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10/11/2025

📣 Seminario virtual. Orlando Fals Borda. 100 años de vigencia
💬 Diálogos sobre Investigación Acción Participativa (IAP), paradigma holístico alternativo y proyecto político.
📆 13 de noviembre - 8 hs.

📌Expone
Normando José Suárez
📌Comenta
Tomás Rodríguez Villasante
📌Invitan:
Grupo de Trabajo CLACSO Procesos y Metodologías Participativas
Red Sentipensante
Grupo de investigación Investigación Acción y Planeación Participativa
Universidad Nacional de Colombia
🖇️ Más información e inscripción abierta y gratuita: https://www.clacso.org/actividad/seminario-virtual-orlando-fals-borda-100-anos-de-vigencia/

10/11/2025

🧠 Informe Psicoanalítico Freudiano sobre la Criatura de Victor Frankenstein
I. Datos generales
Personaje analizado: La criatura creada por Victor Frankenstein
Obra: Frankenstein o el moderno Prometeo
Autora: Mary Shelley (1818)
Corriente teórica: Psicoanálisis clásico (Sigmund Freud)
Tema: El origen del sufrimiento psíquico, la represión, el conflicto pulsional y la constitución del yo en ausencia del deseo del Otro.
II. Hipótesis Psicoanalítica
Desde la teoría freudiana, la criatura de Frankenstein representa el resultado simbólico del retorno de lo reprimido y la escisión del sujeto que surge cuando el deseo inconsciente no encuentra reconocimiento.
El monstruo encarna los impulsos instintivos (el Ello) rechazados por su creador y por la sociedad, viviendo un conflicto constante entre la pulsión de vida (Eros) —su deseo de amor y pertenencia— y la pulsión de muerte (Thanatos) —su tendencia destructiva producto del rechazo y la frustración afectiva.
III. Análisis del caso
1. Origen traumático: el nacimiento sin deseo
Freud plantea que la identidad del sujeto comienza con el deseo parental: el niño nace ya inscrito en el deseo del Otro, lo que le permite constituir su yo.
La criatura de Frankenstein nace fuera de todo deseo humano, producto de la razón y no del amor.
Esta falta de deseo originario genera una herida narcisista primaria, pues no hay una mirada amorosa que lo reconozca como sujeto.
En términos clínicos, el monstruo experimenta una orfandad simbólica, lo que impide el desarrollo de un yo estable y lo sume en una constante búsqueda de identidad.
“No había nadie que me amara, ni nadie que reclamara mi existencia.”
(Shelley, 1818)
Este enunciado expresa su condición de sujeto no deseado, lo que en Freud se relaciona con el complejo del abandono y la formación de un yo debilitado por la falta de investidura libidinal primaria.
2. El conflicto pulsional: Eros vs. Thanatos
La criatura es el escenario donde se enfrentan las dos grandes fuerzas descritas por Freud: Eros (vida, amor, unión) y Thanatos (muerte, destrucción, desintegración).
Eros: Se manifiesta en su deseo genuino de amar y ser amado, su intento por aprender el lenguaje, comprender a los humanos y formar un vínculo afectivo.
El monstruo busca desesperadamente el contacto con el Otro, lo que evidencia su necesidad de ligadura libidinal.
Thanatos: Tras ser rechazado reiteradamente, la pulsión amorosa se invierte en agresión. El dolor psíquico se transforma en venganza.
En términos freudianos, el impulso de destrucción se dirige hacia afuera como defensa ante la autoagresión.
La criatura comienza entonces a actuar movida por una identificación con el agresor, repitiendo el mismo rechazo que sufrió.
"Si no puedo inspirar amor, causaré miedo.”
(Shelley, 1818)
Esta frase revela la inversión pulsional: el amor frustrado se transforma en odio como mecanismo defensivo ante la herida narcisista.
3. El retorno de lo reprimido y la proyección del Ello
Desde la teoría freudiana, el monstruo puede entenderse como el retorno material de lo reprimido de Victor Frankenstein.
Todo lo que el creador rechaza en sí mismo —sus deseos de poder, su ambición, su culpa, su agresividad— vuelve bajo la forma del ser monstruoso.
En términos metapsicológicos, la criatura es la proyección del Ello del científico: pura pulsión, sin mediación del superyó ni regulación del yo.
Sin embargo, el monstruo también desarrolla su propio conflicto interno: su Ello (deseo de gratificación inmediata) choca con su superyó emergente (conciencia moral adquirida tras observar a los humanos).
Esta tensión genera angustia neurótica, manifestada en sus reflexiones sobre el bien, el mal y la culpa.
“Yo era bueno; la desgracia me hizo malvado.”
(Shelley, 1818)
Aquí se expresa el paso de la inocencia pulsional al conflicto moral, que Freud describe como el origen de la culpa inconsciente.
4. Narcisismo herido y búsqueda del amor
La criatura atraviesa una etapa de narcisismo primario, en la cual intenta amarse a sí misma a través de la mirada del Otro.
Pero al ser rechazada, ese narcisismo se fractura. Freud diría que el sujeto, al no poder ser amado, vuelve la libido hacia sí mismo y la transforma en hostilidad hacia el mundo.
Este proceso puede entenderse como una regresión narcisista, típica de los cuadros melancólicos o paranoides.
La necesidad de crear una compañera (“una Eva para su soledad”) refleja el intento de reparar su narcisismo herido mediante una nueva investidura libidinal.
Cuando Frankenstein niega esa posibilidad, el monstruo rompe con el principio de realidad y se entrega a la pulsión de muerte.
5. La culpa y el castigo
Aunque el monstruo comete actos violentos, experimenta una culpa inconsciente similar a la descrita por Freud en El yo y el ello (1923).
No busca solo venganza, sino también castigo.
Cada as*****to funciona como una expresión desplazada de su deseo de morir, de eliminar el dolor de existir sin amor.
Así, la pulsión de muerte no solo destruye a los otros, sino que se dirige también contra sí mismo.
Su final —la autodestrucción— puede interpretarse como el cierre del circuito pulsional: la vuelta de la energía libidinal hacia la nada, hacia el reposo absoluto de Thanatos.
IV. Conclusión
Desde el psicoanálisis freudiano, la criatura de Frankenstein encarna el drama esencial del inconsciente humano: el deseo de ser amado frente a la imposibilidad de obtenerlo.
Su existencia está marcada por:
Una orfandad simbólica (nace sin deseo parental).
Un yo frágil, incapaz de mediar entre las pulsiones del Ello y las exigencias del mundo externo.
Un conflicto constante entre Eros y Thanatos, entre el amor y la destrucción.
Una culpa inconsciente que lo conduce a su propia aniquilación.
El monstruo no es, por tanto, un ser malvado en sí, sino un sujeto trágico dominado por las fuerzas inconscientes que Freud reconocería en todo ser humano: la tensión eterna entre la vida y la muerte, el deseo y la represión.
V. Referencias bibliográficas
Freud, S. (1915). Pulsiones y destinos de pulsión.
Freud, S. (1917). Duelo y melancolía.
Freud, S. (1920). Más allá del principio del placer.
Freud, S. (1923). El yo y el ello.
Shelley, M. (1818). Frankenstein o el moderno Prometeo.

