18/07/2026
Justicia para Lourdes Maldonado!!!
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Lourdes Maldonado: Asesinada un día antes de cobrar lo que PSN le debía
Por Jaime Martinez Veloz
Lourdes Maldonado y yo nos conocimos en una mañana de invierno de 1991, en la comunidad mixteca asentada en la Colonia Obrera, tercera sección, en Tijuana. El frío era de esos que no vienen del clima, sino de la intemperie social. Yo acompañaba al presidente municipal, don Carlos Montejo Favela, en una visita que pretendía ser institucional, pero que terminó siendo una lección de frontera. Entre las casas de madera, los fogones encendidos y el olor a tierra húmeda, apareció ella: reportera de Televisa, joven, firme, con una cámara detrás y una mirada que ya entonces sabía leer la verdad detrás de los discursos.
No era famosa. No era símbolo. No era caso. Era una periodista que hacía preguntas. Y en esta frontera, hacer preguntas es un acto de valentía.
La comunidad mixteca nos recibió con esa dignidad silenciosa que tienen los pueblos que han aprendido a sobrevivir sin pedir permiso. Lourdes caminaba entre ellos con naturalidad, como si ya hubiera estado ahí muchas veces. Y quizá sí: la frontera adopta a quienes la miran con respeto. Recuerdo que me dijo algo sencillo, casi al pasar: “Aquí la gente no pide nada, solo que no la olviden.” Esa frase se me quedó clavada. Porque en Tijuana, el olvido es una forma de violencia.
Los años pasaron y Lourdes siguió haciendo lo que sabía hacer: preguntar, investigar, incomodar. La vi crecer como periodista, como mujer, como voz. La frontera la moldeó, pero no la quebró. Y eso, en Baja California, es casi un milagro.
Cuando denunció públicamente que temía por su vida, no habló desde el miedo, sino desde la claridad. Sabía quién era el hombre al que enfrentaba: Jaime Bonilla Valdez, dueño de PSN – Primer Sistema de Noticias, la empresa que ella demandó y contra la cual ganó un juicio laboral que llevaba años atorado. Sabía lo que significaba desafiar a un poderoso en un territorio donde el poder suele confundirse con impunidad. Sabía que la justicia, cuando llega, llega tarde. Y aun así habló. Aun así peleó. Aun así ganó.
La sentencia del juez estaba lista para ejecutarse el lunes.
El lunes.
Ese día PSN y su dueño tenían que pagarle lo que la ley les exigía.
Ese día la justicia iba a dejar de ser promesa y convertirse en obligación.
Pero el domingo llegó primero.
Era tarde-noche en Tijuana. De esas horas en que la frontera parece guardar un silencio espeso, como si supiera lo que está por ocurrir. Lourdes regresaba a su casa, cansada pero tranquila, como quien ha aprendido a convivir con la incertidumbre. La calle estaba quieta. Las luces de las casas vecinas parecían ajenas a todo.
Los asesinos materiales —hombres jóvenes, reclutados por dinero, no por ideología— ya estaban ahí. Lo dijeron después: recibieron dólares. No órdenes políticas, no discursos, no amenazas. Dinero.
El dinero es la forma más antigua del silencio.
La esperaron.
La vigilaron.
La atacaron cuando estaba indefensa, justo al llegar a su casa.
No hubo confrontación.
No hubo diálogo.
No hubo advertencia.
Fue un acto calculado para que el lunes ya no existiera.
El lunes en que la sentencia se iba a ejecutar.
El lunes en que la justicia iba a llegar.
El lunes en que Lourdes iba a ganar.
La mataron para que ese lunes nunca ocurriera.
La frontera amaneció con la noticia.
La ciudad se estremeció.
El gremio periodístico entendió de inmediato lo que la autoridad tardó en admitir:
no fue un crimen común.
Fue un crimen con reloj.
Con fecha.
Con motivo.
Con beneficiario.
Pero el beneficiario nunca apareció en la investigación.
Nunca fue mencionado.
Nunca fue buscado.
Nunca fue nombrado.
Los asesinos materiales fueron detenidos.
Confesaron haber recibido dólares.
Y ahí terminó la historia oficial.
La historia real, la que la frontera conoce aunque no la diga, es otra:
Si hubo pago, hubo pagador.
Si hubo pagador, hubo autor intelectual.
Si hubo autor intelectual, hubo móvil.
Si hubo móvil, hubo poder.
Y si hubo poder, hubo protección.
Eso significa.
Y eso exige una respuesta.
No una respuesta tibia.
No una respuesta burocrática.
No una respuesta de expediente.
Una respuesta real.
Por eso este artículo no es solo memoria: es exigencia.
Exigimos que la Fiscalía General del Estado y la Fiscalía General de la República reabran el caso.
Exigimos que se investigue quién pagó en dólares.
Exigimos que se identifique al autor intelectual.
Exigimos que se cumpla la sentencia que ella ganó.
Exigimos que el Estado deje de esconder la verdad detrás de los ejecutores.
Exigimos justicia para Lourdes Maldonado.
Porque la muerte de Lourdes no es un expediente.
No es una estadística.
No es un caso más.
Es una deuda del Estado con la verdad.
Y la verdad, cuando se escribe con dignidad, se vuelve resistencia.