01/08/2026
Este jueves 30 de julio de 2026, miles de personas cruzaron a nado desde Marruecos hacia Ceuta. No por una grieta en la valla. No por un fallo tecnológico. Cruzaron porque alguien del otro lado decidió no detenerlos. Cruzaron porque la frontera no se rompió: se abrió. Y quien la abrió no fue un traficante de personas. Fue un Estado.
Marruecos, con su corrupto rey a la cabeza, emplea la migración como arma política de chantaje. Esta frase, que el analista Mn. Jaime Mercant Simó lanzó en sus redes, no es una hipótesis conspirativa. Es un hecho documentado por académicos, periodistas y organismos internacionales desde hace años. El Centro de Investigación de Políticas Internacionales (CIDOB) ya lo documentó en 2021: "Con la entrada irregular en Ceuta de más de 8.000 personas, el gobierno marroquí ha querido poner en evidencia qué pasaría si el gobierno español no contara con su cooperación en materia migratoria. Es un ejemplo más de cómo las migraciones se utilizan como arma política."
Lo que ocurrió este jueves no es una "crisis migratoria". Es una operación geopolítica. Es un mensaje escrito con cuerpos humanos.
I. La Escenografía del Caos
Los números son escalofriantes. Según la Guardia Civil, alrededor de 40.000 migrantes habrían accedido a Ceuta de manera irregular este jueves.
Al menos diez personas murieron en el intento.
Más de 60 habían fallecido en los últimos 12 meses.
Los centros de acogida están colapsados con una sobreocupación del 2.400% en menores.
Bares, comercios y restaurantes cerraron por miedo.
Pero la imagen más reveladora no es la de los migrantes cruzando. Es la de las autoridades marroquíes mirando hacia otro lado. Los sindicatos policiales españoles denunciaron sin ambigüedades: Marruecos "no está haciendo absolutamente nada" para impedir las entradas.
La colaboración marroquí fue descrita como "superficial" por fuentes de la Guardia Civil.
¿Por qué ahora? ¿Por qué en plenas celebraciones del 27º aniversario de la entronización del rey Mohamed VI?
La respuesta no está en Ceuta. Está en Madrid, en Argel, en Washington y en Jerusalén.
II. El Chantaje tiene Memoria
España cometió un error estratégico en 2022 que ahora paga con intereses. Pedro Sánchez, presionado por Marruecos, cambió la posición histórica española sobre el Sáhara Occidental y apoyó la propuesta marroquí de autonomía. Traicionó a los saharauis, abandonó el derecho internacional, y creyó que compraría paz con Rabat.
Compró sumisión.
El chantaje migratorio funciona así: Marruecos abre la válvula cuando España se desvía de sus intereses. La cerró en 2021 después de que Sánchez cedió sobre el Sáhara. Pero ahora, en 2026, algo cambió. España mejoró sus relaciones con Argelia —el enemigo regional de Marruecos— y eso no le gustó a Mohamed VI.
La respuesta fue inmediata: miles de jóvenes marroquíes dirigidos hacia la frontera, una puerta que se abre misteriosamente, una Gendarmería marroquí que "colabora" sin contener.
Como dijo el diputado Alberto Ibáñez: "La respuesta marroquí a la mejora de relaciones diplomáticas y comerciales con Argelia ha sido el chantaje, la intimidación y lanzar a cientos de personas con anhelos de bienestar contra Ceuta."
III. Los Aliados que Miran para Otro Lado
Marruecos no actúa solo. Es el principal aliado estratégico de Estados Unidos e Israel en el norte de África. Washington le vende armas, le reconoce la soberanía sobre el Sáhara, le protege en la ONU. Israel le suministra tecnología de vigilancia, le entrena fuerzas de seguridad, le respalda diplomáticamente. A cambio, Rabat normaliza relaciones con Tel Aviv, bloquea a los palestinos en foros árabes, y sirve como muro contra la migración africana hacia Europa.
Cuando la crisis estalló este jueves, la respuesta de la Casa Blanca fue insultante: atribuyeron la situación a las "políticas globalistas de extrema izquierda" de España.
No condenaron a Marruecos. No exigieron responsabilidades al rey Mohamed VI. No ofrecieron ayuda humanitaria. Culparon a las víctimas. Culparon a España por no ser suficientemente dura con los migrantes. Culparon a la "izquierda" por no militarizar suficientemente una frontera que, en realidad, fue abierta por su aliado marroquí.
Esta es la paradoja de la "alianza": Marruecos usa la migración como arma contra España, y Estados Unidos culpa a España por ser blanco.
IV. La Cobardía de la Derecha Española
Pero el silencio más ensordecedor no viene de Washington. Viene de Madrid.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, pidió "declarar la emergencia" y "recuperar el control de las fronteras".
Santiago Abascal, de Vox, calificó la situación de "invasión" y culpó a Pedro Sánchez.
Ninguno de los dos mencionó a Marruecos como enemigo. Ninguno exigió sanciones al rey Mohamed VI. Ninguno cuestionó por qué la Gendarmería marroquí, entrenada y equipada por España y la UE, de repente "no puede" contener a unos miles de jóvenes. Ninguno se atrevió a decir lo evidente: esto no es una crisis migratoria, es una agresión diplomática orquestada desde Rabat.
Porque Feijóo y Abascal, en su "fervoroso patriotismo", saben dónde están los límites. Saben que criticar a Marruecos implica criticar a Washington. Que criticar a Washington implica perder el apoyo de los think tanks, de los lobbies, de los fondos de campaña. Que criticar a Marruecos implica admitir que la política exterior española está secuestrada por intereses ajenos.
Prefieren atacar a Sánchez. Es más fácil. Es más barato. Es más seguro.