13/05/2026
Venimos de mujeres que no siempre pudieron preguntarse si eran felices.
Mujeres que tuvieron que aguantar matrimonios, casas, hijos, cansancio, silencios, mandatos y decisiones que no siempre eligieron desde el deseo, sino desde el miedo, la necesidad o el “qué va a decir la gente”.
Muchas de ellas no tuvieron salida, no tuvieron permiso, no tuvieron dinero propio, no tuvieron apoyo, no tuvieron a quién decirle: “ya no puedo más”.
Y nosotras crecimos mirando eso.
Crecimos creyendo que una buena mujer era la que podía con todo, la que no pedía mucho, la que no descansaba, la que resolvía, la que se quedaba, la que se dejaba al final para que todo funcionara.
Por eso, a veces, cuando algo bueno llega, no sabemos cómo recibirlo.
Nos da culpa descansar.
Nos da culpa estar en paz.
Nos da culpa elegir distinto.
Nos da culpa que nuestra vida duela menos que la de ellas.
Y aquí es donde hay que mirar que a veces no saboteamos porque no queramos estar bien. Saboteamos porque el bienestar se siente desconocido, incómodo.
Porque si creciste viendo mujeres sobrevivir, la calma puede sentirse rara.
Si creciste viendo sacrificio, el disfrute puede sentirse egoísta.
Si creciste viendo dolor, la paz puede sentirse como una traición.
Pero vivir distinto no significa despreciar a las mujeres que vinieron antes.
No significa creerte mejor.
No significa olvidar su historia.
No significa negar lo que ellas cargaron.
A veces vivir distinto es la forma más profunda de honrarlas.
Porque tal vez lo que ellas no pudieron elegir, hoy puede empezar a tener espacio en ti.
Tal vez no viniste a repetir todo lo que dolió, ni a pagar con culpa cada cosa buena que llega, ni a seguir llamando amor al sacrificio.
Estás aprendiendo que estar bien también se aprende.
Porque sí, a veces estar bien da miedo, sobre todo cuando el dolor fue el único hogar conocido.
Tomado de la red ✨✨✨