Unión de Asociaciones Ciclistas de Querétaro

Unión de Asociaciones Ciclistas de Querétaro UCIQ, fundada el 18 de abril de 2013. Mujeres en Bici,Fridas en Bici, Juicy Bikers, Ciclismo Seguro Casacas Verdes. A.

Es una agrupación de asociaciones, colectivos y ciclistas independientes, que de manera formal, cotidiana y frecuente, fomentan la Movilidad no Motorizada en Querétaro. La UCIQ surge como iniciativa de agrupaciones que creyeron en la necesidad de reunir a todos aquellos que de una u otra manera creen que en Querétaro es necesario:

-Elevar la conciencia pública de respeto al ciclista.
-Capacitar

y reeducar a quienes trabajan en el ámbito del transporte Público.
-Reorientar las políticas públicas que afecten o tengan que ver con el tema de la movilidad y sustentabilidad.
-Reforzar o reorientar las reglamentaciones en la materia para ofrecer mayor seguridad y permanencia de programas en favor de estas tendencias.
-Motivar a la población en general al uso de este vehículo como medio de transporte.
-Recomendar a las autoridades estatales y municipales incluir en sus planes y programas más y mejor infraestructura en materia de ciclovías y señalética para la protección del ciclista. La UCIQ está integrada por agrupaciones de ciclistas y ciclistas independientes que participan en las distintas modalidades del Ciclismo en Queretaro. C.,Peregrinos Libres de Querétaro, Polibikes, Libre a Bordo, Witscoatl MTB, Construyendo Ciclovias Rurales, Magicko Bikers, Bike Adventure Tours, Biciamigos, Asociación Queretana de Ciclismo, Ciclistas Independientes, Ciclonautas, Sonic Adventure Team, Heros Bike, Bike Workshop, Rolling Bike

Ciclismo deportivo
06/06/2026

Ciclismo deportivo

*Crónicas de la Recumbente*“Saca la basura de tu mente.”Hoy vi caer a un compañero ciclista.De esos golpes que hacen que...
06/06/2026

*Crónicas de la Recumbente*

“Saca la basura de tu mente.”

Hoy vi caer a un compañero ciclista.

De esos golpes que hacen que todo se quede en silencio unos segundos.
La bicicleta raspando el pavimento.
La piel abierta.
La gente corriendo.
La respiración temblando.

Y mientras seguía pedaleando en mi recumbente, algo empezó a hacerme ruido por dentro.

¿Por qué a unos sí…
y a otros no?

Sí…
ya sé que suena duro.

Pero después de tantos años pedaleando con parálisis cerebral aprendí algo:
el cuerpo casi siempre termina obedeciendo el desastre que traemos en la cabeza.

Y no…
no basta con traer casco, coderas, espinilleras, luces, chaleco reflejante y parecer Robocop edición ciclista urbana.

Claro que hay que cuidarse.

Pero ya basta de fingir que el único enemigo está afuera.

Nos encanta echarle la culpa a los automovilistas, al gobierno, a las ciclovías hechas con odio, a los baches, al tráfico y a la ciudad diseñada por alguien que seguramente nunca se subió a una bicicleta.

Y sí…
todo eso influye.

Pero nadie habla del verdadero monstruo.

El que va adentro del casco.

La ansiedad.
La furia.
La tristeza.
La prisa.
El ego.
La mente saturada.
La necesidad absurda de correr aunque emocionalmente ya vengamos arrastrándonos desde hace meses.

Porque muchos no pedalean para vivir.

Pedalean para huir.

Huir de problemas.
De deudas.
De vacíos.
De relaciones rotas.
De sí mismos.

Y entonces el cuerpo se distrae.
La mente se desconecta.
Los reflejos se vuelven lentos.
La conciencia desaparece.

Y pasa.

El golpe.

He visto ciclistas con bicicletas que cuestan más que un coche viejo…
pero emocionalmente hechos pedazos.

Gente que sabe medir vatios…
pero no sabe medir el cansancio que carga por dentro.

Y perdón si incomoda lo que voy a decir:
hay personas que llevan años entrenando piernas…
pero jamás entrenaron paz mental.

