Jaime Cleofas Martínez Veloz

Jaime Cleofas Martínez Veloz Soy arquitecto, investigador, urbanista, rockero, bachatero, aprendiz de poeta y ciudadano del mundo.

Mi primera pelea de box profesional, en San Pedro de las Colonias Coahuila, con Sergio “el zurdo” Castañeda extraordinar...
20/08/2026

Mi primera pelea de box profesional, en San Pedro de las Colonias Coahuila, con Sergio “el zurdo” Castañeda extraordinario boxeador sampetrino, a quien le gané por nocaut en el tercer round después de una tremenda refriega. Un abrazo al Zurdo Castañeda donde quiera que se encuentre. En ese tiempo yo boxeaba con el nombre de Chuy Rivas boxeador al que suplí ese dia y así se me quedó para siempre en mi etapa arriba del ring.

A Roberto Ramos del Bosque, lo conocí antes de que la vida nos enseñara que hay amigos que no se van nunca, aunque un dí...
18/08/2026

A Roberto Ramos del Bosque, lo conocí antes de que la vida nos enseñara que hay amigos que no se van nunca, aunque un día su cuerpo decida descansar.
Lo conocí en el salón de Arquitectura, cuando todavía éramos una generación de irreverentes que caminábamos Saltillo como si fuera nuestro territorio liberado. Él era mayor que nosotros, pero nunca nos miró desde arriba. Al contrario: se convirtió en ese hermano mayor que uno no pide, pero agradece toda la vida.

Yo lo veía entrar al salón con esa mezcla de seriedad y picardía que sólo tienen los hombres que ya han vivido un poco más. Y desde el primer día supe que Roberto no era un compañero más: era un punto de apoyo, un eje, un hombre que hacía que el grupo se mantuviera unido. En mi libro lo escribí, y hoy lo repito porque me nace del alma:
“Ejercía un liderazgo especial en el salón… por su extraordinario compañerismo y su dedicación a la promoción del deporte en la escuela.”

Eso era Roberto: un líder sin nombramiento, un compañero sin condiciones, un amigo sin dobleces.

Cuando propuso que formáramos un equipo de futbol americano, yo pensé que estaba loco.
Éramos estudiantes flacos, desvelados, irreverentes, sin un peso en la bolsa y con más ganas que recursos.
Pero Roberto tenía esa capacidad de convertir lo imposible en cotidiano.
Y cuando él decía “vamos”, uno iba.

Todavía recuerdo el día que regresó de Texas con los arreos usados que consiguió en las escuelas gringas. Venía con cascos raspados, hombreras viejas, fundas parchadas… pero para nosotros era como si trajera armaduras de guerra.
Nos explicó lo que había conseguido con esa frase que aún me hace sonreír:
“Me donaron los estos, las estas y los aquellos.”
Y todos entendimos que lo que traía no era equipo: era esperanza.

Bajo su dirección, ese equipo que empezó recibiendo palizas se convirtió en una máquina de dignidad.
Yo jugué como pateador, linebacker y capitán de la línea defensiva, y cada golpe que recibí lo resistí porque sabía que Roberto estaba ahí, cuidándonos, enseñándonos, empujándonos a ser mejores.
Con él ganamos tres campeonatos consecutivos.
Tres años donde aprendimos que la disciplina también es una forma de cariño.

Pero más allá del campo, Roberto era parte de mi vida.
En las entregas, en las caminatas por Hidalgo, en las noches de café cargado y música de grabadora, en las risas que nos sostenían cuando la vida se ponía cuesta arriba.
Era de esos hombres que no necesitaban decir que eran leales: lo demostraban cada día.

Hoy que se nos ha ido, siento que Saltillo sopla distinto.
Que el viento trae su nombre.
Que las calles que recorrimos juntos guardan su sombra.
Que el campo de futbol americano quedó un poco más silencioso, como si estuviera esperando que él volviera a gritar una jugada.

Me quedo con la certeza de que su vida fue un acto de coherencia.
Que caminó derecho.
Que honró su apellido y su tierra.
Que fue amigo del alma, couch de convicciones, compañero de batalla.

No sé si allá donde está haya campos de futbol americano, pero si los hay, ya deben estar alineándose para recibirlo.
Y aquí, en este lado del mundo, yo lo despido como se despide a los hombres buenos:
con palabras que no buscan consolar, sino honrar.