Sergio Rodriguez Bonilla

Estamos retomando diplomado en pastoral del cuidado al que te invitamos a participar; estás cordialmente invitad@ a inte...
03/11/2025

Estamos retomando diplomado en pastoral del cuidado al que te invitamos a participar; estás cordialmente invitad@ a integrarte en este espacio de capacitación que se llevará a cabo los martes de noviembre.
Toda la información se encuentra en la publicidad y cualquier duda que tengas no dudes en compartirla.

Esperamos poder contar con tu asistencia a este espacio que ha sido trabajado en cariño y oración.

¡Bendiciones!

04/09/2025

𝐔𝐧𝐚 𝐕𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐂𝐫𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐝𝐞𝐥 ❞𝐏𝐫𝐢𝐧𝐜𝐢𝐩𝐢𝐨 𝐑𝐞𝐠𝐮𝐥𝐚𝐝𝐨𝐫❞ 𝐝𝐞 𝐉𝐨𝐡𝐧 𝐅𝐫𝐚𝐦𝐞: 𝐔𝐧𝐚 𝐂𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐨𝐧 𝐉𝐞𝐫𝐞𝐦𝐢𝐚𝐡 𝐁𝐮𝐫𝐫𝐨𝐮𝐠𝐡𝐬 𝐲 𝐥𝐚 𝐂𝐨𝐧𝐟𝐞𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐅𝐞 𝐝𝐞 𝐖𝐞𝐬𝐭𝐦𝐢𝐧𝐬𝐭𝐞𝐫

