04/07/2026
Qué tristeza tan profunda da ver la historia de Kenzo. Él no pidió nacer en cautiverio ni estar encerrado en un lugar irregular que no se preocupó por cuidarlo. Al final, su instinto de libertad lo llevó a huir, y terminó asustado en un mundo que no entendía.
Es doloroso saber que el operativo para traerlo de vuelta a salvo falló; se supone que quienes lo buscaban debían protegerlo, pero la falta de preparación y un protocolo deficiente convirtieron el rescate en una tragedia.
Su único error fue ser un animal asustado tratando de defenderse de dardos y persecuciones tras cinco días de hambre y estrés. Te fallamos los humanos al encerrarte, Kenzo, y te fallaron las autoridades al capturarte. Descansa en paz, hermoso; ojalá que donde estés ahora puedas correr libre y sin miedo.