A mí la parálisis cerebral me enseñó algo muy cruel pero muy valioso:
si yo me distraigo…
me caigo.

Así de simple.

Por eso aprendí a escuchar mi cuerpo.
Mi respiración.
Mis pensamientos.
Mi miedo.
Mi enojo.

Porque entendí que el verdadero equilibrio jamás estuvo en las piernas.

Está en la cabeza.

Y quizá por eso me duele tanto ver compañeros sangrando en el pavimento, llenos de moretones… o si les va “bien”.
Porque a otros les toca terminar convertidos en una bicicleta blanca adornando una avenida mientras todos publican:
“vuela alto hermano”.

No.
Ya basta de romantizar accidentes.

Llegar vivo también debería ser motivo de orgullo.

Tal vez el problema no es solamente cómo manejamos la bicicleta…

Tal vez el problema es todo lo que viene manejándonos por dentro mientras pedaleamos.

Vamos a cuidarnos.
Pero cuidarnos de verdad.
Como comunidad.

Y si está en mis manos escuchar a un compañero para evitarle una caída…
o algo más triste, como una discapacidad…
aquí están mis oídos.

Aunque a veces también toque ser depósito de basura emocional ajena…
prefiero cargar un rato el dolor de alguien más…
que cargar después su ausencia.

En el silencio del camino, encuentro mi voz; en el esfuerzo, descubro mi fuerza.

Con amor y entendimiento,
Gustavo Montes 🚲

14/05/2026

Cultura narrativa de un ciclista.

Crónicas de la Recumbente

# # Hay gente que se baja en la primera subida

“Un guerrero no renuncia a lo que ama… encuentra el amor en lo que hace.”

Con los años entendí algo muy simple:
la vida se parece muchísimo al ciclismo.

Todos quieren la foto en la meta…
pero pocos aman las subidas.

Y ahí es donde truena la cadena emocional de mucha gente.

Porque mientras unos presumen velocidad, bicicletas carísimas y ropa que parece traje espacial de la NASA…
otros vamos sobreviviendo el trayecto con las piernas temblando, media rodilla tronando y el alma parchada con cinta canela emocional.

Sí.
Así mero.

Y aun así…
seguimos rodando.

Yo aprendí eso desde una recumbente armada casi como proyecto de secundaria reprobado:
piezas de aquí,
soldaduras de allá,
ingenio,
terquedad
y una condición llamada parálisis cerebral que decidió acompañarme toda la rodada.

Al principio pensé que mi batalla era contra el equilibrio.

Qué inocente era.

La verdadera subida estaba en la cabeza.

Porque llega un momento donde el cansancio ya no viene de las piernas.
Viene del desánimo.
De sentir que pedaleas y pedaleas…
y la vida sigue en contra del viento.

Y sí…
hay días donde uno quiere aventar la bici al monte y mandar todo al demonio.

Días donde el tráfico te avienta,
la ciudad te ignora,
el cuerpo no responde
y todavía aparece el típico filósofo de banqueta diciendo:
“Échale ganas.”

Como si las ganas fueran transmisión Shimano.

Pero el ciclismo —y la vida— te enseñan algo brutal:
no siempre gana el más fuerte.

A veces gana el que simplemente no se bajó.

El que siguió pedaleando aunque fuera en molinito emocional.
Aunque fuera lento.
Aunque pareciera ridículo.
Aunque nadie creyera en él.

Y eso lo entendemos los ciclistas.

Porque hay rutas donde no pedaleas con las piernas.
Pedaleas con orgullo.
Con coraje.
Con dignidad.

Pedaleas porque si te detienes demasiado tiempo…
la mente empieza a pincharse peor que la llanta.

Y ahí entendí algo muy duro:

Muchos tienen piernas funcionales…
pero una voluntad completamente ponchada.

Se rinden rápido.
Se quiebran rápido.
Se venden barato.
Abandonan sueños por comodidad.

Yo no puedo darme ese lujo.

La vida ya me puso suficiente resistencia desde la salida.

Así que aprendí a volverme terco.
De esos que aunque vayan contra viento, subida y hambre…
siguen avanzando.