El "principio regulador del culto" ha sido una piedra angular de la teología reformada, especialmente en la fe puritana y presbiteriana. Este principio sostiene que en el culto cristiano solo se debe hacer lo que Dios ha ordenado explícitamente en las Escrituras. Sin embargo, en su ensayo "A Broader View of the Regulative Principle" (Una visión más amplia del principio regulador) 𝑱𝒐𝒉𝒏 𝑭𝒓𝒂𝒎𝒆 𝒑𝒓𝒐𝒑𝒐𝒏𝒆 𝒖𝒏𝒂 𝒊𝒏𝒕𝒆𝒓𝒑𝒓𝒆𝒕𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝒎𝒂́𝒔 𝒇𝒍𝒆𝒙𝒊𝒃𝒍𝒆, argumentando que este principio puede y debe ser adaptado para responder a la diversidad de contextos culturales y situaciones de la iglesia contemporánea. A primera vista, esta postura parece una invitación a la relevancia y contextualización. Sin embargo, cuando se contrasta con la enseñanza puritana, especialmente la de Jeremiah Burroughs, y con la Confesión de Fe de Westminster, surgen serios conflictos doctrinales y errores teológicos.

𝑬𝒍 𝑷𝒓𝒊𝒏𝒄𝒊𝒑𝒊𝒐 𝑹𝒆𝒈𝒖𝒍𝒂𝒅𝒐𝒓 𝒔𝒆𝒈𝒖́𝒏 𝒍𝒂 𝑪𝒐𝒏𝒇𝒆𝒔𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝑭𝒆 𝒅𝒆 𝑾𝒆𝒔𝒕𝒎𝒊𝒏𝒔𝒕𝒆𝒓

La Confesión de Fe de Westminster, un documento fundamental para la teología reformada, presenta el principio regulador en su capítulo 21, "De la adoración religiosa y del día de reposo". En el párrafo 1, se establece:

> “La luz de la naturaleza muestra que hay un Dios, quien tiene el señorío y la soberanía sobre todos, es justo y bueno, y hace bien a todos, y por tanto debe ser temido, amado, alabado, invocado, creído y servido con todo el corazón, con toda el alma, y con todas las fuerzas. Pero la manera aceptable de adorar al verdadero Dios está instituida por Él mismo, y tan limitada por Su propia voluntad revelada, que Él no puede ser adorado según las imaginaciones y dispositivos de los hombres, ni según las sugestiones de Satanás, bajo ninguna representación visible, o de cualquier otro modo no prescrito en las Sagradas Escrituras.”

La Confesión es clara en afirmar que cualquier acto de adoración no prescrito en las Escrituras está prohibido. Este principio tiene raíces profundas en la reforma protestante, siendo una reacción directa contra los abusos litúrgicos de la Iglesia Católica Romana, donde se añadieron prácticas de adoración no bíblicas basadas en tradiciones humanas.

𝑱𝒆𝒓𝒆𝒎𝒊𝒂𝒉 𝑩𝒖𝒓𝒓𝒐𝒖𝒈𝒉𝒔 𝒚 𝒆𝒍 𝑷𝒓𝒊𝒏𝒄𝒊𝒑𝒊𝒐 𝑹𝒆𝒈𝒖𝒍𝒂𝒅𝒐𝒓

Jeremiah Burroughs, un prominente puritano inglés, fue un defensor ferviente del principio regulador. En su obra "Gospel Worship", Burroughs establece que la adoración debe ser conforme a la voluntad de Dios tal como está revelada en las Escrituras. Cualquier desviación, aunque parezca mínima o inofensiva, es vista por Burroughs como una grave infracción de la pureza del culto divino.

Burroughs enfatiza que Dios no solo debe ser adorado de acuerdo con Su naturaleza y atributos, sino también en la forma que Él mismo ha establecido. Esto es esencial para preservar la santidad y reverencia del culto, evitando que se convierta en una expresión de la creatividad humana en lugar de una respuesta obediente a la revelación divina.

𝑳𝒂 𝑷𝒓𝒐𝒑𝒖𝒆𝒔𝒕𝒂 𝒅𝒆 𝑱𝒐𝒉𝒏 𝑭𝒓𝒂𝒎𝒆: 𝑼𝒏𝒂 𝑽𝒊𝒔𝒊𝒐́𝒏 𝑴𝒂́𝒔 𝑨𝒎𝒑𝒍𝒊𝒂

En "A Broader View of the Regulative Principle", Frame argumenta que el principio regulador debe ser interpretado de manera más flexible para permitir una mayor diversidad en la expresión del culto cristiano. Según Frame, el principio no se limita a lo que está explícitamente ordenado en las Escrituras, sino que también abarca aquello que puede deducirse lógicamente o aplicarse a partir de principios bíblicos generales.

