11/04/2026
𝗠𝗮𝗻𝘂𝗲𝗹 𝗠𝗼𝗹𝗶𝗻𝗮… 𝗺𝗲𝗺𝗼𝗿𝗶𝗮 𝘃𝗶𝘃𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗮𝗻𝘁𝗶𝗴𝘂𝗮 𝗛𝗮𝗰𝗶𝗲𝗻𝗱𝗮 𝗱𝗲 𝗟𝗮 𝗛𝗼𝗻𝗱𝗮.
Comenzó a trabajar siendo apenas un niño, en la década de los 40, en un tiempo en el que la hacienda ya no vivía su esplendor, pero seguía latiendo entre el trabajo diario y las manos de quienes la sostenían.
Su primer oficio fue como tecolero. Entre sus recuerdos, nos comparte una labor muy particular: cuando se trasquilaban las borregas, preparaba una mezcla de petróleo con ocote para curar las heridas de los animales que, durante el proceso, podían llegar a cortarse. Desde ahí, desde lo más sencillo, comenzaba su aprendizaje.
Con el tiempo, pasó a ser mozo en la casa grande, atendiendo a los dueños de la hacienda, la familia Elorduy.
También llegó a cuidar el ganado, reparar cercos y cumplir con diversas encomiendas.
Hoy, de aquella Hacienda de La Honda, queda poco: solo algunos vestigios de lo que fue.
Y es ahí donde testimonios como el de Manuel Molina nos permiten mirar más allá de lo evidente, entender que la historia no solo está en los muros, sino en las vidas que la hicieron posible.
𝗔𝗿𝗰𝗵𝗶𝘃𝗼 𝗠𝗢𝗥𝗟𝗔𝗘𝗦
𝗖𝘂𝘀𝘁𝗼𝗱𝗶𝗼 𝗱𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮 𝗵𝗶𝘀𝘁𝗼𝗿𝗶𝗮