23/09/2026
Observatorio Económico SINAMVET
Más de la mitad de las familias mexicanas destina hoy la mitad de su ingreso solo a comer. El deterioro no es abstracto: se traduce en despensas más pobres, cortes de carne más baratos, menos frutas y verduras, y un gasto de bolsillo en salud que se ha disparado —no por la pandemia en sí, sino por un sistema de salud pública que sigue sin dar abasto años después.
Esta presión tiene una consecuencia directa sobre el sector veterinario que pocas veces se nombra: cuando una familia debe elegir entre su propia consulta médica y la de su mascota, la mascota pierde. Cuando el ingreso disponible se reduce a la mitad, los servicios preventivos —vacunación, desparasitación, chequeos de rutina— son los primeros en posponerse, y la consulta veterinaria pasa de ser un hábito de cuidado a un gasto de emergencia, cuando el problema ya es grave y el costo, mayor.
El resultado es una caída en la demanda que no responde a una mala percepción del servicio veterinario, sino a un ingreso familiar exprimido por el costo de los alimentos y por un gasto de salud humana que se ha vuelto impredecible. Las clínicas no compiten hoy solo entre sí: compiten por lo que le queda a cada familia después de comer y de cubrir su propia salud.
Los datos oficiales lo confirman: según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024 del INEGI, los hogares del primer decil de ingreso destinan la mitad de su ingreso a alimentos, mientras que alimentos, bebidas y tabaco concentran el 38% del gasto total de los hogares mexicanos, muy por encima de rubros como salud. Esa jerarquía de gasto es justamente la que deja a los servicios veterinarios en el último lugar de la lista cuando el presupuesto familiar se aprieta.
Para el gremio, esto tiene una lectura clara. La estabilidad del sector veterinario no puede pensarse de forma aislada del poder adquisitivo general: cae junto con él. Y mientras los costos operativos de una clínica —insumos, fármacos, equipo— siguen dolarizados o indexados a la inflación general, los ingresos de los médicos veterinarios y la disposición a pagar de los tutores se mueven con el mismo ingreso familiar comprimido que documenta el INEGI.
Entender esta cadena —presión alimentaria sobre el ingreso y su traslado directo a la demanda de servicios veterinarios— es indispensable para diseñar respuestas gremiales realistas:
Cómo la comunicación del valor preventivo, y presión institucional para que el ejercicio profesional no absorba, en soledad, los efectos de una crisis de ingreso que se originó en otra parte.
Fuente: INEGI, Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2024.