18/05/2026
Hoy, 18 de mayo, el mundo vuelve la mirada hacia esos recintos donde el tiempo se detiene para volverse enseñanza: los museos. Espacios sagrados de la memoria, donde cada objeto cuenta una historia, y cada historia sostiene la identidad de los pueblos.
En ese andar de siglos, la charrería se alza como una de las expresiones más profundas del alma mexicana. No solo como arte ecuestre, sino como símbolo de honor, tradición y pertenencia. El charro, vestido de historia y dignidad, ha trascendido los campos y las haciendas para ocupar un lugar legítimo en la museografía de México y del mundo, como testimonio vivo de una cultura que no se olvida.
Los trajes, las sillas, los arreos y las imágenes no son piezas inmóviles: son huellas de vida, fragmentos de identidad que los museos resguardan para que las nuevas generaciones comprendan de dónde vienen… y hacia dónde deben mirar con orgullo.
En este día, reconozco y felicito a todos aquellos que hacen posible esta noble labor: trabajadores, custodios, historiadores y promotores de los museos, que con entrega silenciosa mantienen encendida la llama de nuestra historia.
De manera especial, mi admiración y respeto para quienes dan vida al Museo de la Federación Mexicana de Charrería A.C., por su invaluable compromiso con la preservación y difusión de una tradición que es orgullo de México ante el mundo.
Porque en cada museo vive la memoria…
y en cada charro, la historia sigue cabalgando.
Don Juan Ramón Gómez y Viveros (Escritor, Charro y Filántropo).