28/12/2025
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BUTANDA Y LA MERCANTILIZACIÓN DEL LAGO DEL PÁTZCUARO
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Vaya, vaya… esta semana, el gobierno de Michoacán anunció un “ambicioso programa” de desarrollo turístico sostenible para la región Lacustre de Pátzcuaro, encabezado por la secretaria de Desarrollo Urbano y Movilidad, Gladyz Butanda.
Y es que lo que se busca es el ordenamiento territorial, mejoramiento urbano, proyección turística, ahora envueltas en la promesa de no “alterar ni transgredir” la riqueza natural del lago.
El acuerdo, firmado con los ayuntamientos de Pátzcuaro, Tzintzuntzan, Quiroga y Erongarícuaro bajo el paraguas de la Butanda, se presenta como una apuesta integral para “embellecer municipios, fortalecer el turismo y, de paso, sanear y preservar el lago”.
Todo ello alineado al Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, ese concepto amplio donde caben desde obras hidráulicas hasta proyectos urbanos de alto impacto simbólico.
Sin embargo, el anuncio deja intactas las preguntas de fondo. ¿Qué significa “desarrollo turístico sostenible” en una cuenca con graves problemas de contaminación, descargas sin tratamiento, pérdida de humedales y presión inmobiliaria? ¿Quién define el ordenamiento territorial en una región donde existen comunidades indígenas con derechos históricos sobre el territorio y sistemas propios de gestión?
El riesgo es conocido: que el lago vuelva a ser paisaje para el visitante y no espacio vivo para quienes lo habitan.
La experiencia reciente en la región muestra que el turismo, sin controles claros, suele profundizar desigualdades, encarecer el suelo y desplazar prácticas comunitarias. Hablar de imagen urbana y proyección turística sin resolver primero el colapso ecológico del lago es invertir el orden de las prioridades: primero el escaparate, después —quizá— la restauración ambiental.
Además, la mención de “saneamiento y preservación” aparece como complemento, no como eje central. El lago de Pátzcuaro no necesita sólo obras accesorias ni discursos de armonía; requiere decisiones estructurales: detener descargas, restaurar cuencas altas, frenar el cambio de uso de suelo y reconocer a las comunidades ribereñas como actores centrales, no como telón de fondo.
En la región Lacustre, el verdadero reto no es proyectar el turismo, sino decidir si el lago será tratado como mercancía o como territorio vivo. Porque sin justicia ecológica, no hay imagen urbana que alcance.