07/06/2026
Hoy 6 de junio se conmemora el Día Mundial del Paciente Trasplantado.
Hace casi 5 años que este día se volvió especial, por varias cosas.
Primera porque nunca imaginé que algún día iba a necesitar un par de pulmones “prestados” para poder seguir viviendo.
Con el paso del tiempo aprendí a ver todo por lo que me siento agradecida después de haber vivido una experiencia como esta y por absurdo que parezca agradezco como fueron y han sido las cosas hasta ahora.
Segundo porque desde hace algunos años no tenía idea alguna de lo que implica necesitar un trasplante y cada día que pasa voy descubriendo más y más cosas y me parece fascinante, increíble y maravilloso lo que hace la ciencia por preservar la vida.
Debo decir que no es un proceso simple y mucho menos sencillo, vivir con un trasplante implica muchos retos, pero sin duda alguna el agradecimiento y el poder honrar a esa persona y a su familia todos y cada uno de los días, vale absolutamente cada lágrima, cada desvelo, toda la incertidumbre, todo el estrés, todo el miedo, y desde luego el coraje que se necesita para aceptar vivir un proceso como este.
Para poder vivir un trasplante se necesita una cadena de situaciones que se van entrelazando poco a poco uno a uno hasta que, se cuentan, en mi caso 4 años y 6 meses después de pasar por una operación de ese tamaño.
Desde luego, esa cadena de situaciones se van dando porque se reúnen un montón de momentos coincidentes que hacen que el día de hoy esté escribiendo estas palabras.
Primero un diagnóstico, después, una correcta atención médica, después enfermeros, médicos, cirujanos, rehabilitadores, hospitales, familia, amigos, donante, sangre, transfusiones, días buenos, días difíciles, días más difíciles y días más buenos, más transfusiones, cuidados, AMOR, coincidencias, alegrías, tristezas, consecuencias, miedos, recuerdos, paciencia, pero sobre todo MÁS Y MÁS AMOR.
Todo esto para decir que sin ese donante, no habría trasplante y sin trasplante no habría paciente trasplantado.
GRACIAS VIDA POR PONER TODA LA LUZ EN MI CAMINO, POR TODO LO QUE HA PASADO TAL CUAL HA PASADO PORQUE ESTOY SEGURA DE QUE NO PUDO HABER SIDO DE OTRA MANERA.
Agradezco infinitamente a mis hermanas, mi mamá, mi papá (donde quiera que esté), mis amigos, mis médicos, al hospital, a las y los enfermeros que cuidan de mi siempre, y a todos y cada uno de los que oran y oraron por mi y por mi familia.
Y sobre todo GRACIAS A MI DONANTE, porque sin la generosidad de ella y su familia, yo claramente no estuviera aquí.