05/10/2026
Comentario sobre el Evangelio de Lucas 10,25-37
“Ve y haz tú lo mismo.”
Hay preguntas que parecen buscar una respuesta y, sin embargo, esconden un corazón que todavía quiere poner límites al amor. “¿Y quién es mi prójimo?”. Y Jesús, en lugar de entrar en discusiones, cuenta una historia. Porque el amor verdadero no necesita tantas explicaciones: necesita un corazón dispuesto a detenerse.
Un hombre queda tirado al borde del camino, herido, despojado, solo, algunos lo ven y siguen adelante. Lo miran, pero no se dejan tocar por lo que ven y aquí el Evangelio comienza a tocar algo muy profundo de nosotros: también podemos ver y no mirar; escuchar y no dejarnos afectar; saber que alguien sufre y continuar con nuestro día como si nada hubiera pasado.
Pero entonces aparece un samaritano, Jesús dice algo precioso: “al verlo, se compadeció”. Primero lo vio. Después se dejó tocar por su dolor y finalmente se acercó. La compasión nace cuando dejamos que el dolor del otro atraviese nuestras defensas y nos saque de nosotros mismos.
Quizá aquí está una de las grandes llamadas de Jesús para este día: no pasar de largo.
Porque podemos estar muy ocupados en nuestras cosas, incluso en cosas buenas, y tener el corazón demasiado lleno de nosotros mismos para detenernos ante quien necesita una palabra, una escucha, una visita, un perdón, una presencia. Podemos hablar mucho de amor y tener poca paciencia. Podemos decir que seguimos a Jesús y, sin embargo, esquivar al hermano que nos incomoda.
Jesús no nos pregunta hoy cuánto sabemos del amor. Nos pregunta si estamos dispuestos a amar con las manos.
El samaritano no hizo algo extraordinario, se detuvo, se acercó, curó las heridas, cargó con aquel hombre. Se hizo responsable. El amor cristiano tiene algo profundamente concreto: toca la vida, se mete en el camino, se ensucia las manos, pierde tiempo, se compadece.
Y esto también es santidad.
A veces soñamos con una santidad grande, luminosa, casi extraordinaria, y Jesús nos la pone delante en una persona herida que necesita que no pasemos de largo. La santidad puede comenzar con una mirada que no juzga, con una palabra que levanta, con una paciencia que no teníamos, con un perdón que nos cuesta, con cinco minutos regalados a quien necesita ser escuchado.
“Ve y haz tú lo mismo.”
No dice: habla de lo mismo. No dice: piensa lo mismo. No dice: publica sobre lo mismo. Ve. Haz. Ama. Que tu fe salga de tus labios y llegue a tus manos. Que tu oración se vuelva compasión. Que tu encuentro con Jesús tenga consecuencias en la manera como miras, acoges y tratas a los demás.
Y quizá hoy Jesús quiere preguntarnos con mucha ternura, pero también con mucha verdad: ¿cuántas veces has pasado de largo?
No para condenarnos, sino para despertarnos.
Porque todavía hay tiempo para detenernos.
Todavía hay alguien en nuestro camino que necesita encontrar, a través de nuestra cercanía, un pequeño reflejo del Corazón de Cristo y quizá nosotros también estamos heridos y necesitamos recordar que antes de aprender a ser buenos samaritanos, hemos sido encontrados por un Dios que se acercó a nuestras propias heridas, vendó nuestras miserias y cargó con nosotros.
Jesús es el primero que no pasa de largo.
Por eso, después de encontrarnos con Él, ya no podemos caminar indiferentes.
Hoy, memoria de Santa Faustina Kowalska, resuena todavía más fuerte esta llamada a dejarnos transformar por la misericordia. No basta conocer que Dios es misericordioso; hay que permitir que su misericordia nos cambie el corazón hasta volvernos misericordiosos con los demás.
Quizá la oración de hoy sea sencilla: Jesús, enséñame a mirar como Tú.
A no tener tanta prisa. A no vivir encerrada en mis propios asuntos. A reconocer tu rostro en quien sufre. A detenerme. A acercarme. A amar aunque cueste.
Porque al final de la vida quizá no se nos preguntará cuánto hicimos, cuánto supimos o cuánto dijimos de Ti, sino cuánto dejamos que tu amor pasara por nuestras manos.
Que nadie pase por mi camino y se vaya sin haber encontrado un poco de tu misericordia.
Preguntas para el corazón
— ¿A quién estoy viendo sufrir y, por comodidad, miedo, indiferencia o cansancio, sigo pasando de largo?
— ¿Mi encuentro con Jesús está haciendo mi corazón más compasivo, o puedo hablar mucho de Dios mientras permanezco distante del hermano?
— ¿Qué me está pidiendo hoy Jesús que haga concretamente por esa persona que ha puesto en mi camino?
Oración
Jesús, Buen Samaritano,
enséñame a mirar como Tú miras.
Rompe en mí la indiferencia, la prisa y todo aquello que me hace pasar de largo. Dame un corazón que se deje tocar por el dolor del otro y unas manos disponibles para servir, consolar, perdonar y amar.
Que mi oración no se quede encerrada en mí.
Que mi encuentro contigo se vuelva misericordia.
Y cuando encuentre un corazón herido en el camino,
que pueda reconocerte allí
y escuchar nuevamente tu voz:
“Ve y haz tú lo mismo.”
Mirza Deras, r.a.
💭 ¿Quién es esa persona que Dios ha puesto hoy en su camino y a quien quizá necesita acercarse con un poco más de misericordia?