31/07/2026
El estancamiento silencioso: cómo la inflación y el salario mínimo erosionaron a la veterinaria mexicana (2020-2025)
A simple vista, muchas clínicas veterinarias en México cierran cada año con ingresos "similares" a los del anterior. Ese aparente estancamiento esconde una realidad más dura: no es que el negocio no haya crecido — es que ha estado perdiendo tamaño real año con año, mientras sus costos más importantes se disparaban muy por encima de la inflación general.
La trampa del peso nominal
Entre 2020 y 2025, el Índice Nacional de Precios al Consumidor acumuló una inflación cercana al 31%.
Cualquier clínica cuyos ingresos se hayan mantenido "planos" en pesos nominales durante ese periodo en realidad perdió aproximadamente una quinta parte de su poder de compra real. Es un fenómeno fácil de pasar por alto: el estado de resultados "se ve igual" mes con mes, pero cada peso de 2025 compra menos insumos, menos renta y menos nómina que ese mismo peso en 2020. Para el gremio, esto significa que el crecimiento nominal mínimo indispensable solo para no perder terreno debió haber sido de al menos 5-8% anual — un umbral que muchas clínicas, ancladas en tarifarios desactualizados, no alcanzaron.
La presión que vino por el lado del costo, no de la demanda
El factor más determinante no fue la falta de clientes, sino el costo de operar. El salario mínimo general pasó de $123.22 a $278.80 pesos diarios entre 2020 y 2025 — un incremento nominal de 126%, equivalente a un +73% en términos reales, muy por encima de cualquier otro insumo del sector.
Para un modelo de negocio intensivo en mano de obra —recepción, asistentes, personal de piso— este incremento no es opcional ni negociable: es una obligación legal que se acumula año tras año, mientras que los tarifarios de consulta y procedimientos rara vez se ajustan con la misma disciplina.
En zonas de fuerte actividad industrial como el área metropolitana de Monterrey, el efecto se amplificó: el boom del nearshoring elevó tanto las rentas comerciales como los salarios de mercado por encima del mínimo oficial, porque los negocios de servicios compiten directamente por personal con el sector manufacturero.
El resultado es una tijera de doble filo: ingresos reales cayendo mientras el costo laboral real sube con fuerza.
Un contexto que no ayudó a invertir: Entre 2021 y 2024, Banxico mantuvo la tasa de referencia en niveles históricamente altos (hasta 11.25%), encareciendo cualquier crédito para equipo de diagnóstico, remodelación o expansión de sucursales.
Muchas clínicas postergaron inversiones de capital precisamente en el periodo en que más las necesitaban para diferenciarse — dejando al gremio compitiendo con infraestructura envejecida frente a costos operativos crecientes.
La lección para el gremio
El diagnóstico correcto no es "¿por qué no hemos crecido?", sino "¿por qué no hemos ajustado precios al ritmo real de la inflación y del salario mínimo?". La costumbre de fijar tarifarios por inercia, evitando incrementos por temor a perder clientes, ha tenido el efecto contrario: erosionar silenciosamente la rentabilidad de miles de clínicas independientes a lo largo del país.
Para el gremio veterinario organizado, esto plantea una agenda concreta: promover entre sus agremiados una revisión anual sistemática de tarifarios indexada a inflación y salario mínimo, no como un lujo administrativo, sino como condición de supervivencia financiera del sector en el mediano plazo.
Fuentes: INEGI (INPC), CONASAMI/STPS (salarios mínimos), Banco de México (tasa de referencia).
Observatorio Económico del SINAMVET