino con la manera en que vivo cada día. Llévame a tu reposo. En el nombre de Jesús, amén.

03/09/2026

Fieles donde Dios nos ha plantado.

📖 Hebreos 3:1-6

"Por lo tanto, hermanos, ustedes que han sido santificados y que tienen parte en el mismo llamamiento celestial, fijen su atención en Jesús, el apóstol y sumo sacerdote de la fe que confesamos. Él fue fiel al que lo nombró, como lo fue también Moisés en toda la casa de Dios. De hecho, Jesús ha sido estimado digno de mayor honor que Moisés, así como el constructor de una casa recibe mayor honor que la casa misma. Porque toda casa tiene su constructor, pero el constructor de todo es Dios. Moisés fue fiel como siervo sobre toda la casa de Dios para dar testimonio de lo que Dios diría en el futuro. Cristo, en cambio, es fiel como Hijo al frente de la casa de Dios. Y esa casa somos nosotros, siempre y cuando mantengamos nuestra confianza y la esperanza que nos enorgullece."

La Escritura nos invita a fijar nuestra atención en Jesús como el referente principal de nuestra fe. Moisés y Jesús comparten algo esencial: ambos fueron fieles, ambos sirvieron en la casa de Dios, ambos dieron testimonio del Padre. Moisés anunció con su vida lo que Dios haría en el futuro; Jesús fue ese futuro. Uno preparó el camino; el otro es el camino.

Y aquí está lo que más nos toca hoy: esa casa somos nosotros. Tú y yo. La iglesia. Ser fiel no es una tarea espectacular ni un llamado reservado para unos pocos, es sostenerse fiel en el lugar donde Dios nos ha plantado. Es servir en la casa, no servirse de la casa. Es servir a la gente, no servirse de la gente.

Pero quiero decir esto con honestidad: no es fácil permanecer. Donde hay personas, hay fricción. Donde hay relaciones, hay roces. Y hay momentos en que vas a querer salir corriendo del lugar donde Dios te ha plantado. Moisés no la tuvo fácil, constantemente enfrentó gente que fue piedra en su zapato, un pueblo que no mostraba agradecimiento a pesar de los milagros, que incluso renegaba de Dios. Y Dios tuvo que intervenir una y otra vez. Aun así, Moisés permaneció. De la misma manera, Jesús fue fiel hasta la muerte, y en los momentos más difíciles de su ministerio mantuvo el enfoque no en los problemas ni en las circunstancias, sino en el propósito por el cual Dios lo había plantado en la tierra.

Esa es la fidelidad a la que somos llamados: no la ausencia de fricción, sino la decisión de permanecer a pesar de ella.

Para reflexionar:
- ¿Dónde te ha plantado Dios para servir hoy?
- ¿Qué fricción te está tentando a salir corriendo del lugar donde Dios te ha plantado?
- ¿Estás enfocado en el problema, o en el propósito?

Oración

Señor, gracias por Jesús, nuestro referente de fidelidad. Ayúdame a ser fiel donde me has plantado, aun cuando haya fricción y ganas de huir. Como Moisés, ayúdame a permanecer. Como Jesús, ayúdame a mantener mi enfoque en el propósito y no en las circunstancias. Enséñame a servir a los demás y no a servirme de ellos. En el nombre de Jesús, amén.

02/09/2026

No descuidar lo que Dios ya habló.

📖 Hebreos 2:2-3

"Porque, si el mensaje anunciado por los ángeles tuvo validez y toda transgresión y desobediencia recibió su justo castigo, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? Esta salvación fue anunciada primeramente por el Señor, y los que la oyeron nos la confirmaron."

Hay una advertencia fuerte en este texto: si el mensaje de los ángeles —una palabra menor en la economía de la revelación— tuvo peso y consecuencia, ¿cuánto más la salvación tan grande que hemos recibido de labios del Señor mismo? El peligro que señala la Escritura no es la ignorancia. Es el descuido. "Cómo escaparemos... si descuidamos" — no dice "si no sabemos", dice "si descuidamos".

Eso cambia la pregunta. No se trata de adquirir más conocimiento; se trata de detenernos a mirar el conocimiento, las experiencias, las palabras que Dios ya nos ha dado en el camino. Cada uno de nosotros tiene un historial con Dios: de dónde nos sacó, a dónde nos ha llevado, los procesos que marcaron nuestra vida y la de nuestra familia. Esas no son anécdotas del pasado, son la voz de Dios ya hablada, y si la descuidamos, podemos perder el rumbo sin darnos cuenta.

Por eso el llamado de hoy es a hacer un alto. No para acumular más, sino para recordar y aplicar lo que ya sabemos que Dios nos dijo, en un sueño, en una palabra profética, en una temporada de quebranto, en una provisión que no teníamos cómo explicar. Esas huellas son las que nos mantienen en curso.

Para reflexionar:
- ¿Qué te ha dicho Dios en el pasado que hoy has dejado de considerar?
- ¿Dónde estás parado en tu relación con Él en este momento?
- ¿Hacia dónde te está llamando a avanzar ahora?

Oración:

Señor, ayúdame a no descuidar una salvación tan grande. Ayúdame a recordar de dónde me sacaste y a dónde me has llevado, y a ver en cada proceso tu mano formando mi vida y la de mi familia. Haz un alto en mi camino hoy: muéstrame dónde estoy parado frente a ti, y hacia dónde quieres que vaya. Ayúdame a estar atento a tu voz, a lo que estás hablando ahora, para poder ser de impacto y bendición a quienes me rodean. En el nombre de Jesús, amén.

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