Roberto Ramos del Bosque no se fue.
Se quedó en cada campeonato, en cada risa, en cada caminata, en cada página de mi libro, en cada golpe que resistimos juntos, en cada estudiante que aprendió de él que la vida se juega en equipo.

Descansa, hermano.
Descansa como descansan los que hicieron de la dignidad su manera de estar en el mundo.

Hasta Siempre mi Querido Beto.

Fraternalmente

Jaime Martinez Veloz

14/08/2026

El Partido Republicano al que pertenece Bonilla le revoca la visa al hijo de AMLO, de quien presumía era su “hermano”

Por quererse pasar de lanza, a Bonilla se le cruzaron los cables

Por Jaime Cleofás Martínez Veloz

1. La frontera no perdona a los doble cara

En Tijuana la frontera es como esas doñas de la colonia que todo lo ven y nada se les escapa: detecta a los “doble cara” desde que pisa la banqueta. Aquí no hay espacio para los que quieren jugar en dos equipos, hablar dos idiomas morales o cargar dos patrias como si fueran dos mochilas. La línea no perdona a los que se ponen una máscara para México y otra para Estados Unidos.

Porque la frontera, aunque parezca de lámina y concreto, es un animal vivo: huele la simulación, escucha la mentira, reconoce al que se quiere pasar de listo. Y cuando lo identifica, no lo regaña ni lo sermonea: lo encuera. Le quita la pose, le arranca el disfraz, le exhibe la doble moral como si fuera ropa robada colgada en el tendedero.

Aquí, al que juega doble, la frontera no lo corrige: lo desnuda. Lo deja parado en medio de la línea, con las dos banderas enredadas en los tobillos y sin pretexto para explicar por qué quiso caminar con dos sombras al mismo tiempo.

II. A Bonilla se le hizo bolas el engrudo o se le quemaron los frijoles.

El anuncio no llegó suave ni diplomático: retumbó. Sonó como cuando la lámina vieja de la barda fronteriza se azota con el viento de Santa Ana y toda la colonia voltea porque ese estruendo siempre anuncia bronca.

Así tronó la noticia: seca, metálica, sin aviso, sin cortesía.

El gobierno republicano —el mismísimo partido donde Bonilla paga cuota, milita y jura bandera en EE. UU.— le canceló la visa a Andy López Beltrán. Sí, al hijo de Andrés Manuel. Al muchacho de aquel a quien Bonilla llamaba “mi hermano del alma”.

Nadie dice que Bonilla haya redactado el memorándum ni que haya marcado a San Diego para pedir el tiro; no le da para tanto. Pero la ironía es tan fina como venenosa: el partido de Bonilla en el norte le da un zape diplomático al hijo del hombre que le regaló todo su poder en el sur.

Y aquí conviene explicarlo para el público mexicano: MAGA, la facción trumpista del Partido Republicano, no es un eslogan. Es la tribu más dura, la que quiere muros más altos, visas más estrictas, deportaciones más rápidas y menos concesiones a México. Es la banda que idolatra a Trump como caudillo y que ve a la frontera como trinchera, no como puente.

En lenguaje de barrio: MAGA es la pandilla del norte que no quiere ver mexicanos cruzando.

Y Bonilla, por registro y por voto, pertenece a ese club.

En cualquier manual eso se llama contradicción insostenible. En la sobremesa política se llama traición por omisión. En la esquina de la Coahuila se dice claro: te atoraste con tu propio mecate.

III. El hombre de los cables pelados

Bonilla se creyó que la frontera era una pasarela sin aduana. Quiso dos discursos, dos credenciales, dos lealtades y dos amos. Pero cuando los amos se agarran a tablazos, al perro de dos casas le toca doble castigo.

Hoy, atorado en su propio laberinto, el exgobernador luce desorientado en la garita:

¿Vas o vienes?
¿Eres del pueblo bueno o del GOP implacable?
¿Compañero de lucha de Macuspana o militante disciplinado de la derecha gringa?
Militar en dos bandos que se declaran la guerra no es pragmatismo: es traer los cables pelados, hacer cortocircuito en el patio ajeno y pretender que el chispazo es fiesta patronal.

