17/04/2026
Desarrollo de la habilidad lectora de comprensión
JUSTIFICACIÓN
Sin duda alguna podemos afirmar que la deficiente comprensión lectora es una de los mayores obstáculos para la formación en la educación y el desarrollo de competencias en los adultos, ya que este proceso es la base de habilidades cognitivas, como lo es interpretar el mensaje que está trasmitiendo el escritor, para lo cual se requieren de estrategias y técnicas que nos ayuden a lograr una buena lectura.
Un buen nivel en la habilidad para comprender la lectura incrementa las habilidades, capacidades y destrezas en el estudiante; despierta el pensamiento reflexivo y crítico y facilita el mayor entendimiento del tema descrito; además, mejora la capacidad individual como lector-proclamador. Alerta el pensamiento estratégico que faculta al estudiante para generar argumentos tan necesarios, por ejemplo, en la evangelización cuando enfrenta pensamientos de rechazo a la fe que profesa y desea compartir.
Las causas del por qué a los estudiantes se les dificulta desarrollar la comprensión lectora, son diversos. No profundizaré en el tema, sino que nos avocaremos a desarrollar en nosotros esta habilidad tan necesaria en los apostolados que hacen oración leyendo la palabra de Dios en voz alta- todos-; los MESC: cuando llevan la comunión a los enfermos; en el servicio como lectores durante la Misa; cuando dirigen la Celebración de la Palabra y de la hora Santa; la liturgia en la Proclamación de la Palabra; liturgia de las horas, la adoración nocturna, etc.
Desarrollar esta habilidad de la lectura de comprensión,- hasta alcanzar un nivel aceptable- no es difícil. Requiere primero que seas consciente, que reconozcas responsablemente que tú estás, por decisión propia, en el apostolado. Que te des cuenta de cuál es el sentido de tu apostolado y el deseo de que tu lectura sea, una lectura orante; requiere además, de voluntad- querer aprender –, perseverancia y seguir una guía adecuada. https://es.catholic.net/op/articulos/55985/cat/912/la-adoracion-nocturna.html
El término “educar” tiene una doble raíz latina- ambas muy gratificantes-: Educere, que significa sacar de adentro, extraer toda la riqueza que hay en la persona; o Educare, que significa nutrir, alimentar, guiar, ofrecer posibilidades para crecer y alcanzar la plenitud. Educar es despertar personas, ayudarles a desarrollar todas sus potencialidades. Se trata de propiciar la creatividad y autonomía de cada estudiante para que sea capaz de moldearse a sí mismo y hacer de su vida una verdadera obra de arte. Esto implica no solo el crecimiento intelectual, sino también el crecimiento moral y emocional. La educación busca moldear individuos capaces de tomar decisiones informadas y éticas, contribuyendo, mediante la comprensión de la palabra divina, al conocimiento de Dios, y personas plenamente vivas. Que según San Ireneo son la Gloria de Dios. Es decir, más allá de la adquisición de conocimientos académicos, la educación evangelizante cultiva el amor a Dios, la moralidad, la inteligencia emocional, la empatía y la capacidad de tomar decisiones informadas y éticas (orientadas al discernimiento); inspiran, además, a los estudiantes a cuestionar, investigar y analizar. Las aulas se convierten en espacios para el diálogo y el debate, permitiendo a los estudiantes explorar diferentes puntos de vista y construir una mentalidad crítica.
Cada persona, en su sencillez, participa con Dios en la autoría de su propia vida.
Así por la gracia y el amor de Dios el ser humano es autor, actor y también espectador, capaz, por la gracia, de mirarse en profundidad, de reflexionar y someter a crítica lo que es y va siendo, lo que hace y cómo lo hace.
Sócrates y la educación
Sócrates planteaba que la educación tenía una función de partera: ayudar a los otros, mediante preguntas pertinentes, a que den a luz la verdad, el bien, la belleza, que todos potencialmente llevamos dentro. De ahí que llamó a su método pedagógico, la mayéutica, es decir, el arte de ayudar a nacer el hombre o la mujer posible. Kant le daba a la educación un sentido muy parecido pues mantenía que la educación debe “desarrollar en cada individuo toda la perfección de que es capaz”. A su vez, María Montessori decía que “educar no es transmitir conocimientos, sino ayudar al descubrimiento del propio ser”; y J. Ruskin expresaba que “educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía”.
Las vigilias mensuales de la Adoración Nocturna (=AN) continúan la tradición de aquellas vigilias nocturnas de los primeros cristianos, si bien éstos, como sabemos, no prestaban todavía una especial atención devocional a la Eucaristía reservada.