10/05/2026
ASÍ 10 DE MAYO, ASÍ DOROTEA MI MADRE, ASÍ DOMITILA MADRE DE MI MADRE
ASÍ MI MADRE Y MI ABUELITA, pegadas a las noches de tres albas untadas al brasero de greda, juntitas en la ternura del comal de barro, hundiendo las manos en el achihual de la masa de las nejas, haciendo piel con la suave piel del maíz del nixtamal, así las veo tan delicadas, tan arrejuntadas en la cocina de humo, con sus delantales bien puestos, habituadas a los hervideros de la cal, No sé que pensaría mi mamá al depositar los pedazos de cal viva en el bote del nixcomel para hacer las tortillas diariamente, al ver como hierve el agua para que el maíz ablande su textura, con la lumbre atizada por boñigas, olotes o cañuelas recogidas por mí y mis hermanos en el rastrojo, en medio de dulces tlamelas, suaves totomoxtles y espinosas guías de calabaza, cuando ya la milpa seca es alimento del ganado,
NO SÉ QUE LE DIRÍA MI MADRE a las lágrimas de la humareda, al rudo carácter del metate y del tejolote, a esos globos de Cantoya que son las soliviantadas tortillas azules, a tantos menesteres con arvejones pasados por agua, a la poesía del aventador y del metlapil, al asa del canasto, a las alas de la servilleta y a la filosofía del chiquihuite,
TODO, AHORA, RODEADO de las soledades de la gente me parece más abstracto que un mole de olla con xoconoxtles, que un jilotito naciendo del tronco de la milpa, que un mecapalero cargando una rodela de hojas tamaleras, Y luego, el taco de sal, las pepitas de calabaza tostándose, las ollas, las habas, los frijoles bayos y los ayocotes, las cazuelas y el chicharrón, y yo atizándole al tlecuil de la verbena cotidiana, y ellas con sus miradas atadas al milagro de la tierra, como brotadas de un haz luminoso,
LA TIERRA ES MÁGICA porque de ella brotan todas las riquezas del mundo, me recordó una vez mi madre, Cuánta verdad hay en ello, la arcilla transmite una extraña energía que el asfalto mata, Quien tuvo o tiene la fortuna de ser campesino lo sabe bien, lo demás es agregar y agregar viento, agua y fuego al comal de la existencia,
ASÍ APRENDÍ A LEER EL MUNDO, a silabear las lácteas madrugadas de la ordeña, a emborronar los surcos del medio día, a conjugar las bondades del alfalfar, a destetar las ubres del atardecer para encontrar la armonía de la tierra encerrada en la gente de mi pueblo, de Pentecostés,
EN LA CIUDAD LA GENTE ama al cemento, a los humazos de los mofles, le gusta la convivencia con los coches, se nutre del ruido y adora la perversidad del concreto, allá la tierra fue sepultada en aras del progreso y del desapego humano, acá la tierra aun con sus labios resecos, sus pájaras viejas y sus parajes huérfanos es un cántaro de quita sed,
DE AHÍ ES MI MADRE, de ahí fue Domitila, la madre de mi madre que duró lo que tuvo que durar y que, como velita, se fue apagando poco a poco, a los 97 años, Mi madre murió de 88, y ya se le olvidaban las cosas, no así las personas que es lo que importaba, a ella, le hago este homenaje, Ella, en todo caso fue la causante de mis locuras y de lo que su ejemplo emanó, su bondad, dulzura y amor al prójimo, porque como todas las madres, madre sólo una, La Nuestra, ¡Salud Dorotea!
(En la foto: Dorotea en primer plano, Domitila, a su lado, ahora las dos se acompañan en espacios desconocidos donde sólo habitan las almas vivas).