27/03/2026
Si algún sentido tiene toda esta conmemoración tendría que ser una conmemoración de resistencia casi inexplicable del ser Jalapaneco. Capacidad de resistencia de aquellos habitantes de nuestra tierra, que se manifiestan escondidas en esas voces, las más secretas de la historia enterrada entre la arena y el agua. Pero al final, una biblia de historias de resistencia en un valle.
Como aquella historia trascurrida en 1961 en la que nuestros abuelos dejaban sus tierras que serían inundadas meses después, y reubicados en un lugar planeado a futuro pero con un muy difícil comienzo. De los padres de nuestros abuelos que supieron resistir tierras de enfrentamiento por banderas de colores y ego de los más, donde la vida del Jalapaneco valía menos que la bala con la que era ejecutado. Y mucho más antes, antes de los que estuvieron antes de nosotros; los Zapotecas y las demás culturas, aquellas comunidades originarias que fueron quemadas, cuyo culto a sus dioses les fue prohibido imponiéndoles nuevos dioses y reuniendolos entre engaños entre dos ríos, por aquellos que traían pólvora y viruela como arma.
Pero a pesar de todo, así son las historias de las grandes civilizaciones moviéndose de un lugar a otro, nómadas los llaman algunos.
Lo único "no nómada" es lo que tenemos en común; que hemos sabido guardar para la humanidad entera y no para nosotros mismos las mejores costumbres y lo mejor que nos brinda esta tierra. Que eso es la memoria de este hermoso valle llamado Jalapa del Márques antes conocido como Granero del Istmo y ahora granero de la codicia, pero mañana, si queremos, puede dejar de ser ese granero y convertirse en la casa de todos, un pueblo que el mundo quizás quiso ser, cuando todavía no lo era.