Frame sugiere que esta interpretación permite que la iglesia sea más adaptable y relevante en un mundo cambiante, sin comprometer la autoridad de las Escrituras. En su visión, las prácticas de culto que no están específicamente prohibidas por las Escrituras podrían ser aceptables si son consistentes con la teología bíblica general y si ayudan a la iglesia a cumplir su misión.

𝑪𝒐𝒏𝒇𝒍𝒊𝒄𝒕𝒐𝒔 𝑫𝒐𝒄𝒕𝒓𝒊𝒏𝒂𝒍𝒆𝒔 𝒚 𝑬𝒓𝒓𝒐𝒓𝒆𝒔 𝒔𝒆𝒈𝒖́𝒏 𝑩𝒖𝒓𝒓𝒐𝒖𝒈𝒉𝒔 𝒚 𝒍𝒂 𝑪𝒐𝒏𝒇𝒆𝒔𝒊𝒐́𝒏 𝒅𝒆 𝑭𝒆 𝒅𝒆 𝑾𝒆𝒔𝒕𝒎𝒊𝒏𝒔𝒕𝒆𝒓

1️⃣ 𝗖𝗼𝗻𝗳𝘂𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗠𝗮𝗻𝗱𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝗣𝗼𝘀𝗶𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀 𝘆 𝗣𝗿𝘂𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗣𝗮𝘀𝘁𝗼𝗿𝗮𝗹:

La propuesta de Frame introduce una ambigüedad peligrosa al no diferenciar adecuadamente entre los mandamientos positivos de Dios para el culto y las decisiones de prudencia pastoral. Burroughs y la Confesión de Westminster enseñan que el culto es una cuestión de mandamiento positivo, es decir, Dios ha revelado explícitamente cómo desea ser adorado. Frame, al abrir la puerta a lo que no está prohibido, confunde esta distinción, sugiriendo que las decisiones humanas basadas en la prudencia pueden tener el mismo peso que los mandamientos divinos.

2️⃣ 𝗗𝗲𝘀𝘃𝗶𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗦𝘂𝗳𝗶𝗰𝗶𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗘𝘀𝗰𝗿𝗶𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹:

La Confesión de Westminster y Burroughs sostienen que las Escrituras son suficientes para guiar toda la vida cristiana, incluida la adoración. La postura de Frame, al permitir prácticas de culto no prescritas explícitamente, parece socavar esta suficiencia. Según Burroughs, añadir o quitar algo del culto establecido por Dios es usurpar Su autoridad, lo que contradice la doctrina de la suficiencia escritural.

3️⃣ 𝗥𝗶𝗲𝘀𝗴𝗼 𝗱𝗲 𝗜𝗻𝗻𝗼𝘃𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗛𝘂𝗺𝗮𝗻𝗮 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗖𝘂𝗹𝘁𝗼:

Al abrir la puerta a la inclusión de prácticas basadas en la deducción o en principios generales, Frame corre el riesgo de introducir innovaciones humanas en el culto, algo contra lo cual Burroughs advierte severamente. Para Burroughs, cualquier innovación, aunque esté bien intencionada, corre el riesgo de corromper el culto y alejarlo de la pureza que Dios exige.

4️⃣ 𝗖𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝗱𝗶𝗰𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗮 𝗥𝗲𝗴𝗹𝗮 𝗱𝗲 𝗢𝗿𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗖𝘂𝗹𝘁𝗼:

Burroughs y la Confesión de fe de Westminster son claros en que Dios debe ser adorado solo como Él lo ha prescrito. Frame, al ampliar lo que es permisible en el culto, contradice este principio, introduciendo la idea de que lo que no está prohibido puede ser permitido, lo que es una inversión del principio regulador tradicional.

