02/07/2026
Hay tradiciones que sobreviven al paso del tiempo porque expresan algo que trasciende generaciones. Una de ellas es la Canción del Adiós, que tuvimos el privilegio de entonar durante la ceremonia de clausura de nuestro Curso de Insignia de Madera de la Red de Grupos independientes. (Ojo, no somos ninguna asociación, solo una fraternidad de grupos independientes que deseamos que impere el espíritu scout)
Regresando al tema de la canción, quiero decirte que para muchos scouts es simplemente la canción con la que concluye un campamento, una fogata o un curso de formación. Sin embargo, detrás de su sencilla melodía existe una historia que une cultura, tradición, amistad y espiritualidad.
Su melodía proviene de la antigua canción escocesa Auld Lang Syne, recopilada por Robert Burns en 1788 a partir de una composición popular mucho más antigua. Durante siglos ha sido interpretada como un canto de despedida, gratitud y esperanza de volver a encontrarse.
Con el desarrollo del Movimiento Scout, esta melodía comenzó a formar parte de ceremonias de clausura en distintos países. Más adelante surgieron diversas adaptaciones; entre las más conocidas se encuentra la versión francesa Ce n’est qu’un au revoir, escrita por Jacques Sevin, uno de los grandes impulsores del escultismo católico en Francia. Posteriormente aparecieron distintas versiones en español, cuya autoría no ha podido identificarse con certeza, pero que conservaron el mismo espíritu: una despedida que recuerda que la hermandad permanece.
De igual manera es interesante que esta canción también haya sido adoptada por numerosas iglesias cristianas, especialmente de tradición anglicana, metodista, presbiteriana y bautista. Todas estas nacidas en Inglaterra. Es interesante que la hayan adoptado porque no nació como un himno congregacional, sino porque su mensaje de fraternidad, esperanza y confianza en el reencuentro armoniza naturalmente con la cosmovisión cristiana.
Desde una perspectiva histórica, este hecho no resulta sorprendente pues Baden-Powell pertenecía a la Iglesia Anglicana y concibió el escultismo como un movimiento abierto a personas de distintas confesiones religiosas, pero jamás desvinculado de la dimensión espiritual. De hecho, uno de los principios fundamentales del escultismo desde su fundación ha sido el deber para con Dios, entendido como parte esencial de la formación integral de la persona.
En tiempos en los que con frecuencia se intenta presentar el escultismo como un movimiento exclusivamente social o únicamente recreativo, vale la pena recordar su origen. Baden-Powell sostenía que la educación del carácter no podía estar completa sin una vida espiritual auténtica. Por ello, el Movimiento Scout nunca fue concebido como un espacio de indiferencia religiosa ni de promoción del ateísmo, sino como una invitación permanente a reconocer que existe un Creador, a buscar la verdad con sinceridad y a vivir una fe coherente conforme a las convicciones de cada persona.
Quienes hemos tenido la oportunidad de profundizar en la historia de la iglesia y en los estudios teológicos podemos reconocer que muchas de las tradiciones scout poseen un trasfondo mucho más rico de lo que comúnmente imaginamos. La Canción del Adiós es un hermoso ejemplo de ello: una melodía que nació en la tradición escocesa, fue acogida por el escultismo y encontró también un lugar en numerosas comunidades cristianas por la profundidad de su mensaje.
Al concluir un Curso de Insignia de Madera, esta canción nos recuerda que la formación nunca termina con la ceremonia de clausura. Para todos los cursantes es importante recordar que el compromiso continúa y el servicio apenas comienza, pero la hermandad permanece para siempre. La insignia de Madera implica tiempo, esfuerzo, compromiso, pero sobre todo un corazón de la mano de Dios en todo momento.
Definitivamente las mejores despedidas nunca son un final. Son solamente un recordatorio que Dios tiene todo bajo control y un día junto al fuego nos volveremos a ver.
No es más que un hasta luego.