Omar Ferat

Omar Ferat Página personal de Facebook.

Trabajando siempre en ello...
28/05/2026

Trabajando siempre en ello...

¿De qué te preocupas? Vive el presente.
En algún momento todo "dejará de existir", tus preocupaciones, los pensamientos y emociones que te someten, hasta el creer que te mueres por desamor.
¿Tienes miedo de perder algo? Neutraliza el temor, nada nos pertenece.
¿Tienes alguna enfermedad? No existe algo que no tenga cura, sólo ha sido ocultada por un grupo de personas que creen dominar el mundo.
Incluso el perder personas, aunque es muy difícil, no tendría que preocuparte... Por eso disfruta cada momento, haz que valga la pena cada segundo. Observa a tus seres queridos, ayúdalos con lo que en tus manos esté, y no te apegues a que deban seguir tus consejos; brindar libertad es una de las formas más potentes de amar.
También gánale al rencor, al resentimiento, perdona, libérate a ti mismo. Vence esos celos que sólo te apartan de quien amas, ámate a ti mismo primero. Y predica con el ejemplo desde la bondad, respeto, empatía, y el amor en general, que sabemos que habita en nosotros pero no siempre nos permitimos mostrar.🙏✨🫂❤️

✍️Autor: 👁️

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01/04/2026

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Hablas de luz, pero en tus actos sigues proyectando sombra.

Repites palabras sagradas como si fueran escudos, pero no te protegen… porque no las encarnas. Las citas no transforman a nadie. Lo que transforma es la forma en la que miras, en la que hablas, en la que tratas a quien no puede darte nada a cambio.

Es fácil parecer despierto detrás de una frase bonita. Lo difícil es no herir cuando estás herido. Lo difícil es no despreciar cuando te sientes superior. Lo difícil es ser paz… cuando por dentro aún eres guerra.

Muchos quieren parecer buenos, pocos están dispuestos a serlo.

Porque serlo implica tragarte el orgullo cuando tienes la razón. Implica guardar silencio cuando el ego exige ganar. Implica tratar con respeto incluso a quien no lo merece… porque entiendes que su ignorancia es su propio castigo.

No se trata de lo que dices, se trata de lo que vibra en ti cuando nadie te está viendo.

La vida no escucha tus publicaciones… escucha tu energía.

Y tarde o temprano, todo lo que finges se cae. Pero lo que practicas… eso se vuelve tu destino.

Si tus palabras no coinciden con tu comportamiento, no estás enseñando… estás mintiendo.

Y la mentira más peligrosa… es la que te dices a ti mismo.

✨️📷 ● Iluminarte
22/03/2026

✨️

📷 ● Iluminarte

🙏🏽
24/02/2026

🙏🏽

31/01/2026

El Ancla y las Alas

Hay momentos en la vida que no necesitan colores para brillar. Esta imagen nos recuerda que, para una hija, los brazos de un padre son el primer lugar seguro del mundo, pero también el primer trampolín hacia sus sueños.
Ser padre no es solo guiar los pasos en la tierra; es tener la fuerza para sostenerla mientras ella intenta volar y la ternura para ser el suelo firme donde siempre podrá aterrizar. En ese juego de giros y risas, se escribe un lenguaje que no necesita palabras:

• Confianza ciega: Ella se lanza al aire porque sabe que él nunca soltará sus manos.

• Fortaleza silenciosa: Él la sostiene, no para retenerla, sino para enseñarle cuán alto puede llegar.

Al final del día, los mejores recuerdos no se guardan en cajas, sino en la sensación de libertad de haber sido amados sin condiciones. Porque un padre es eso: el ancla que nos mantiene a salvo y las alas que nos enseñan a conquistar el cielo.

✍️ ● Soy papá

Historias que inspiran...
09/12/2025

Historias que inspiran...

En un barrio común de Chicago, mientras otros adolescentes aprendían a manejar, una joven trabajaba con remaches, planos y motores. No había cámaras profesionales. No había mentores famosos. Solo un garaje, herramientas prestadas y una obsesión silenciosa por entender cómo el mundo despega.

Su nombre era Sabrina González Pasterski.

Tenía catorce años cuando construyó, completamente sola, un avión monomotor funcional. Lo diseñó, lo armó pieza por pieza, lo documentó todo y luego lo hizo volar. Pasó la inspección oficial. Subió el video a internet como quien guarda una prueba, no como quien busca aplausos.

Dos años después, con dieciséis, envió su solicitud al MIT por correo.

Era latina, cubanoamericana de primera generación, proveniente de escuelas públicas, sin conexiones heredadas, sin apellido influyente. Sabía la regla no escrita que nadie necesita explicar. Personas como ella no entran. A menos que sean extraordinarias.

Ella lo era.

Aun así, el MIT la puso en lista de espera.

Ese papel la rompió. No por orgullo, sino porque todo su sueño había sido construido alrededor de ese lugar. No era solo una universidad. Era la puerta.

Entonces alguien presionó play.

Dos profesores del MIT vieron el video del avión. Vieron a una adolescente pensar como ingeniera, trabajar como mecánica y volar como piloto. No vieron una estudiante más. Vieron algo raro. Algo profundo.

Potencial real.

Llevaron el video a admisiones. El MIT miró otra vez.

Y esta vez, abrió la puerta.

Años después, Sabrina diría que, si hubiera tenido un plan alternativo, quizá no habría insistido tanto. La duda se convirtió en combustible.

Y lo que vino después desbordó cualquier expectativa.

Fue la primera mujer en ganar la Beca Orloff del MIT. Se graduó en solo tres años, todavía adolescente, con el puntaje más alto posible. Fue la primera mujer en dos décadas en egresar como la mejor estudiante de física.

Su primer artículo científico fue aceptado en veinticuatro horas. Otros esperan meses.

La NASA la buscó.
Los multimillonarios también.

Ella dijo que no.

No quería enriquecer a nadie. Quería entender el universo.

Se fue a Harvard. Estudió agujeros negros, gravedad cuántica y la estructura misma del espacio y el tiempo. A los veinticinco años, Stephen Hawking citó su trabajo.

No como promesa.
Como referencia.

Pero su historia no es solo brillantez. Es contexto.

En un campo donde las mujeres siguen siendo excepción. Donde los estudiantes latinos apenas figuran. Donde la genialidad, si viene de ciertos cuerpos, debe ser impecable o no existe.

Sabrina entendió ese peso. Se alejó del ruido. No usó redes sociales. No tuvo teléfono inteligente durante años. Mantuvo un sitio mínimo, casi austero. Solo ciencia. Nada de espectáculo.

Los medios quisieron llamarla la próxima Einstein.

Ella se negó.

Dijo que todavía estaba aprendiendo.

Esa humildad no la hizo pequeña.
La hizo precisa.

Después del doctorado en Harvard, pasó por Princeton y llegó al Perimeter Institute en Canadá, uno de los centros de física teórica más importantes del planeta. Hoy dirige investigaciones que buscan unir la física cuántica con la geometría del cosmos.

No repite a los gigantes.
Extiende la frontera.

Y cada vez que enseña, cada vez que publica, cada vez que acompaña a un estudiante, deja la puerta un poco más abierta para quien viene detrás. Para la próxima chica latina. Para el hijo de inmigrantes. Para quien se atreva a querer el universo sin pedir permiso.

El MIT no la vio al principio.

Ella los obligó a mirar de nuevo.

Y luego hizo algo más importante que entrar.

Hizo historia.

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