25/04/2025
NOS ENVIAN LOS SIGUIENTE Hoy fuimos testigos de un hecho lamentable en la Clínica de Medicina Familiar de Ecatepec de Morelos, ubicada en Isabel Católica s/n esquina Agricultura, Col. El Calvario, C.P. 55000.
Un señor mayor de edad fue víctima de maltrato físico, verbal y emocional por parte de la responsable del área de ultrasonido, Maricela G. Santillán.
Todo comenzó cuando el señor iba a pasar a su ultrasonido, pero se tardó unos segundos en entregar su carnet. La señora Maricela, molesta por esa mínima tardanza, le arrebató los papeles de forma agresiva y le reclamó que “debía tener todo en orden”. Él, con educación, le dijo que no le hablara así, que era muy humillante el trato que estaba recibiendo, que no era un perro y que por favor fuera amable, ya que tenía problemas en la cadera y no podía moverse con facilidad. Como respuesta, ella le metió a la fuerza su carnet en la bolsita que traía y le gritó que no lo iba a atender.
Ante esta escena, varios pacientes presentes alzamos la voz en protesta y exigimos respeto y justicia. Sin embargo, Maricela se metió a su consultorio y no volvió a salir hasta 30 minutos después, cuando llamó al señor. Yo me ofrecí a acompañarlo porque él mismo suplicó no entrar solo. La señora me negó el paso alegando que era “familiar” y cerró la puerta dejándome adentro. Otra paciente que estaba dentro confirmó que los gritos continuaron, y al salir, el señor llorando expresó que no podía ni acostarse debido a sus problemas de espalda y cadera. Salió entre lágrimas diciendo que no entendía por qué lo trataban así, que él no era un mendigo.
Cabe recalcar que mientras yo intentaba consolarlo, varios pacientes continuamos gritando a Maricela que diera la cara y ofreciera una disculpa. Estuvimos más de tres horas sin una sola respuesta por parte de alguna autoridad. El director, aunque fue buscado por varios pacientes, nunca apareció. La coordinadora —al parecer de nombre Erin— salió brevemente, dijo unas palabras vagas y desapareció. La trabajadora social le cuestionó al señor por qué había acudido solo, y él respondió que su esposa también es mayor y trabaja.
Yo misma hice un llamado al 911, llegaron las patrullas, pero nos explicaron que no podían hacer nada al no haber pruebas de agresión física, y que debía acudirse directamente a la fiscalía. Aun así, los oficiales acompañaron al señor hasta que llegó su transporte.
Es importante mencionar que este fue apenas el segundo paciente en ser atendido del día, siendo que el personal ingresa a las 7 u 8 a.m. y eran ya las 9 a.m. cuando comenzaron a recibir gente. Los servicios de rayos X no estaban en funcionamiento a esa hora, y solo iban a atender alrededor de 20 estudios en el día, lo que representa únicamente a seis pacientes, considerando que cada uno se realiza entre 4 y 5 estudios. Es indignante que, con esa mínima carga laboral, el personal justifique maltratos de este tipo.
La señora Maricela salió después del estudio con el paciente, fingiendo una actitud tranquila y amable, diciéndole que no podía irse sin un familiar. Yo me acerqué a ella y le grité que ya de nada servía fingir amabilidad si todos habíamos escuchado los gritos dentro del consultorio. Le grité: “¡Sin aparentar, sin aparentar!” y ella huyó cerrando la puerta de su consultorio. Al irse, le grité: “¡Pero sin llorar, sin llorar, eh!” —pues el único que había llorado había sido el señor, y ella no tenía derecho moral a llorar después del trato que dio.
También se debe mencionar que la señora de lentes, presunta coordinadora, ya había sido avisada desde los primeros actos de agresión, pero no bajó hasta que los gritos de los pacientes eran imposibles de ignorar. Cuando por fin bajó, ya era insostenible mantener la imagen de “buen trato”, y todo resultó una reacción hipócrita y forzada.
Finalmente, aunque la trabajadora social supuestamente llamó a la esposa del paciente, no hay constancia de eso. El señor se fue solo, por su propio pie, y no se supo más de la supuesta ayuda prometida. Todo quedó en una falsa amabilidad inicial, seguida de una total ineficacia y abandono.
Esto no puede seguir ocurriendo. Nadie merece ser tratado con humillación, mucho menos una persona mayor, en un centro de salud público. Exigimos justicia, respeto y un verdadero compromiso de las autoridades de salud.
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