02/04/2026
Ternario
El hombre ha buscado comprender el orden que rige al universo. Observando la naturaleza, los ciclos del tiempo y las leyes que gobiernan la existencia, descubrió que detrás de la aparente diversidad del mundo subyace una estructura profunda, un principio organizador que da coherencia al cosmos.
Entre esos principios, uno aparece con particular insistencia: el ternario.
El número tres se manifiesta constantemente en la naturaleza, en las tradiciones filosóficas y en los sistemas simbólicos de las civilizaciones antiguas. No es solamente una cifra; es una estructura de equilibrio, una forma mediante la cual lo absoluto se manifiesta en el mundo.
La unidad representa el origen, la creación; la dualidad introduce la tensión, la polaridad, el contraste. Pero es el tres el que resuelve esa tensión y permite la armonía.
En términos filosóficos, el ternario representa la reconciliación de los opuestos; donde existe una tesis y una antítesis, surge inevitablemente una síntesis… al menos, así era en la universidad.
Así, el ternario no es sólo una suma aritmética; es el principio de manifestación del equilibrio.
No es casual que este número ocupe un lugar central dentro del simbolismo masónico; nuestro templo mismo se sostiene sobre tres columnas simbólicas: Fuerza, Belleza y Sabiduría.
La Sabiduría concibe la obra, la Fuerza la ejecuta y la Belleza la perfecciona.
Separadas, estas tres virtudes carecerían de eficacia, quizá solo quizá …
La sabiduría sin fuerza quedaría reducida a una idea estéril, la fuerza sin sabiduría sería una energía ciega y la belleza sin ambas sería solamente apariencia, sería ego.
Pero cuando las tres actúan en armonía, la obra alcanza su plenitud, se convierte en una gran obra.
Este mismo ternario se refleja en la estructura de la logia. Tres luces la gobiernan, tres grandes luces la iluminan y tres grados conducen al perfeccionamiento del iniciado en la masonería simbólica universal.
El aprendiz aprende a ver, a dudar, a callar… a conocer las diferencias entre el bien y el mal, entre el vicio y la virtud; aprende que sin lucha no hay virtud; por su parte, el compañero descubre y desarrolla sus habilidades físicas e intelectuales, potencia sus virtudes y fortalece sus áreas de debilidad, inicia un proceso para comprender las leyes universales, las ciencias y practicar de manera consciente las artes liberales, comienza a comprender el proceso iniciatico de la masonería… si el compañero no fue capaz de aprehender el primer grado, seguramente su enfrentamiento con el segundo grado de la masonería lo convertirá en un retrógrado para si mismo, en un traidor para su progreso masónico … pero si lo hace, será capaz de sublimarse como el verdadero maestro y aprenderá a sabiamente aplicar lo aprendido y desarrollado con amor en bien general de la orden y de la humanidad, será un verdadero maestro para las generaciones venideras y un verdadero mason que incide en su entorno profano, en su sociedad.
Así, el ternario no sólo organiza la estructura simbólica de la Orden; también describe el proceso interior del hombre en su camino iniciático.
En términos quizá un poco más profundos, el ternario -desde su simbolismo- puede entenderse como una herramienta que nos permite conocer al hombre a través de tres de sus dimensiones: pensamiento, emoción y acción.
Por muchos de nosotros el arma masónica por excelencia es: el pensamiento, en este sentido, hace poco tiempo nuestro Muy Respetable Gran Maestro nos recordaba la importancia del pensamiento crítico propuesto por Emmanuel Kant:
1. PIENSA POR TI MISMO… “Sapere aude", Atrévete a pensar. No aceptes ideas solo por autoridad.
2. CUESTIONA TODO, examina el fundamento
de cada afirmación ¿En qué se sostiene lo que se afirma?
3. BUSCA LAS CONDICIONES; analiza qué hace posible que algo sea verdadero.
4. DISTINGUE FENOMENO Y NOUMENO, no confundas la apariencia con la realidad en si.
5. EXIGE PRUEBAS, toda afirmación requiere evidencia y justificación racional.
6. ANALIZA LOS LİMITES DE TU RAZÓN, reconoce hasta dónde podemos conocer con certeza.
7. PIENSA EN LA FINALIDAD, reflexiona sobre el propósito y sentido de lo que estudias.
8. ACTÚA CON RAZÓN PRÁCTICA, Obra solo según aquella máxima que puedas querer que se convierta en ley universal.
Pero al mismo tiempo, nos dejó una interrogante, ¿le basta al Mason tener un pensamiento crítico?, al parecer: ¡no!, y eso nos lo recuerda el ternario, el Mason está obligado a desarrollar “el pensamiento”, pero está obligado a integrar con el otras herramientas que le permitan cumplir sus objetivos de manera armónica, entre ellos el dominio de sus pasiones y el conocimiento de sus emociones y su capacidad de acción. El verdadero Mason está obligado o construir la gran obra con amor y fraternidad por sus semejantes.
La luz del pensamiento nos orienta, la emoción nos impulsa y la acción materializa, genera. “Generación, no creación”…
Ser capaces de generar la armonía y el equilibrio entre estas tres dimensiones -pensamiento, emoción y acción- nos permite avanzar el el cumplimiento de nuestros propósito; pero cuando una de ellas domina sobre las otras, surge el desequilibrio, se rompe la armonía y la belleza.
El pensamiento sin emoción conduce al frío intelectualismo; la emoción sin pensamiento conduce al caos y al no dominio de nuestras pasiones y la acción sin ambos conduce a la mecanicidad, al trabajo sin propósito; quizá por ello, el trabajo iniciático busca restaurar la armonía entre estas tres fuerzas interiores pues en el fondo, el ternario -desde esta perspectiva- nos hace la invitación a romper con las tensiones del hombre.
Como lo vemos hasta ahora, el ternario no es únicamente un concepto, es una invitación a la búsqueda de nuestro equilibrio, de nuestra armonía, misma armonía que no necesariamente estará en el centro pero si en el vórtice de nuestro compás.
El iniciado en masonería, debe aprender a construir dentro de sí mismo un templo sostenido por tres columnas: la claridad del pensamiento, la nobleza de sus sentimientos y la rectitud de su acción de su conducción tanto masónica como profana; hagámoslo con fe en nuestros ideales, con esperanza de realizarlos por amor a la humanidad.
Estoy convencido de que si lo hacemos en armonia estaremos más cerca de convertirnos en hombres a la altura de nuestra augusta institución.
Comprender el ternario es comprender que el equilibrio no surge eliminando las diferencias, sino integrándolas, estenadamoslo claramente el tres no destruye la dualidad, la reconcilia, la armoniza y tal vez por eso, QQ∴ HH∴, la masonería nos recuerda constantemente este número, quizá … solo quizá.
Sigamos aprendiendo a equilibrar nuestras propias dualidades, recordemos ese piso de mosaicos por donde marchamos, por donde transitamos… hagámonos dignos de esa divinidad que yace en nuestra materia, en nuestro ser. Hagamos significante el hecho de que cuando el hombre logra ese equilibrio interior, su templo deja de ser solamente simbólico y se convertirse en una realidad viva, resplandeciente y amorosa con nosotros mismos, con nuestros iguales, con el el universo … con la conciencia universal.
Es cuanto por esta noche.
JAVP