17/10/2025
🔴Diana Jael murió ahogada en su pensión en Poza Rica; la puerta estaba bajo llave⬇️
Diana Jael tenía 20 años y un sueño claro: ser psicóloga. Había dejado su Tamiahua natal para estudiar en Poza Rica, donde sus papás le consiguieron una pensión tranquila, a solo cuatro cuadras de la universidad. Nunca imaginaron que esa casa, pintada de verde turquesa, terminaría siendo el lugar donde perdería la vida, ahogada por una inundación, encerrada bajo llave.
El agua subió con fuerza la madrugada del viernes 10 de octubre. Cuando vecinos llegaron a ayudar, la encontraron sin vida. La puerta estaba cerrada con llave, y eso impidió que Diana pudiera escapar. La chapa fue forzada, pero ya era tarde. Las marcas del desastre siguen ahí: lodo en las paredes, dedos marcados en las cortinas, silencio pesado en cada rincón.
No murió sola. Su novio, Carlos Eduardo, también originario de Tamiahua y estudiante de Mecatrónica en el Tecnológico de Poza Rica, tampoco sobrevivió. Se dice que salió de su pensión intentando rescatarla, pero no alcanzó a llegar. Ambos murieron en la misma colonia, la Morelos, una zona estudiantil que quedó destrozada por el desbordamiento del río Cazones.
Compañeros de la UV organizaron un pase de lista simbólico para saber quiénes faltaban. Algunos aún están desaparecidos. Muchos reclaman que la universidad canceló clases demasiado tarde, cuando ya no había forma de salir de Poza Rica y la terminal de autobuses estaba colapsada.
Un amigo de Diana, con la voz quebrada, contó que la noche antes de la tragedia todavía platicó con ella. Le preguntó si regresaría a su pueblo, pero ambos decidieron quedarse, sin imaginar lo que venía. “Al día siguiente, cuando me enteré que había mu**to, no lo podía creer… acabábamos de hablar”.
Diana era dulce, empática, siempre dispuesta a escuchar. Quienes la conocieron no tienen dudas: era una buena amiga y una mejor persona. En su pensión solo quedan algunos recuerdos: su escritorio, un colchón, un ventilador… y una chancla con forma de vaquita. Puede que fuera suya, puede que la arrastró la corriente. Igual duele.
Frente a la Facultad de Ciencias de la Salud colocaron un par de veladoras. Ahí la van a recordar siempre, en cada clase que ya no podrá tomar, en cada paso que no dio por culpa de una tragedia que se pudo evitar.