23/05/2026
Dios usa el dolor crónico y la debilidad, junto con otras aflicciones, como cincel para moldear nuestras vidas.
Sentir debilidad profundiza nuestra dependencia de Cristo para obtener fortaleza cada día.
Cuanto más débiles nos sentimos, más nos apoyamos en Él.
Y cuanto más nos apoyamos, más fuertes crecemos espiritualmente, incluso mientras nuestro cuerpo se debilita.
Vivir con nuestra «espina» sin quejarnos —es decir, con dulzura, paciencia y un corazón libre para amar y ayudar a los demás, aunque cada día nos sintamos débiles— es verdadera santificación. Es verdadera sanación para el espíritu.
Es una victoria suprema de la gracia!
Deseo de todo corazón, tu sanción, pero si el Señor no lo tiene destinado así, le pido nos de la paciencia para aceptarlo y ofrecerlo con amor por la Misión!