06/10/2025
Compartimos el texto de un gran apasionado de la historia en la Ciudad de Oaxaca, el es el Maestro Guillermo Rangel Rojas.
La Batalla de Miahuatlán. (3 de octubre 1866)
Díaz solicitó un préstamo y le juntaron cinco mil pesos, los hermanos Juan María y Juan Francisco Mijangos y Basilio Rojas, (Abuelo del escritor).
Cuando los enemigos se acercaban, Díaz dispuso que la infantería marchara por Cuixtla, él, acompañado de su Estado Mayor y su escolta de treinta jinetes, salía hacia donde se veía la polvareda. Y ordenó que ensillada la caballería lo siguiera.
Díaz se posesiona de la loma de Los Zavaleta, ahí forma una línea de tiradores, el enemigo al verla m***a su artillería.
Cuando salía de Miahuatlán el grueso de la caballería Republicana de casi trescientos jinetes, Oronoz podía ver el desplazamiento de la infantería hacia el poniente. Esto fue interpretado por el Jefe Imperial como que Díaz se retiraba sin presentar batalla.
Oronoz dispuso que su cuerpo de caballería procediera a cargar sobre las posiciones de Díaz.
Ante el despliegue de la caballería imperial en su contra, Díaz ordenó a la caballería que regresara a Miahuatlán a reunirse con la infantería que se desplegaba sin ser vista en línea de tiradores sobre la Loma de los Nogales, del rancho San José.
La caballería enemiga avanzaba a todo galope, sable en mano, confiada, persiguiendo a los Republicanos que alcanzaban las primeras casas de la población.
Los franceses, reciben a quemarropa el fuego de las armas de la guerrilla Miahuateca comandada por Apolinar García que estaba apostada por la barranca de la Lachindo y al tratar de salir de la emboscada, son sorprendidos por cerca de sesenta tiradores, escogidos por su puntería, ocultos entre un maizal.
En sus memorias, Díaz señala que no estaba enterado de la existencia de la guerrilla de Miahuatlán y que se sorprendió que los imperiales fueran recibidos a dos fuegos, lo que aumentó el desconcierto de los atacantes. Rojas comenta que a la fuerza Miahuateca le tocó resistir la carga de la caballería imperial al salirle de frente, y pagó un alto costo en vidas humanas, entre ellas la del propio Jefe Miahuateco. Ante ese recibimiento la caballería de Oronoz dio media vuelta y la caballería Republicana pudo llegar a su destino.
El comandante imperial, advierte que debe cambiar de frente, pues sobre su flanco derecho se distinguía la línea de batalla Republicana, posicionada también de las lomas de Yolveo y el Matadero; así que en esa dirección empieza a descargar el fuego de sus obuses y la fusilería de las tres columnas en la que tiene distribuida la infantería. Ambos ejércitos están separados por una barranca donde corre un río.
La Compañía de Chiahutla pudo cruzar el río.
El tiroteo se generaliza y la caballería Republicana había recibido orden de marchar atrás de una colina luego seguir sobre un arroyo, para no hacer polvo, protegiéndose con los accidentes del terreno, pudieron situarse a la retaguardia de Oronoz, que manda el contragolpe y lanza de nueva cuenta la caballería por delante, con el fin de ganar a los Republicanos el paso del río y detener su avance.
Por segunda ocasión los Charros de Miahuatlán sorprendieron a los Imperialistas que no resistieron la embestida Republicana, de tal manera que al retroceder desorganizan a su infantería que venía atrás y en el desorden los obuses fueron derribados.
Apareció por la retaguardia la caballería Republicana, que machete en mano cargó contra el enemigo y ahí fue el caos para la fuerza imperial ya que apareció otro pelotón de miahuatecos al mando de Nicolás Alderete en el combate cuerpo a cuerpo.
El General Oronoz dio media vuelta acompañado con los restos de su caballería y a todo galope abandonó el campo, perseguido de cerca por los jinetes Republicanos durante varios kilómetros. Al final se impuso la caballada imperial y los jinetes chinacos tuvieron que regresar.
Fuentes:
Jorge L. Tamayo. Benito Juárez. Documentos, discursos y correspondencia. México. Secretaría del Patrimonio Nacional. 1963. (Parte Oficial)
Alberto María Carreño. Archivos del General Porfirio Díaz. México. Ed. Elede. 1947.
Daniel Cosío Villegas. Historia General de México. El Colegio de México. 1981.
Fuente : Oaxaca, la historia jamás contada. Guillermo Rangel Rojas