20/04/2026
De Mexicali a la Zona Costa: cuando la CFE y las comunidades electrificaron a Baja California
Por Jaime Cleofas Martínez Veloz
En los años en que Mexicali enfrentaba uno de los déficits de vivienda más severos del país y el calor extremo disparaba los consumos de energía eléctrica, nació un proyecto que no surgió en escritorios, sino en las colonias, en los solares polvorientos y en las oficinas de la Comisión Federal de Electricidad. Ahí, en 1991, elaboré el Programa de Acondicionamiento de Vivienda Popular, financiado por el Programa Nacional de Solidaridad y operado por el Ayuntamiento de Mexicali, entonces encabezado por Milton Castellanos Gout.
El objetivo era directo: mejorar viviendas precarias, reducir consumos eléctricos y dignificar la vida de miles de familias. Solidaridad transfirió al municipio el equivalente a un millón de dólares de la época, que se convirtieron en cimentaciones seguras, techos térmicos, materiales de construcción y procesos de autoconstrucción acompañada. Todo ello se diseñó desde el territorio, escuchando a la gente y trabajando junto a técnicos, ingenieros y cuadrillas de CFE que conocían cada callejón de la ciudad.
Mientras esto ocurría en Mexicali, en la Zona Costa —Tijuana, Tecate y la entonces delegación de Rosarito— se desarrollaba uno de los programas de electrificación popular más amplios de Baja California. Entre 1989 y 1995 se electrificaron más de 200 colonias y poblados rurales, instalando miles de postes y llevando energía a comunidades que vivían en la oscuridad.
Ese esfuerzo tuvo un liderazgo clave: el Ingeniero Carlos González Ríos, Director de la CFE en la Zona Costa. Su gestión combinó rigor técnico, sensibilidad social y una capacidad de respuesta que hoy se recuerda con respeto. Bajo su dirección, la electrificación dejó de ser un trámite burocrático y se convirtió en un acto de justicia territorial.
Las fotografías de aquellos años lo confirman:
cuadrillas trepando postes con equipo mínimo, reuniones comunitarias bajo la noche, mapas extendidos sobre mesas improvisadas, niños y familias presenciando la llegada de la luz como un acontecimiento colectivo. No eran ceremonias: eran jornadas de trabajo donde la comunidad y la CFE se encontraban sin intermediarios.
Las colonias emblemáticas electrificadas
Los documentos oficiales registran colonias que hoy forman parte de la memoria urbana de la región:
Tijuana
• Buenos Aires Norte y Sur
• Sánchez Taboada (varias secciones)
• Lomas de la Amistad
• Divina Providencia
• El Florido (I, II, III y IV etapas)
• Camino Verde (Polígonos I al VII, La Escondida, Rinconada Verde)
• Las Torres
• Pedregal de Santa Julia
• Nido de Águilas
• Cumbres del Rubí
• Genaro Vázquez
• Colinas de la Mesa
• Ignacio Zaragoza
• Campos, Chihuahua, Miramar, Cañón de las Rosas, Cañón de las Carretas
• 3 de Octubre (varias etapas)
• Tierra y Libertad
• Rincón de Otay
Tecate
• Colonia Morelos
• Miguel Alemán
• Fraccionamiento Cucapah
• Rincón Tecate
• Jardines del Río
• Militar Ampliación
• Ejido Carmen Serdán
• Ejido Hindú (secciones carretera y cafetalera)
• La Rumorosa (ampliaciones)
• Jacumé
Rosarito (entonces delegación de Tijuana)
• Constitución (Secciones 1 y 2)
• Rancho Chula Vista
• Defensores del Polígono III
• El Pípila (1ª etapa)
Cada poste instalado representó más que infraestructura: significó seguridad, salud, educación nocturna y la posibilidad de que miles de familias construyeran un futuro distinto.
El rostro humano de la electrificación
Las fotos de aquellos años muestran algo que hoy parece lejano:
comunidades enteras participando en la instalación de los primeros postes; trabajadores de CFE explicando trazos y rutas eléctricas frente a mapas improvisados; niños observando cómo la luz llegaba por primera vez a su calle.
Ese trabajo lo hicieron personas concretas, muchas de ellas hoy jubiladas y afectadas por la reforma a las pensiones. Yo las conocí en su mejor momento: cuando electrificar una colonia era un acto de servicio público, no un privilegio.
Por eso las acompaño ahora. Porque la memoria también es una forma de justicia. Porque quienes electrificaron a México no representan un exceso, sino un patrimonio humano del país. Y porque la dignidad que ellos llevaron a miles de hogares es la misma dignidad que hoy defendemos para ellos.