01/08/2026
Hoy volvimos a San José Ixtapan. Es la segunda vez que llegamos, no para regalar cosas y tampoco para asistir, sino simplemente para compartir un día de nuestras vidas con niñas y niños chatinos, paisanas y paisanos de esa comunidad.
Cada quien llevó lo que mejor sabe hacer y, sobre todo, lo que mejor sabe compartir.
Dalia e Ita donaron sus materiales, su tiempo y su cariño en el taller de bisutería, donde entre cuentas, hilos e imaginación nacieron collares, pulseras y llaveros para las motos de los hermanos y las hermanas.
Will y Hanna hicieron que los juegos de mesa como las loterías sobre alimentación saludable y el ajedrez reunieran a niñas y niños alrededor de un tablero.
Ana Elizabeth y Janeth llenaron la cancha con el baby fútbol, con 12 equipos conformados por niñas y niños de entre 5 y 12 años de edad.
Orestes documentó cada momento para que estos recuerdos también permanezcan no sólo en nuestras mentes, sino también en nuestros corazones.
Et Yù se integró como uno más de los equipos, jugando fútbol con las niñas y los niños en el equipo número 6.
Maricela tuvo la fortuna de contar historias, conducir y manejar el carro para llegar a San José Ixtapan junto al paisano Cristian.
Mientras tanto, nuestras y nuestros demás integrantes estuvieron ahí, echándonos porras y recordándonos que este trabajo siempre se hace mejor cuando se hace en colectivo.
Y por supuesto, como en todo convivio al final no faltó quienes pidieron baile, así que se hizo y pues también la vida es disfrutar de este plano.
Queremos agradecer a la autoridad de San José Ixtapan por abrirnos las puertas y prestarnos la cancha, las mesas y el micrófono. Gracias por la confianza y por hacer posible este encuentro.
Gracias, sobre todo, a las niñas y los niños por ser, por estar y por compartir con nosotras y nosotros. Y un agradecimiento muy especial a nuestro pequeño traductor chatino de San José Ixtapan. Aunque compartimos una misma lengua, hablamos variantes distintas, y fue profundamente valioso que un niño de la comunidad nos ayudara a comunicarnos con las demás niñas y niños. Fue un recordatorio de la enorme riqueza que existe dentro del propio pueblo chatino.
Desde el Colectivo Chatino reafirmamos nuestro compromiso de seguir construyendo espacios donde las infancias sean importantes. En un mundo donde casi todo parece medirse por el dinero, por el poder, por la productividad o desde la mirada de las personas adultas, nosotras y nosotros creemos que no debemos olvidarnos de las niñas y los niños. Ellas y ellos también necesitan espacios para imaginar, jugar, leer, crear, convivir y sentirse parte de algo.
Sabemos que no llevamos regalos materiales. No tenemos grandes recursos que ofrecer. Lo que compartimos es nuestro tiempo, nuestro cariño, nuestras experiencias y la convicción de que esos momentos también pueden transformar vidas. Y, sinceramente, eso nos basta cuando vemos una sonrisa, cuando vemos a una niña o un niño concentrado leyendo un libro, descubriendo un juego o disfrutando una historia.
Nos llenó de alegría ver cómo leían los cuentos escritos por niñas y niños de San Juan Quiahije con la asesoría de nuestro colega Eloy Díaz. Fue emocionante ver que esos textos viajaron de una comunidad chatina a otra y despertaron curiosidad, preguntas y sonrisas. También nos hizo muy felices escuchar que nos preguntaran cuándo volveríamos.
Finalmente, gracias a las niñas y los niños de San Juan Quiahije. Desde hace quince años han sido quienes nos inspiran a seguir caminando. Muchas y muchos de quienes comenzaron participando en las actividades del Colectivo Chatino cuando eran pequeños, hoy son quienes las organizan, las coordinan y las hacen posibles. Ver ese relevo generacional nos recuerda que sembrar tiempo, confianza y comunidad siempre vale la pena.
Fotografías: Producciones Quiahije