21/06/2026
Hay dolores que ninguna persona debería conocer.
Hay madres que cambiaron las fotografías familiares por fichas de búsqueda, los abrazos por largas jornadas bajo el sol y las celebraciones por la incertidumbre de no saber dónde están sus hijas e hijos.
Y aun así, además de cargar con la ausencia, muchas veces deben soportar el juicio de quienes se apresuran a decir: “seguro andaban en malos pasos”.
Como si una madre tuviera que demostrar que su hijo o su hija merece ser buscado.
Como si hubiera vidas que valieran menos.
Como si la desaparición fuera un castigo aceptable.
Nadie debería tener que ganarse el derecho a volver a casa.
Nadie debería desaparecer.
Las madres buscadoras hacen el trabajo que las autoridades no hacen. Con picos, palas y un amor que se niega a rendirse, recorren caminos que jamás debieron recorrer.
Y mientras existan personas desaparecidas, sus nombres seguirán siendo pronunciados.
Porque ninguna madre debería tener que buscar a sus hijxs.
Y porque ningún ser humano merece ser reducido a un rumor, un prejuicio o una excusa.
Hasta encontrarles.
Porque vivxs se los llevaron, y vivxs los queremos.
De Ailuro Chan