08/03/2026
Hoy no es un día para felicitar.
En nuestra región de la Montaña, muchas mujeres crecen aprendiendo que deben obedecer, callar y aguantar. Se les niega estudiar, decidir sobre su vida o levantar la voz. El machismo no es solo una idea: es una estructura que limita sus oportunidades y, en muchos casos, pone en riesgo su vida.
Detrás de cada cifra de violencia hay historias que pocas veces se cuentan. Mujeres que trabajaron toda su vida por sus familias, mujeres que soñaban con estudiar, mujeres que querían vivir libres. Algunas ya no están porque la violencia les arrebató ese derecho.
Pero también hay algo que no se ha podido apagar: la fuerza de las mujeres de esta región. Mujeres que sostienen comunidades enteras, que trabajan la tierra, que crían, que enseñan, que resisten. Mujeres que, incluso en medio de la desigualdad, siguen luchando por un futuro distinto.
Hablar de esto incomoda, pero es necesario. Porque mientras el machismo siga siendo una norma y no un problema, la violencia seguirá repitiéndose.
Hoy no se trata de flores ni de palabras bonitas.
Se trata de memoria, de justicia y de cambio.
Porque ningún lugar debería ser peligroso por el simple hecho de ser mujer.