18/07/2026
Los Hilos Benditos del Divino Redentor
En el corazón de San Juan Teotihuacán se resguarda una de las tradiciones más entrañables que el pueblo ha conservado a lo largo de los siglos: la historia de los Hilos Benditos del Divino Redentor.
Hace más de doscientos años llegó a esta población, de manera temporal, una sagrada imagen de Jesucristo conocida entonces como el Divino Preso. Sin embargo, la voluntad de Dios quiso que aquella imagen permaneciera para siempre entre su pueblo. Con el paso del tiempo comenzó a ser venerada bajo el nombre de Divino Redentor, título con el que hoy es reconocida como la imagen patronal de la Diócesis de Teotihuacán.
La tradición, transmitida por los mayores de generación en generación, narra que durante las noches el Divino Redentor abandonaba silenciosamente su templo —la actual Catedral de la Diócesis de Teotihuacán— para recorrer las calles del antiguo pueblo y visitar a quienes sufrían la enfermedad, la soledad o el dolor. Su presencia llevaba consuelo, esperanza y alivio a los hogares que más lo necesitaban.
En aquellos recorridos nocturnos, sus vestiduras se enredaban entre los espinos, las piedras y los caminos de la comunidad, dejando pequeños hilos desprendidos de su túnica.
Al amanecer, los habitantes salían con profundo respeto a recoger aquellos hilos. Los guardaban con gran devoción o los llevaban consigo como un signo visible de la protección del Divino Redentor y como testimonio de que el Señor había pasado por aquellos caminos bendiciendo a su pueblo.
Hasta nuestros días, esta hermosa tradición permanece viva. Cada 15 de julio, los hilos son solemnemente bendecidos y, durante la celebración del tercer domingo de julio, son entregados a los miles de peregrinos que acuden a venerar la sagrada imagen del Divino Redentor.
Más que un simple recuerdo, estos hilos benditos representan una profunda verdad de fe: que Cristo continúa caminando junto a su pueblo, acercándose especialmente a quienes no pueden llegar hasta Él por causa de la enfermedad, la edad o cualquier otra circunstancia.
Cada hilo es un símbolo del amor de un Redentor que nunca abandona a los suyos; un signo de esperanza que recuerda que el Señor sigue saliendo al encuentro de sus hijos para consolarlos, fortalecerlos y bendecirlos con su infinita misericordia.
Porque el Divino Redentor no espera únicamente que vayamos a buscarlo; también Él sale al encuentro de quienes más lo necesitan.