IV. La romería a la casa del republicano

Mientras Bonilla se enreda con sus dos banderas, la romería política hacia su oficina de. Morenistas, petistas, verdes, independientes: todos formaditos, todos buscando guiño, consejo, bendición, como si Bonilla fuera todavía el oráculo de la 4T en la frontera.

La escena es tan absurda que parece sacada de una tragicomedia fronteriza:

Políticos mexicanos visitando al militante del partido que golpea a los suyos.

Porque no es cualquier partido: es el Partido Republicano, el mismo que gobierna Estados Unidos, el mismo que presume mano dura, el mismo que acaba de revocar la visa al hijo del presidente mexicano.

Y aun así, ahí están: tocando la puerta, sonriendo para la foto, haciéndose los distraídos ante la contradicción monumental.

Y aquí entra la ironía que ya huele a burla de barrio:

¿O qué, Bonilla? ¿También vas a mandar a Andy con los “gringos de Tijuana” que mencionó Simón Levy, esos mismos que tú acercaste a la gobernadora dizque para “ayudarle a recuperar su visa”?

Porque si ya se metió en bronca binacional, lo mínimo sería que Bonilla sacara sus contactos mágicos, esos que presume como si fueran la Patrulla Fronteriza versión VIP.

Vale la pena preguntarles a los que aún le hacen caravana:

¿También le van a aplaudir la membresía republicana mientras les cierran la puerta en la cara a los suyos?
¿O van a salir con la maroma de que “en la frontera todo se vale”?
La factura de sostener a Bonilla ya no es cara: es ridícula.

V. La garita no tiene compasión

La frontera es canija: tiene memoria de elefante y colmillo de coyote. Aquí la gente huele la farsa a kilómetros; distingue al que cruza con permiso del que cruza de contrabando ideológico.

Lo que Tijuana ve hoy no es a un estratega binacional. Lo que la línea ve es a un político enredado en la concertina, pataleando y jurando que nomás estaba haciendo yoga diplomático.

VI. Que lo aclare sin trabarse

Bonilla calla. Tira humo. Dice que no es para tanto, que son coincidencias, que él no tiene vela en ese entierro.

Pero el golpe ya sonó de este lado del río:

¿Cómo le va a explicar a su “hermano” Andrés Manuel que el partido donde él milita fue el que le quitó la visa al muchacho?

Que lo explique él. Pero que lo haga sin cantinflear, sin que se le atragante la saliva y sin inventar una tercera frontera imaginaria para lavar el cochinero.

Que lo aclare, pues… si es que puede cruzar la aduana de la vergüenza sin que se le trabe la lengua, se le crucen las banderas y se le queden los frenos en la bajada de la Mona.

VII. La frontera siempre cobra factura

La frontera tiene una ley no escrita: al doble cara lo exhibe, al simulador lo desnuda y al que juega con dos banderas lo deja sin ninguna.

Aquí no hay fuero, no hay fuercitas, no hay “hermandades” que aguanten el peso de la línea. La frontera es juez, testigo y verdugo. Y cuando decide cobrar factura, lo hace sin recibo y sin descuento.

Y en la Libertad —donde las cosas se dicen sin rodeos— el cierre queda así, como grafiti raspado en la barda del cerro:

Aquí, al que juega doble, valió cheetos. Que se la rasque como pueda. Y que sus invitados le expliquen a la gente por qué andan de queda bien con un militante del partido que gobierna Estados Unidos, el mismo partido al que la 4T acusa de meterse en la política interna de México.

Así queda. Como pinta chorreada de madrugada en la Libertad, esa que nadie borra porque todos saben a quién va dirigida. Y como dijera mi hermano Felipe Ruanova: “a mí se me hace que ya varios chuparon faros”. Doy fe.

Esa foto nos la tomaron frente al Catastro en Victoria y Obregón donde se ubicaba una casa de asistencia donde yo vivía....
13/08/2026

Esa foto nos la tomaron frente al Catastro en Victoria y Obregón donde se ubicaba una casa de asistencia donde yo vivía. En la además de estar Raúl Jiménez, Ernesto Mesta, el Palomo un estudiante de Ingeniería, estaban también 2 amigos que vivían en esa Casa de Asistencia que pertenecían al Ejército Mexicano

Querido Leonel Chaul Chamut:Hay despedidas que no se dicen en voz alta; se murmuran por dentro, como quien cuida una lla...
12/08/2026

Querido Leonel Chaul Chamut:

Hay despedidas que no se dicen en voz alta; se murmuran por dentro, como quien cuida una llama para que no se apague. La tuya, Leonel, es de esas. Desde que supe que te habías ido, algo en mí se quedó quieto, como si el mundo hubiera bajado el volumen para dejarme escucharte una vez más.

