19/08/2026
464 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE SAN JOSÉ DE ÁVILA. El 24 de agosto de 1562, fiesta del apóstol san Bartolomé, santa Teresa de Jesús fundó el monasterio de San José en la ciudad de Ávila.
En septiembre de 1560, mientras Teresa de Jesús conversaba con sus sobrinas y algunas religiosas sobre la situación de la Iglesia ante la expansión de la Reforma protestante, nació el proyecto de fundar un monasterio pequeño y austero, dedicado a la oración. Inspirada por los antiguos ermitaños del Carmelo y por san Pedro de Alcántara, Teresa comenzó a pensar en una comunidad que viviera con mayor sencillez y recogimiento. Aunque al principio dudaba, durante la comunión recibió interiormente la certeza de que Cristo quería que lo procurase.
Comenzaron entonces dos años de dificultades. Sus conocidos, incluido su confesor, consideraban la iniciativa una locura. Teresa buscó el parecer de personas de autoridad espiritual, como san Pedro de Alcántara, san Francisco de Borja y san Luis Bertrán, que la apoyaron. También obtuvo inicialmente el respaldo del provincial del Carmelo y solicitó un Breve pontificio. Sin embargo, cuando el proyecto se conoció en Ávila, surgió una fuerte oposición y el provincial retiró su apoyo.
Acusada incluso de alumbrada y endemoniada, Teresa recurrió al dominico Pedro Ibáñez, uno de los teólogos más prestigiosos de la ciudad. Le entregó un extenso memorial sobre su vida espiritual, en el que manifestaba tanto la certeza de que Dios obraba en ella como su voluntad de someterse al juicio de la Iglesia. El dictamen de Ibáñez fue favorable y constituyó un importante respaldo.
Como el provincial ya no aceptaba la fundación bajo su obediencia, Teresa consiguió un nuevo Breve que la colocaba bajo la autoridad del obispo. Don Álvaro de Mendoza se resistía también a aceptarla, pero san Pedro de Alcántara intercedió personalmente. Finalmente, después de entrevistarse con Teresa, el obispo quedó profundamente impresionado y decidió apoyarla. Desde entonces se convirtió en amigo y confidente de la Santa.
Mientras continuaban las dificultades, Teresa impulsó personalmente las obras de una pequeña casa situada fuera de las murallas. La pobreza de los medios, los problemas de construcción e incluso el accidente sufrido por uno de sus sobrinos hicieron más difícil el proyecto. Finalmente, con ayuda de su hermano Lorenzo, que envió dinero desde América, pudo acondicionar una pequeña iglesia y unas dependencias que, por su pobreza y sencillez, evocaban el portal de Belén. El 24 de agosto de 1562 se inauguró el convento de San José. Teresa tenía entonces cuarenta y siete años.
Los comienzos fueron muy duros. El Ayuntamiento reunió a numerosas autoridades civiles y religiosas para estudiar la posibilidad de acabar con la nueva comunidad, sin contar con la opinión de ninguna mujer. Solo el dominico Domingo Báñez defendió claramente la fundación, recordando que contaba con las debidas autorizaciones. Al no poder suprimirla, la ciudad inició un pleito por motivos aparentemente insignificantes, que acabaría prolongándose formalmente hasta 2012.
La oposición tenía raíces más profundas que los posibles intereses económicos. Teresa había osado emprender por iniciativa propia una obra que tradicionalmente dirigían los hombres. Además, en un contexto marcado por el temor al protestantismo, una comunidad femenina que vivía con extraordinaria sencillez e insistía en la interioridad podía despertar sospechas. La propia Teresa temió que la denunciaran ante la Inquisición.
Sin embargo, Dios la sostuvo asegurándole que aquella casa era «un rinconcito de Dios, paraíso de su deleite» y que no sería destruida. Poco a poco, la población conoció la vida de las primeras carmelitas descalzas y los prejuicios desaparecieron. Muchos de quienes inicialmente las habían perseguido terminaron convirtiéndose en sus bienhechores. Para Teresa comenzaron entonces «los cinco años más descansados» de toda su vida.
Resumen de las páginas 79-83 de mi libro Eduardo Sanz de MIguel, "De la rueca a la pluma. Enseñanzas de Santa Teresa de Jesús para nuestros días". Editorial Monte Carmelo, Burgos 2015.