24/12/2025
Si cierras los ojos… seguro recuerdas una Navidad así.
Las noches de diciembre eran distintas. El frío se sentía más, las luces parecían más brillantes y había en el aire una sensación difícil de explicar, como si algo bonito estuviera a punto de llegar.
No todo estaba al alcance de las manos. Muchas veces solo se miraba, detrás de un vidrio, desde afuera… pero eso bastaba para soñar. Mirar un aparador era imaginar historias, escoger en silencio un juguete y pensar cómo sería tenerlo, creer, aunque nadie prometiera nada.
La infancia se vivía sin pantallas, sin tecnología, sin prisas, con ropa sencilla y con ilusiones pequeñas que llenaban el corazón.
Hoy, cuando diciembre regresa, entendemos algo con claridad: no buscamos regalos. Buscamos volver a sentir esa sensación de ser niños, aunque sea por un momento.