Pienso en ti y no aparece primero el jugador, el coach, el fundador, el presidente del Salón de la Fama. Aparece el hombre. Ese hombre de mirada franca, de palabra firme, de corazón grande. Aparece tu forma de estar en el mundo: sin prisa, sin estridencias, con esa terquedad noble que sólo tienen los que saben quiénes son y de dónde vienen.

Tu vida fue una especie de abrazo largo: a tu familia, a tus hijos, a tus nietos, a tus bisnietos, a tus jugadores, a tu tierra. Y ahora que ya no estás, ese abrazo se siente todavía. Está en cada niño que aprendió a creer en sí mismo porque tú lo miraste con confianza. Está en cada joven que encontró disciplina y rumbo bajo tu guía. Está en cada persona que se sintió parte de algo gracias a ti.

Hoy te escribo no para decir adiós, sino para agradecer. Por tu presencia, por tu ejemplo, por tu manera de honrar la vida. Por demostrar que la grandeza no está en los trofeos, sino en la huella que uno deja en los demás.

Descansa, Leonel. Descansa con la serenidad de quien cumplió su misión. Aquí nos quedamos nosotros, cuidando tu memoria como se cuida una fotografía querida: con respeto, con cariño, con esa nostalgia que no lastima, sino que acompaña.

Tu nombre seguirá vivo en la Laguna, en Torreón, en cada campo, en cada historia que se cuente. Y también en este pequeño rincón íntimo donde hoy te escribo.

12/08/2026

Mis tíos hermosos!!!!

12/08/2026
“Hermanita Luby”, no te voy a fallar”Por Jaime Cleofas Martínez Veloz Aquí estoy, en esta noche que parece no terminar, ...
12/08/2026

“Hermanita Luby”, no te voy a fallar”

Por Jaime Cleofas Martínez Veloz

Aquí estoy, en esta noche que parece no terminar, en este Bordo de Tijuana donde el viento trae voces que ya no están, pero que siguen hablando.

Aquí estoy, escribiéndote como si todavía pudiera escucharte reír, como si todavía pudiera ver tu mirada firme, como si todavía pudiera sentir tu mano en mi hombro cuando decías:

“Yo te sigo, Jaime.”

Ese mensaje tuyo, Hermanita…

ese mensaje que cada vez que lo veo me rompe un pedazo del alma, ese mensaje que se me clava como una espina y como un abrazo, ese mensaje que me acompaña desde el día en que la sombra decidió adelantarse a la luz.

“Jaime, felicidades por nunca claudicar. Eres ejemplo a seguir.

Yo te sigo. Luby pa’ los cuates.”

Cada vez que lo leo, Hermanita, se me parte el corazón.

Y sí, se me sale una lágrima. Una lágrima que no es solo de tristeza, sino de memoria, de cariño, de rabia, de promesa.

Porque tú sabías. Tú siempre supiste.

Tú leías las sombras como quien lee el clima.

Tú sabías cuándo venía tormenta. Tú sabías cuándo el poder se incomodaba. Tú sabías cuándo la verdad estaba a punto de tocar una puerta que no querían abrir.

Y aun así, no te doblaste.

No te callaste. No te vendiste.

No te escondiste. No te fuiste.

Por eso te escribo esta carta, Hermanita. Porque hay cosas que uno no dice en voz alta, pero que necesita dejar escritas para que la memoria no se pierda.

I. Desde la frontera que compartimos

Hermanita…

Tú y yo somos hijos de esta frontera.

De este territorio que no perdona, pero que tampoco olvida.

De esta ciudad que se levanta aunque la quieran arrodillar.

De este mar que golpea el muro como si quisiera derribarlo.

De este viento que trae historias que no se han contado.

Aquí, en Tijuana, aprendimos que la dignidad es una forma de resistencia.

