Nuestra caracteristica es la universalidad, de hecho, procedemos de los cinco continentes y somos de diferentes etnias, nacionalidades y culturas. Pertenecemos a varias denominaciones cristianas, a diversas religiones, algunos de nosotros no profesan una fe religiosa pero creen en los valores más eminentes del ser humano. Tenemos entre los 17 y los 30 años, y nos comprometemos con todas nuestras f
uerzas a construir el mundo unido para conseguir que cada vez más la humanidad sea una sola familia, en el respeto de la identidad de cada uno. Recorremos todos los caminos posibles para construir la fraternidad universal, para sanar las divisiones existentes en las familias, entre las generaciones, entre los diversos grupos sociales. Por esto nos implicamos en las campañas internacionales que sostienen la paz y la fraternidad; en manifestaciones públicas, locales o mundiales como los Genfest, donde queremos dar testimonio de que se puede vivir como hermanos con sencillos gestos de solidaridad y diálogo con quienes están en nuestro entorno cada día: necesitados y marginados, conocidos o familiares. En cada prójimo tratamos de reconocer a un hermano a quien acoger. Son muchas las actividades que nuestro estilo de vida suscita: desde grandes acciones para responder rápidamente ante las emergencias, ayudando a personas y pueblos sacudidos por calamidades naturales o guerras; hasta la multitud de fragmentos de fraternidad, que nos ven comprometidos en obras locales continuativas, en favor de los más necesitados, como los niños de la calle o las personas sin techo, los ancianos solos o los encarcelados o los inmigrantes: todo aquello que nos sugiere la imaginación para sanar las heridas de la sociedad. En nuestra labor involucramos también a las instituciones, sobre todo durante la Semana Mundo Unido; una semana en la que nos unimos todos los Jóvenes por un mundo unido del mundo para intensificar nuestras actividades e iniciativas, las más variadas, para incidir en la opinión pública de nuestros Países. La Semana Mundo Unido se celebra cada año desde 1996. Vivimos por la fraternidad, no solamente a nivel comunitario, sino ante todo personalmente. Así, en lo cotidiano, quienes entre nosotros son cristianos tienen la posibilidad de consolidar la elección de Jesús como modelo y del Evangelio como código de vida; los jóvenes que pertenecen a las otras religiones, al acoger el ideal del mundo unido, encuentran una motivación continua a observar con fidelidad sus doctrinas; los jóvenes que no tienen una convicción religiosa comparten la regla de oro, que invita a hacer a los demás cuanto quisieras que hiciesen contigo, subrayando los valores humanos más nobles. Sabemos que la unidad en la que creemos y por la que nos movemos, no es solamente un proyecto humano, sino el proyecto de Dios para la humanidad (“Para que todos sean una cosa sola” (Jn, 17, 21).