20/05/2026
El Último Diablo Run y el Aliento de la Baja
10 Días de Leyenda y contando
A mis hermanos de Fortaleza 203 y a todos los que llevan el asfalto en la sangre:
Hoy se cumplen 10 días desde que dejé atrás casa. Diez amaneceres donde el único reloj ha sido el rugido del motor y la única brújula, la línea del horizonte. Ha sido un viaje de resistencia, de pura voluntad y de rendir tributo a lo que nos hace libres.
El camino nos puso a prueba desde el primer kilómetro. Trazamos la ruta hacia el Pacífico: Mazatlán, Los Mochis y el cruce por el calor implacable de Puerto Peñasco. De ahí, el norte nos exigió todo nuestro respeto. Atravesamos Mexicali para enfrentarnos a la legendaria Rumorosa; lidiar con esas curvas cerradas y sus vientos traicioneros aferrándome al manubrio de la moto, es de esas experiencias que te recuerdan de qué estás hecho. Superada la montaña, tocamos la frontera en Tijuana y descendí por la costa hasta Ensenada. Cada tramo era la preparación perfecta para el verdadero destino: San Felipe.
Llegar ahí no fue solo sumar kilómetros, fue acudir a una cita con la historia para presenciar el último El Diablo Run. Veinte años de tradición, de motores rugiendo frente al mar de Cortés, de hermandad en estado puro. Estar presente en su edición de despedida es un privilegio que se queda tatuado en el alma.
Pero la península de Baja California no se regala a nadie. Cruzamos paisajes de desierto infinito donde el sol te curte la piel, y libramos batallas contra esos vientos despiadados de "la Baja" que te golpean de lado en las rectas interminables.
El descenso al sur fue poesía pura tras la tormenta. Dejar San Felipe para rodar hacia Santa Rosalía, bañarnos en la calma absoluta de Playa Coyote, atravesar el oasis verde de Mulegé y finalmente tocar La Paz. Cada paisaje superaba al anterior, recordándome por qué elegimos esta vida de dos ruedas.
Hoy escribo estas líneas desde el puerto de Pichilingue, con la sal del mar en la chamarra, esperando el ferry que me cruzará de vuelta a Mazatlán para emprender el regreso a la Ciudad de México. Llevo la máquina llena de marcas del camino, pero el espíritu limpio. La Baja te cambia, te endurece y te regala kilómetros de vida que nadie te puede quitar.
Nos vemos pronto en el asfalto, hermanos.
Oscar Gaona Fortaleza 203.mc