La creación formal de la ANUIES es producto de una década de maduración de la idea relativa a que las casas de estudio de la época, muy pocas, debían integrarse en un organismo que las aglutinara. Tal idea se planteó en 1940, cuando a iniciativa de la UNAM y de su rector, Gustavo Baz, se llevó a cabo en la Ciudad de México la Primera Asamblea Nacional de Rectores. En los años siguientes, 1941 y 19
43, se verificaron la segunda y tercera asambleas nacionales, mismas que, al igual que la primera, tenían el propósito de intercambiar experiencias, abordar algunos problemas (financiamiento y el bachillerato), así como prefigurar las características de una organización permanente de ese conjunto. Estas reuniones se realizaron en Guadalajara y Monterrey, respectivamente. La Cuarta Asamblea Nacional, en San Luis Potosí en 1944, continúa con las temáticas específicas (ahora, la orientación vocacional), pero, adicionalmente, da un paso trascendental: nombrar una comisión que elabore la propuesta que permita crear lo que después sería la ANUIES. Son los años de la guerra y, también los de la escasez de recursos públicos. La ideología de unidad nacional, que en materia política le había servido al régimen para atemperar o posponer conflictos políticos en la nación, se daba también en el terreno universitario. Lo logrado por el presidente Ávila Camacho en 1942, reunión de todos los expresidentes (incluidos Lázaro Cárdenas y Plutarco Elías Calles) era un factor de demostración que podría repetirse en el terreno de la educación superior. Sin embargo, la frugalidad de los presupuestos universitarios pospuso por un tiempo la verificación de una nueva reunión de esa naturaleza. Fue hasta 1948, en Oaxaca, en el marco de la Quinta Asamblea, a finales del segundo año del gobierno de Miguel Alemán, que se retoma con nuevos bríos lo iniciado ocho años antes. La agenda de trabajo de la reunión mostraba ya muchas de las cuestiones que bullían en el país al amparo de un régimen que, aprovechando la posguerra, estaba listo para la industrialización y, con ella, el despegue económico. La Asamblea abordó cuestiones relativas a: problemas que confrontaba la enseñanza universitaria, la necesidad de implantar nuevas carreras universitarias, la importancia de un programa de becas para estudiantes, los problemas del profesorado universitario, las posibilidades de intercambio de personal docente, así como aprovechar las pautas y programas provenientes de la naciente UNESCO para impulsar el desarrollo de la educación superior. No obstante la importancia de todo lo anterior, el punto fuerte y trascendental de esta reunión fue aprobar la agenda que permitiera celebrar la Reunión Constitutiva de la ANUIES, ya con ese nombre. Ese último propósito se cumplió 15 meses más tarde, en Hermosillo, cuando la Universidad de Sonora y su rector, Alfonso Castellanos Idiáquez, recibieron a los 26 representantes de universidades o institutos que estuvieron presentes en esa cita histórica para la educación superior nacional. En primer lugar se constituyó la ANUIES y, acto seguido, se llevó a cabo la Primera Reunión Ordinaria de su Asamblea General. Ahí se aprobaron los estatutos de la naciente organización; se designó al rector de la UNAM, Luis Garrido, como su primer presidente; se sugirió que su sede sería la Ciudad de México; se acuerda la celebración de una reunión especial que aborde el problema del bachillerato, y —signo de los tiempos, otros tiempos— se fija la cuota de cooperación para instituciones afiliadas en ¡100 pesos anuales!, exhortándose a las instituciones de mayor capacidad económica “a hacer aportaciones de mayor cuantía”. Entre los 64 firmantes del Acta Constitutiva estaban mexicanos que se distinguirían en la educación superior, la academia y la política en los siguientes años. Aquí se mencionan algunos de ellos: Luis Garrido, Juan González Alpuche, Raúl Cardiel Reyes, Fernando Abarca, Eusebio Mendoza, Armando Olivares, Francisco Carmona Nenclares, Raúl Rangel Frías, Efrén del Pozo, Rodolfo Monjarás Buelna, Manuel Bartlett, Agustín Yáñez, Alejandro Guillot, Luis Weckman y Eduardo Nicol. Un dato curioso sobre enfoque de género: del total de firmantes, sólo una mujer: Adela Formoso de Obregón Santacilia, quien durante muchos años figuró como rectora de la Universidad Femenina de México, institución ya desaparecida.
¿Quién de los presentes en ese momento histórico hubiera imaginado, o sospechado siquiera, lo que sería la ANUIES seis décadas después? En la época la población del país era de 25 millones, la matrícula de educación superior ascendía a 32 mil estudiantes (3 mil 800 de ellos mujeres, 12 por ciento), las 26 instituciones fundadoras representaban 75 por ciento de la matrícula nacional en educación superior, y, de los jóvenes en edad de concurrir las aulas universitarias, sólo 1.3 por ciento de ellos tenía acceso efectivo a las mismas. Otro México, otras circunstancias, otra ANUIES. No obstante la modestia en la cual nace, la Asociación tiene ya trazadas, en su estatuto fundador, las finalidades que van a quedar como tareas permanentes en las siguientes seis décadas. Entre ellas: el estudio de los problemas generales de la enseñanza superior y la adopción de políticas y recomendaciones que mejoren sus servicios; el intercambio de profesores y de alumnos, así como el intercambio de publicaciones y materiales de enseñanza y de investigación; promover la especialización de los conocimientos que se impartan en las afiliadas, de acuerdo con las características regionales.