Que la palabra es un arma. Que la verdad es peligrosa. Que el silencio es cómplice.

Que la perseverancia es un acto de rebeldía.

Tú lo sabías mejor que nadie.

II. Lo que nunca te dije

Hermanita…

Nunca te dije que admiraba tu valentía.

Nunca te dije que tu terquedad era un faro.

Nunca te dije que tu dignidad me enseñó más que cualquier discurso.

Nunca te dije que tu lucha era también la mía.

Nunca te dije que tu voz me acompañaba incluso cuando no hablábamos.

Nunca te dije que cuando te escuchaba denunciar, sentía que estabas defendiendo algo más grande que tu caso.

Sentía que estabas defendiendo a todos los que no tienen voz.

A todos los que el poder quiere borrar.

A todos los que la frontera traga sin dejar rastro.

Nunca te dije que tu valentía me obligaba a ser valiente.

Que tu claridad me obligaba a ser claro.

Que tu dignidad me obligaba a ser digno.

Nunca te dije que te quería como se quiere a una hermana del alma.

Como se quiere a una compañera de lucha.

Como se quiere a alguien que camina contigo aunque el camino esté lleno de sombras.

III. Lo que sí te digo hoy

Hermanita…

Hoy te digo algo que no pude decirte en vida, pero que te digo ahora, desde esta noche que parece no terminar, desde este Bordo donde la palabra se vuelve resistencia:

Yo no te voy a fallar.

No te voy a fallar en tu lucha.

No te voy a fallar en tu memoria.

No te voy a fallar en tu verdad.

No te voy a fallar en tu exigencia.

No te voy a fallar en tu dignidad.

No te voy a fallar, Hermanita.

Porque tú no me fallaste nunca.

Porque tú me seguiste cuando otros se fueron.

Porque tú me hablaste cuando otros callaron.

Porque tú me abrazaste cuando otros dudaron.

Porque tú me dijiste “Yo te sigo” cuando sabías que seguirme era peligroso.

No te voy a fallar. Aunque la sombra permanezca.

Aunque el Estado falle. Aunque la impunidad respire.

Aunque la verdad camine lento.

No te voy a fallar. Porque tu legado es una orden.

Porque tu palabra es una brújula.

Porque tu vida es una bandera. Porque tu ejemplo es una trinchera.

IV. Lo que sigue caminando contigo

Hermanita…

Tu lucha no terminó. Tu palabra no se apagó. Tu memoria no se borró. Tu verdad no se cayó.

Sigue caminando.

Sigue respirando.

Sigue exigiendo.

Sigue golpeando.

Sigue iluminando.

Sigue conmigo.

Sigue con quienes te lloran.

Sigue con quienes te recuerdan.

Sigue con quienes te honran.

Sigue con quienes no aceptan la impunidad como destino.

Sigue con esta frontera que te extraña.

Sigue con este país que te falló.

Sigue con esta lucha que te necesita.

Sigue con esta carta que te escribo desde el alma.

V. Epílogo en voz baja

Hermanita…

Si esta carta pudiera llegar a donde estás, si pudiera cruzar la frontera entre la vida y la muerte, si pudiera tocar tu mano, si pudiera abrazarte, si pudiera decirte esto mirándote a los ojos, solo te diría una cosa:

Yo no te voy a fallar. Nunca. Jamás. Por nada.

Por nadie.

Por ti.

Por tu verdad.

Por tu memoria.

Por tu lucha.

Por tu nombre.

Por tu luz.

Aquí sigo, Hermanita. Aquí sigo caminando. Aquí sigo resistiendo. Aquí sigo escribiendo. Aquí sigo contigo.

Siempre contigo.

Tu Compa Veloz

Tijuana BC a 12 de agosto del 2026

12/08/2026

Hoy escuché algo que me heló la sangre. Jaime Martínez Veloz dijo a Carmen Aristegui tener pruebas que ponen a Jaime Bonilla como el autor de las grabaciones de falsos "FBI" con Marina del Pilar.

Pero lo más estridente, es que dijo tener grabado un mensaje de Lourdes Maldonado 4 horas antes del as*****to

Martínez Veloz entregará denuncia y pruebas a la Fiscalía Federal. Pero reabre de nuevo la suposición de que detrás del as*****to de la periodista, estuvo Jaime Bonilla.

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