20/03/2026
SAN JOSÉ
Lc. 2, 41-51a
San José experimenta la pérdida y el hallazgo de Jesús en el templo. José no pronuncia palabras, pero su paternidad se revela con una elocuencia silenciosa, hecha de presencia, búsqueda, angustia y fidelidad. El texto dice que subían cada año a Jerusalén. José es un padre que educa con el ejemplo, que introduce a Jesús en la fe viva del pueblo. La paternidad no es solo biológica; es, ante todo, una misión para transmitir sentido, raíces, pertenencia. José no solo cuida a Jesús, lo forma, lo acompaña, lo introduce en la historia de Dios con su pueblo.
Jesús se queda en el templo y ellos no lo saben. Podemos imaginar la angustia de José, su responsabilidad herida: “¿Cómo no me di cuenta? ¿Cómo lo perdí?” Hay momentos en los que los hijos se nos “escapan”, no porque los hayamos descuidado, sino porque empiezan a responder a una llamada que los supera y que también supera a sus padres. Cuando lo encuentran, María habla, pero José está ahí, sosteniendo la situación, compartiendo el dolor y el desconcierto. Y Jesús responde con palabras que descolocan: “¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?” José escucha eso y calla. Y en ese silencio hay una lección: el verdadero padre sabe que no es dueño del hijo. Sabe dar un paso atrás para que el hijo dé un paso hacia su vocación.
El Papa Francisco habla de José como “padre en la ternura”, “padre en la obediencia” y “padre en la sombra”. un padre que no se impone, que no ocupa el centro, que no vive para ser reconocido, sino para que el hijo crezca. José supo aceptar que su hijo no le pertenecía. Y esto ilumina nuestra paternidad -biológica, espiritual, pastoral- que corre el riesgo de querer poseer, controlar, definir la vida del otro. José, nos enseña a custodiar sin aprisionar, a guiar sin dominar, a amar sin condiciones. Es un padre que busca a Jesús por Tres días. No se resigna. No dice: “ya se arreglará”. La paternidad no abandona, no se desentiende, no se cansa de buscar, incluso cuando no entiende. Los padres -en la familia, en la Iglesia, en la sociedad-están llamados a no rendirse ante la distancia, la rebeldía o el silencio de sus hijos., José acepta no entender del todo: “ellos no comprendieron lo que les decía”. La paternidad no exige tener todas las respuestas. A veces es permanecer fiel aun en la oscuridad, confiar en que Dios está obrando en el hijo, incluso más allá de lo que uno puede comprender. Hoy, pedimos aprender esta paternidad que acompaña sin invadir, que corrige sin humillar, que forma sin imponer, que ama sin poseer. Todos, estamos llamados a ser padres en la familia, en la comunidad, en la fe.
El mundo necesita urgentemente esta paternidad al estilo de José: firme y tierna, silenciosa pero decisiva, humilde pero profundamente fecunda.
Oremos: Señor, que nos diste en San José un padre justo y fiel, enséñame a cuidar la vida que me confías sin querer dominarla. Dame un corazón paciente para buscar, humilde para aceptar y fuerte para acompañar. Que, como José, sepa hacerme a un lado para que otros crezcan según tu voluntad. Amén.
P. Beto CSB
IA/ 19326