Porque arriba de la recumbente entendí que resiliencia no es sonreír en las fotos.

Resiliencia es volver a subirte después de sentirte destruido.

Una…
y otra…
y otra vez.

Aunque el mundo crea que ya no puedes más.

— Con Amor y Entendimiento,
Gustavo Montes 🚲

30/04/2026

También es día de lectura. Un poco de cultura escrita por un buen compañero ciclista, Gustavo Montes.

# **Las Crónicas de la Recumbente: La cárcel y mi discapacidad**

A veces la peor cárcel no es mi cuerpo.
Es lo que mi cabeza hace con mi cuerpo.

Lo escribo así, sin maquillaje, porque ya me cansé de fingir que todo es “actitud”. Sí, la actitud ayuda… pero también hay días en que el cuerpo pesa, se cansa, se descoordina, se tensa, se pone terco. Hay días en que mi discapacidad se siente como un cuarto sin ventanas: no porque me quite el aire, sino porque me obliga a vivir con límites que no se negocian.

Y hasta ahí… va.
El cuerpo es directo. Honesto.
No pretende ser otra cosa.

El problema empieza cuando mi mente decide convertir eso en sentencia.

Cuando la parálisis cerebral no solo es una condición… sino una etiqueta en mi frente.
Cuando el límite físico se vuelve un juez interno que dicta:

“Ya ves.”
“Siempre igual.”
“Te van a ver.”
“Vas a estorbar.”
“Mejor no salgas.”
“¿Para qué intentas?”

Ahí es cuando entiendo que la discapacidad, a veces, no es el muro más alto.
El muro más alto es el pensamiento desordenado que se m***a encima.

Porque una cosa es tener un cuerpo que funciona distinto.
Otra cosa es cargar una cabeza que se trata como enemigo.

Y yo lo he sentido: hay mañanas en que el cuerpo está manejable, pero la mente está insoportable. Me levanto y antes de moverme ya traigo un diálogo interno que parece comité de críticas:

“Hoy no.”
“Hoy te vas a cansar.”
“Hoy te van a mirar raro.”
“Hoy te vas a frustrar.”

Y lo más ca**ón es que mi mente cree que me está protegiendo. Como si decirme lo peor fuera “prepararme”. Pero eso no es protección: eso es encierro. Es la cárcel invisible: la que te convence de no intentarlo para “evitarte dolor”… y termina robándote vida.

La recumbente me lo deja claro cada vez que salgo. Porque ahí no solo rueda el cuerpo: rueda el ego, rueda el miedo, rueda la vergüenza, rueda la historia. Y si me descuido, lo que manejo no es la bici… lo que me maneja es el pensamiento.

Por eso he aprendido algo simple, casi de sobrevivencia:

**mi discapacidad no siempre se puede cambiar, pero mi relación con ella sí.**

Y esa relación se decide en lo pequeño.

Cuando me noto tenso, hago una pausa. No para verme espiritual, sino para no romperme por dentro. Respiro, ubico el presente, siento el aire, escucho el camino. Y me digo una frase que suena cursi, pero me salva:

“Estoy aquí. Todavía puedo. Paso a paso.”

No niego lo difícil.
No me vendo mentiras.
Solo dejo de atacarme.

Porque ese es el punto: a veces la cárcel no es que el cuerpo sea diferente… la cárcel es creer que por ser diferente ya no valgo igual. La cárcel es vivir comparándome con una versión “ideal” de mí que nunca existió. La cárcel es exigirme normalidad como si fuera obligación.

Y aquí viene la parte confrontativa, porque me la digo a mí primero:

¿De qué me sirve ganarle al mundo si por dentro me traigo a patadas?

¿De qué me sirve rodar, trabajar, producir, demostrar… si mi propia mente me habla con desprecio?

Eso no es disciplina. Eso es violencia interna.

La libertad empieza cuando mi mente deja de ser tribunal. Cuando dejo de tratar mi discapacidad como castigo. Cuando la veo como lo que es: una realidad que trae retos, sí, pero también me ha enseñado cosas que muchos no aprenden ni con libros ni con golpes.