𝑭𝒊𝒏𝒂𝒍𝒊𝒛𝒂𝒏𝒅𝒐:

𝐄𝐥 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐉𝐨𝐡𝐧 𝐅𝐫𝐚𝐦𝐞 𝐝𝐞 𝐨𝐟𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫 ❞𝐮𝐧𝐚 𝐯𝐢𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐦𝐚́𝐬 𝐚𝐦𝐩𝐥𝐢𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐢𝐧𝐜𝐢𝐩𝐢𝐨 𝐫𝐞𝐠𝐮𝐥𝐚𝐝𝐨𝐫❞ puede parecer un esfuerzo por hacer que la adoración cristiana sea más relevante y adaptable, pero cuando se contrasta con la enseñanza de Jeremiah Burroughs y la Confesión de Fe de Westminster, se hace evidente que 𝐢𝐧𝐭𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐞 𝐬𝐞𝐫𝐢𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐥𝐢𝐜𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐨𝐜𝐭𝐫𝐢𝐧𝐚𝐥𝐞𝐬. 𝐅𝐫𝐚𝐦𝐞 𝐬𝐨𝐜𝐚𝐯𝐚 𝐥𝐚 𝐜𝐥𝐚𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐲 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐫𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐫𝐢𝐧𝐜𝐢𝐩𝐢𝐨 𝐫𝐞𝐠𝐮𝐥𝐚𝐝𝐨𝐫 𝐚𝐥 𝐩𝐞𝐫𝐦𝐢𝐭𝐢𝐫 𝐩𝐫𝐚́𝐜𝐭𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐜𝐮𝐥𝐭𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐧 𝐞𝐱𝐩𝐥𝐢́𝐜𝐢𝐭𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐨𝐫𝐝𝐞𝐧𝐚𝐝𝐚𝐬 𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐄𝐬𝐜𝐫𝐢𝐭𝐮𝐫𝐚𝐬, lo que puede llevar a una peligrosa erosión de la pureza y simplicidad del culto divino. Los puritanos, como Burroughs, y los teólogos de 𝐖𝐞𝐬𝐭𝐦𝐢𝐧𝐬𝐭𝐞𝐫, 𝐬𝐨𝐬𝐭𝐞𝐧𝐝𝐫𝐢́𝐚𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐞 𝐞𝐧𝐟𝐨𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐞𝐬 𝐞𝐫𝐫𝐨́𝐧𝐞𝐨, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐞𝐬 𝐩𝐨𝐭𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐥𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐚𝐧̃𝐢𝐧𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐲 𝐥𝐚 𝐬𝐚𝐥𝐮𝐝 𝐞𝐬𝐩𝐢𝐫𝐢𝐭𝐮𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐢𝐠𝐥𝐞𝐬𝐢𝐚.

En la fe reformada, el principio regulador no es un concepto que deba ser diluido o expandido para adaptarse a las preferencias culturales, sino un baluarte que protege la adoración divina de la contaminación humana. Frame, al proponer una ampliación de este principio, corre el riesgo de abrir la puerta a las mismas prácticas que la Reforma buscó corregir, alejándose del mandato bíblico de adorar a Dios únicamente de acuerdo con Su palabra revelada.

Y tu: ¿𝗹𝗲 𝗰𝗿𝗲𝗲𝘀 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝟭𝟮𝟭 𝗴𝗿𝗮𝗻𝗱𝗲𝘀 𝘁𝗲𝗼́𝗹𝗼𝗴𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗪𝗲𝘀𝘁𝗺𝗶𝗻𝘀𝘁𝗲𝗿 𝗼 𝗮 𝘂𝗻 𝘁𝗲𝗼́𝗹𝗼𝗴𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝗺𝗽𝗼𝗿𝗮́𝗻𝗲𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝘀𝗲 𝗱𝗮 𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝘀𝘂𝘀 𝗲𝗿𝗿𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗼𝗰𝘁𝗿𝗶𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀?

❞𝐓𝐨𝐝𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐮𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐢𝐧𝐯𝐞𝐧𝐭𝐚𝐫 𝐮𝐧𝐚 𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐝𝐞 𝐜𝐮𝐥𝐭𝐨 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬 𝐡𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐥𝐞𝐜𝐢𝐝𝐨, 𝐞𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐨𝐟𝐞𝐧𝐬𝐚 𝐠𝐫𝐚𝐯𝐞 𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐢𝐧𝐟𝐫𝐚𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐬𝐚𝐧𝐭𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐝𝐞 𝐃𝐢𝐨𝐬.❞ (𝐈𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐑𝐞𝐥𝐢𝐠𝐢𝐨́𝐧 𝐂𝐫𝐢𝐬𝐭𝐢𝐚𝐧𝐚, 𝐋𝐢𝐛𝐫𝐨 𝐈𝐕, 𝐂𝐚𝐩𝐢́𝐭𝐮𝐥𝐨 𝟏𝟎, 𝐒𝐞𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝟑𝟐).
✍🏼 𝓙𝓸𝓱𝓷 𝓒𝓪𝓵𝓿𝓲𝓷

26/08/2025

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