Me ha enseñado paciencia.
Me ha enseñado humildad.
Me ha enseñado a valorar el avance pequeño.
Me ha enseñado a pedir ayuda sin vergüenza.
Me ha enseñado a sostenerme.

Y lo más importante: me ha enseñado que no necesito un cuerpo perfecto para tener paz. Necesito una mente que no me ataque.

Por eso, cuando la cabeza se pone dramática, la paro con humor, porque el humor también es un tipo de fuerza:

“Gracias por tu reporte, mente… pero hoy no mandas.”

Y sigo.

Lento, sí.
Con miedo, a veces.
Con cansancio, también.
Pero sigo.

Porque a veces la victoria no es “superar” la discapacidad.
La victoria es no vivirla como condena.

A veces la libertad no es curarte.
La libertad es dejar de encadenarte con tus propias palabras.

Y si hoy mi cuerpo se siente como cárcel, me recuerdo esto:

**aunque haya muros, yo sigo siendo casa.**

— **Gustavo Montes**

Y hoy toca rodar en la pista Meteoro
30/04/2026

Y hoy toca rodar en la pista Meteoro

Club MG BIKERS confirma su asistencia a la rodada nocturna de este 30 de Abril!!

Y tú ya pusiste a cargar tus lámparas?

Giant Store Juriquilla
Novabike Nvbk Qro
.estudio

30/04/2026

Algunos costos de bicis.

29/04/2026

Gracias por decirle al presidente uno de los peligros que tenemos en Av. Constituyentes.

Ciclismo Seguro Casacas Verdes, los invita cordialmente a su rodada nocturna como cada miércoles en  el cerro de las cam...
29/04/2026

Ciclismo Seguro Casacas Verdes, los invita cordialmente a su rodada nocturna como cada miércoles en el cerro de las campanas, los esperamos apartir de las 8:30 para salir 8:50pm !! 🤜🏻🤛🏻🚲👋🏻👍🏻

⚠️ * Ruta sujeta a cambios por imponderables.

⚠️ * Rodamos bajo nuestro propio riesgo *

FECHA: 29 DE ABRIL DE 2026
RUTA A: EXPLANADA DEL TIANGUIS DE PIRINEOS
NIVEL 5
DISTANCIA: 22 Kms

Cerro de las Campanas, Justo Sierra, Tecnológico, Prol. Tecnológico, Lateral 5 de Febrero, Epigmenio González, retorno en Epigmenio González, San Diego, San Pedro, Higueras, Espuela del Ferrocarril, Blvd. Bernardo Quintana, Av. Revolución, Tempano, Av. Pirineos,

DESCANSO EN LA EXPLANADA DEL TIANGUIS DE PIRINEOS

Calle 17, Villa de Santo Tomás, Villa de San Miguel, Paseo Querétaro, Guayaquiri, Av. De las Fuentes, Calle Dublín, Av. Revolución, Av. Felipe Carrillo Puerto, Espuela del Ferrocarril, Madero, Juárez, Carretera al Campo Militar, Rio Ayutla, Av. Universidad, Gabino Barrera, Cerro de las Campanas.

NIVEL 5 DISTANCIA: 22 Kms Cerro de las Campanas, Justo Sierra, Tecnológico, Prol. Tecnológico, Lateral 5 de Febrero, Epigmenio González, retorno en Epigmenio González, San Diego, San Pedro, Higueras, Espuela del Ferrocarril, Blvd. Bernardo Quintana, Av. Revolución, Tempano, Av. Pirineos, DESCAN...

29/04/2026

Hoy toca pedalear con los Casacas Verdes

24/04/2026

Un momento de lectura.............................................Crónicas de la Recumbente
A veces el obstáculo no está en el camino: eres tú peleando con él

Yo lo digo desde mi rodada personal, no desde un libro ni desde una frase bonita para quedar bien. Lo digo desde mi cuerpo, desde mi discapacidad y desde todo lo que me ha tocado pedalear por dentro y por fuera. Porque una cosa es subir una pendiente, y otra muy distinta es subirla cargando coraje, orgullo y ganas de pelear con todo.

Hay días en que uno sale pensando que el problema está en la ruta.
El bache.
El viento en contra.
El coche imprudente.
La subida rompepiernas.
La calle mal hecha.
Y sí, claro, todo eso existe. No voy a hacerme el romántico. La ciudad muchas veces no está pensada para todos, y menos para alguien que vive la movilidad desde la discapacidad. Eso es real. Eso pesa. Eso cansa.

Pero también he aprendido algo más incómodo: a veces no es la ruta la que me frena. A veces soy yo, atravesado conmigo mismo.

Porque hay rodadas donde las piernas van bien, la bici responde, la recumbente rueda decente… pero la cabeza va amarrando el freno. Uno sale ya ponchado del ánimo. Sale queriendo que todo esté a modo, que el cuerpo responda al cien, que el mundo dé paso, que la vida no apriete. Y pues no. La vida no siempre viene en plano. A veces toca subir en desarrollo ligero, respirar hondo y dejar de hacer coraje por cada metro.

Yo muchas veces he querido pedalear como si demostrar fuera obligatorio. Como si tuviera que probar algo. Como si pedir pausa fuera rendirse. Como si aceptar mis límites me quitara valor. Pero no. Eso no es fortaleza. Eso es ego arriba de la bici.

Y el ego, para acabarla de amolar, es mal compañero de rodada.
Te hace meter plato grande cuando toca bajar cambio.
Te hace acelerar cuando conviene administrar.
Te hace comparar tu paso con el de otros.
Te hace sentir derrota donde sólo hay proceso.

Desde mi experiencia con discapacidad, eso se siente mucho. Porque no sólo lidias con la calle, también lidias con la mirada ajena, con la impaciencia de otros y con tu propia desesperación. Hay días en que no duele tanto la distancia; duele más no poder ir al ritmo que uno quisiera. Duele querer y no poder igual. Duele sentir que el cuerpo trae su propia cadencia y no siempre coincide con la prisa del alma.

Pero también ahí he encontrado una lección muy grande.

No toda rodada se gana a fuerza bruta.
No toda subida se revienta a puro orgullo.
No todo avance necesita velocidad.

A veces lo más sabio es acomodarte, cuidar la línea, escuchar el cuerpo y seguir a tu ritmo. Sin hacer teatro. Sin mentarte la madre por no ir como otros. Sin convertir cada dificultad en una ofensa personal.

Porque cuando uno va peleando con su realidad, cualquier trayecto se hace larguísimo.
Y cuando uno hace las paces con lo que es, hasta la cuesta más perra se vuelve más llevadera.

Eso no quiere decir conformarse.
No quiere decir bajarse de la bici.
No quiere decir dejar de luchar.

Quiere decir algo más simple y más profundo: dejar de desperdiciar fuerza en discutir con lo que ya es. Mejor usar esa energía para avanzar, aunque sea despacio, aunque sea con pausa, aunque sea con una forma distinta de rodar.

Yo no necesito ir como nadie.
Necesito no dejar de moverme.
Necesito no hablarme como enemigo.
Necesito no volver mi discapacidad un castigo en mi cabeza, porque bastante trabajo da ya vivirla y asumirla con dignidad como para todavía echarme encima mi propio juicio.

Con el tiempo he entendido que hay días para apretar, y hay días para conservar cadencia. Hay momentos para meterle, y otros para sólo no bajarse. Y eso también cuenta. Eso también vale. Eso también es fuerza.

Al final, muchas veces el obstáculo no está en la avenida, ni en la ciclovía, ni en la subida, ni en el tráfico. Está en esa terquedad de uno de querer pedalear la vida peleado con ella.

Y así no hay bici que alcance.
Ni cuerpo que aguante.
Ni alma que disfrute la rodada.

Por eso hoy me lo digo claro, como ciclista y como persona con discapacidad: no siempre necesito más empuje; a veces necesito menos pleito conmigo. Menos drama. Menos rabia. Menos ganas de demostrar. Más conciencia. Más ritmo. Más verdad.

Porque bastante dura se pone ya la ruta
como para todavía ir cargando de copiloto al enemigo interno.

En el silencio del camino, encuentro mi voz; en el esfuerzo, descubro mi fuerza.
Con amor y entendimiento,
Gustavo Montes

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